LA NAVIDAD DE PERLITA.
Susana esperaba a su esposo que llegara del trabajo, en la noche de navidad. Se sentó en la sala y su mirada se perdió mientras observaba las luces del nacimiento.
Eran azules, Rojas y verdes, se prendían en el mismo orden poco a poco y al final todas al mismo tiempo lanzaban destellos alegres. El nacimiento era bonito, ella lo observaba detenidamente, era un pequeño jardín de pasto verde, lleno de animalitos, pastores y los reyes magos cargados de regalos. En una colina se hallaba el pesebre: la virgen Maria, san José y los ángeles esperando el nacimiento de Jesús. Aun lado el árbol se levantaba majestuoso, color plateado, con mil luces, esferas y figuritas de ángeles y esa tenue música que salía del fondo de la representación.
Ella tenía un aire de melancolía, abrazo a su pequeña hija, perlita, la niña vestida de rosa y sus calcetas blancas, un par de coletas graciosas, tenía la mirada fija y perdida en el árbol.
El sonido de la llave crujió en la puerta. Era Josué que llegaba del trabajo su aspecto era sombrío, dio un beso a Susana en la frente y a la pequeña, apenas y la miro de reojo al pasar frente al sillón de la sala.
Susana calentó la cena y mientras Josué se bañaba, vistió a la niña, mientras lo hacia las lagrimas resbalaban por sus mejillas, terminó de peinarla y la sentó en su sillita para cenar los tres en familia.
En silencio cenaron y brindaron, mas no había rastros de alegrías en sus rostros, la niña inmóvil tampoco reía, no había expresión en su rostro pálido. Llego las 12 de la noche y Susana y Josué se fundieron en un abrazo, se tomaron de las manos, dándose besos y llorando juntos.
Ella se separo de el para tomar a su hija, la apretó contra si y la llevo junto a su Josué para que la nena recibiera el abrazo de su papá, pero este apenas y deposito un suave beso en la frente.
Susana llevo a perlita al árbol para que destapara su regalo, pero la niña inmóvil pese a la hermosa muñeca que su madre le presentaba seguía impasible. Se fueron a dormir. Susana insistió en que la niña durmiera con ellos, Josué a regañadientes tuvo que permitirlo. No le agradaba que la niña estuviera ahí entre ellos.
El sueño de Susana era intranquilo, solo veía entre imágenes borrosas y fantasmagóricas correr a perlita por el jardín de la casa, se dispuso a lavar los trastes, pasó mucho tiempo, estaba tan sumida en lo que hacia que no se percato que ya tenia mucho tiempo de no escuchar la voz de su hijita, salió a buscarla y no apareció en toda la tarde.
Estaba en el fondo de la alberca que se hallaba en la parte trasera, flotando.
Josué estaba loco de dolor y Susana no quiso velorio ni entierro, nadie tenía porque enterarse de lo ocurrido a perlita, disecó el cuerpo de su hija pese al espanto de Josué.
Diez años y la casa de perla se convirtió en una pequeña vitrina en el cuarto de sus padres.
Susana despertó sudando copiosamente y tomo el cuerpo de su hija devolviéndolo a su lugar, cerrando la vitrina con llave ante el alivio de Josué, que no soportaba vivir con el cadáver convertido en muñeca de su hija.
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