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Acabo de abrir los ojos. Esta frase es la primera que se me ocurre. Estoy sentada al borde de la ruta, pasan los camiones a toda velocidad haciendo un ruido infernal; la vida para la mayoría continúa como si no hubiera pasado nada.
Es que realmente no saben. O no quieren abrir los ojos .


Día uno-

Decidí escribir esto como un diario; es la mejor forma de ordenar mis ideas. Tengo que recordar hasta los mínimos detalles, todo es importante. Nadie me cree, no sé como probarlo…Tengo el televisor prendido en el canal de publicidad, y los vendedores que gritan como si quisieran taladrarnos el cerebro comienzan inocentemente a hacer su trabajo…los eligen a todos iguales, bastante comunes, mal vestidos. Con sus dientes enormes se presentan como si los conociéramos de toda la vida.
Así empezó todo. Con un aparato mágico que eliminaba las angustias. Una especie de anteojos de sol que al principio eran espantosos y con el tiempo se fueron refinando. Llegaron a ser hasta elegantes. Se usaban al principio sentándose en un cómodo sillón especial, que se reclinaba a gusto del cliente. Una vez ubicado se colocaba el aparato sobre los ojos cerrados, y se desataba una serie de sensaciones que lo elevaban a uno a un estado de felicidad parecido a la estupidez. Pero que se disolvían en cuanto uno salía del engendro.
Era carísimo. Imposible para un bolsillo común. Los afortunados que pudieron comprarlo fueron la mejor publicidad; se los veía con los ojos vidriosos, esperando con ansias el momento de volver a sus casas para conectarse a la máquina. Los fabricantes notaron con rapidez la mina de oro que sería hacerlo portátil, y así crearon los nuevos modelos, diferentes de unos lentes comunes por las patillas, un poco más gruesas. Entonces comenzaron a aparecer los zombies. Se los llamaba así por la falta absoluta de respuesta a todo estímulo del entorno; cruzaban las calles como autómatas, sin reparar en los bocinazos, con un semblante de completa felicidad. Siempre me resistí a todo lo que se imponía de forma masiva, al principio me pasó con los celulares, todos me decían que me compre uno, y mientras pude me mantuve virgen; pero esto me daba escalofríos.
Está comenzando a oscurecer; voy a hacer dedo a ver si alguno me lleva, tengo miedo de subir a un micro, ya me deben haber reportado. El frío está pegando fuerte, pero es bueno sentirlo; es bueno sentir frio, miedo, angustia. Me alivia. Me hace sentir humana.

Día dos-

Pude subir a un camión de reparto que va para San Bernardo. Son las seis de la mañana y escribo casi a oscuras. En la radio se escucha una canción vieja, de los ochenta; me permito bajar la guardia un rato para recordar los bailes del secundario, las cosas que me parecían terribles, el olor de los jazmines cerca del colegio, la plaza Rosales, la iglesia San Gabriel. Parece tan lejano todo.
Ya se puede sentir el mar en el aire; en las banquinas hay juncos y arena.
Lo de ir para la costa fue un reflejo; pasé siempre las vacaciones allá, y en esta época casi no hay gente. Tengo la esperanza de que no me encuentren, o por lo menos, de poder terminar de escribir y transmitir mi mensaje de alguna manera.
Rápidamente las autoridades notaron lo peligroso de usar el “ Vacation” (así se llamaba el aparato) en la calle. Fue prohibido su uso fuera de las casas. Pero también vieron lo conveniente que podía llegar a ser.
Se implementó un mecanismo masivo en los cines; las pruebas se comenzaron a hacer de incógnito, usualmente después de alguna película traumática. Se proyectaban videos sin sentido, sólo con colores y sonidos suaves, con el agregado de aparatos de perfumes en las salas. La gente salía como si hubiese visto Bambi.
No hay nada mejor para un gobernante que un pueblo dócil. Y así quedaban todos los pasaban por la experiencia.
Estamos llegando a San Bernardo, voy a bajarme en la plaza y tratar de perderme rápido entre las calles.

Día tres-

Estoy adentro de casa. Bendita calle Gutiérrez.
Nunca pensé que iba a sentir tanto miedo. Compré algo de comer en el súper, no hablé con nadie, no saludé a nadie. Hasta la lucha de siempre para prender el calefón me hace feliz. Desearía que todos mis problemas sean de ese estilo.
Ahora que estoy acá no se que hacer. Voy a intentar dormir un poco, estoy agotada.

Día cuatro-

Me desperté con el corazón latiendo a mil. Son las cuatro de la mañana, y lamentablemente mis notas me confirman que esto no es una pesadilla.
Tengo que apurarme y terminar de escribir.
Después del experimento en los cines, y el alboroto general cuando se descubrió, las cosas se calmaron; una información tapó a la otra, y a la larga, el que iba al cine sabía a que se exponía.
Mis días entonces continuaron como siempre, levantándome temprano para ir al trabajo, desayunando rápido, subiendo a un subte que revienta de gente. Discutiendo en la oficina, tapada de papeles, volviendo a casa por la noche.
Un día, que decidí llamar el último día, tengo la mala suerte (o buena, no sé) de quedarme dormida. Escucho la radio, que se prende de forma automática. Me levanto tropezando con el camisón largo y antiguo que uso, recuerdo de mi casamiento, y golpeo terriblemente un dedo de mi pié contra la pata de la cama. Como una tonta me siento en el borde de la cama, mirando mi dedo quebrado, en una posición imposible…y no siento ningún dolor. Y ahí caigo en la cuenta, de mi rutina sin sobresaltos, mis discusiones sin enojos, la falta absoluta de quejas mientras viajamos como sardinas enlatadas…los últimos meses en los que no sentí miedo, ni angustias, ni sobresaltos.
Y la radio sigue prendida, y cuando no es la radio es la tele. Siempre. En casa, en el subte, en el trabajo. Aprendieron como dominarnos sin levantar un dedo.
Pero todavía no lograron controlar algunas mentes, que como la mía, frente a algún estímulo se “despiertan”.
Fue inútil tratar de hablar con los demás. Se ríen. Tengo la esperanza de encontrar alguno que como yo haya podido salir del influjo .¿Y después que?. Tampoco sé si esto es solamente en el país. Los gobernantes, mirándolos bien, se notan muy distendidos.
Y de los Estados Unidos llegan cada vez más productos nuevos. Casualmente, estoy probando una gaseosa que supera ampliamente a todas las que tomé hasta ahora.-



Texto agregado el 14-06-2008, y leído por 281 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
15-06-2008 y yo que pensé que era paranoico... estoy contigo... 5* sergio_vizcarra
 
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