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Que les cuento, hace tiempo ya que no tomaba una hoja y me daba por escribir. Estuve como apagado un tiempo, algo ausente. Casi no recuerdo lo que hice, pero ahora llueve, tengo los pies helados y me duele la cabeza, espero solo el final. Las sombras de mis manos ya me empiezan a dar miedo, seguramente moriré, como uno más en la calle, muerto de frío por no poder haber nunca vendido sus poemas a $200. Pero como este triste fin y como toda conclusión. Antes he tenido muchas aventuras y por supuesto amores con mujeres.





La mantequilla desatada




Seguía la lluvia en Santiago. Todo estaba inundado y pedazos de pastelones bajan en los torrentes, que ahora eran la calle. Yo venía muy feliz casi bailando mientras caminaba. Vi como rápidamente los caminos directos a mi casa se llenaban de agua, cambie de rumbo tantas veces que terminé algo lejos del recorrido común. La lluvia no paraba y yo por suerte andaba con un paraguas, pero era blando, de esos baratos. El viento sonaba por esas pequeñas callecitas, el agua sonaba llenándome todos los sentidos. De pronto algo me llamaba, una sensación pequeña intentando asimilar el cosmos. Sentimiento de desprotección, de no tener sonidos. Debe ser un perro. Miró hacía atrás, justo en esta fecha se oscurece más temprano. ¡Un san bernardo! Aaaaaaaaa, corro, corro, la lluvia me moja la cara, suelto el paraguas. Lo pierdo de vista. Seguramente se cansó y se fue. Pienso en el objeto perdido. ¿Ir a buscarlo o seguir el camino?, ser valiente o cobarde, ser cobarde. Unas cuadras más allá, solo me importa encontrar una calle que comunique con la mía sin tener que pasar por donde me persiguió el can. Pero definitivamente no hay. Es una especie de condominio grande. Nuevamente dicotomía, volver o saltar unas rajas. Opción cobarde, saltar la reja. Llegó a una reja que comunica con otro camino, que de seguro me lleva a mi casa. La subo penosamente, esta resbaloso, apenas la paso. Al otro lado se ven dos corridas de casas con una calle con autos al fondo. Camino hacía ella, en un costado algo me llama la atención. Una casa sin reja, muy lúgubre y pobre, como hundida en la tierra. Mientras las observo, apoyado en una orilla, hay tres tipos en actitud sospechosa. Uno me silva, me dice –Flaco- , miró hacia otro lado, y no escucho nada más tampoco nadie me agarra. Espero con el puño cerrado el momento de reventarlo con un cross directo al mentón. Pero no pasa nada, mi vista vuelve al rincón, pero ya no hay nadie, extraño. Recuerdo relatos de terror inmediatamente, porque de cierta forma me encanta el miedo, claro el controlado como a todos. Camino despacio, mientras siento como un escalofrío me llena la espalda y parte de la cadera, me siento profundamente observado y perseguido por algo. Sin embargo no quiero dar vuelta, llego a la calle, por ella transitan muchos autos enchulados. Veo el cartel donde tiene que decir la calle, pero esta rayado con sprite. Unos perros ladraban, andaban como tras una perra en leva; eran muchos. Por la calle transita una mujer muy linda y voluminosa. En realidad solo la note de espaldas, su culito. Le toco el hombro –Disculpe, señora-, se da vuelta y me muerde la mano, me agarró el pellejo de la parte superior de la palma izquierda. ¡Haaaaaaaaa!, ¡suéltame conchetumare!, le pegue 5 rectos a los dientes, hasta que se le cayeron los cuatro de adelante, después trato de morderme nuevamente, con la mano buena, le agarre la cabeza y le pegue un rodillazo en una teta, pero no dijo ni ¡ai!, a si que la asfixie con una llave de jujitsu. Llame a la ambulancia, y caí desmayado porque soy alaraco. Desperté en el hospital con el estomago agujereado. Me pusieron las antirrábicas.
Llegue a mi casa vi una película llamada REC, he imagine que se parecía a lo que me había pasado, y que si era así, yo me haría zombi, de un momento a otro. Me fui a ver al espejo para ver que tan zombi estaba. Pero nada, como siempre. Me tiré frente al televisor nuevamente, solo, sin nada en la vida más que ver TV, me duermo. Sueño puras cosas extrañas, sueños poéticamente infernales, paraísos de muerte, llenos de tripas y legumbres. Uestes semihumanas por los suelos y paredes de viejos tiempos de templos y hermosos valles, y todo esto como en tercera persona. Y sin sonido.

En la mañana me estiró, estoy amolado, me duele todo. Los gatos me maúllan, los gatos me salvaron en cierta forma, quizás a que lugares hubiese llegado el sueño. Les doy comida se la comen toda y piden más, la cosa esta mala y no tengo mucho dinero, estudie para profesor pero no soy nada de mas de unas pocas horas de reemplazos, vivo justo, trabajo poco. Los gatos son un lujo, el único lujo que me doy, tener gatos como un loco.
A bañarse, a no hacer nada después, sentado en la silla, sin un copete, ni un cigarro, ni una colilla.

Camino sin rumbo, por los semáforos en verde, trato de buscar algún sentido a la vida caminando como Forest Gum, pero nada. Las calles cambian, la gente. Sin darme cuenta he vuelto a la calle donde esta la casa hundida.

Texto agregado el 08-07-2008, y leído por 229 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
27-10-2008 Buen relato, muchas puertas se van abriendo al protagonista y encontrando personajes e historias que llevan a su desenlace. Muy bueno cesarjacobo
08-08-2008 Felicitaciones por este regreso a la/tu vida; muy buen aviso de embarque. El texto me pareció uno de aquellos relatos del mítico Poe, mezclados con un poco de la viscosidad que sabe imbiscuir entredientes el viejo buck; todo trenzado en un camino hilarante, que se alivia luego de imaginar weas como que te muerda un gato (puta el weon con mala cuea). pero en fin; me gustó bastante tu regreso junto con el mío. anduve más perdido que el sentido común de aquellas noches cuando escribíamos intervenciones entre una y otra y otra piscola. me gusta, como siempre (con ese hálito nihilista que siempre nos guió). Un gusto leer otro enmohecido puñado de sus letras, sr. el_rey
08-07-2008 En un lenguaje coloquialmente delicioso nos haces caminar por los laberintos caninos de tu imaginación. 5* ZEPOL
08-07-2008 Jaja, me reí mucho con tu historia. Primero, no creo que el perro haya sido un San Bernardo, el más tranquilo de los perros, pero como ya estaba oscureciendo, la equivocación es perdonable. Segundo, la opción cobarde: yo, personalmente, con el miedo que le tengo a los perros, hubiera temido mucho mas verme encerrada entre rejas con los perros del condominio. Uff, creo que era mas bien una opción desesperada. Bueno, seguí el recorrido sintiendo ese mismo escalofrió en la espalda, hasta el encuentro con la señora/perro, excelente sorpresa hilarante. Que bueno que te dio por escribir. neige
 
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