Suficiente fue el plazo que embargó tantas noches, tantos días; donde mis ojos oceánicos titubeaban cuando la anestesia de cartón cumplía su efecto y un huraco en mi pecho amenazaba en cada vereda que me veía pasar.
Una especie de gárgara exaltada se apoderaba de mi garganta y hacía eco en mi mirada acuática. Un arnés me despojaba del vínculo y así yacía mi alma, entre dosis reintegrativas, de tiempos y espacios, que no lograba atravesar.
Un envión arpegiado rozó mi armonía y sucumbió mi sangre. De a poco las horas de luna dejaban de apuñalar mis latidos, de tajear los fraseos desolados en mis venas, de apabullarme con esa palabra que gritaba la noche “ABANDONO”, con un alarido ardiente, ácido e interminable.
Fue necesario conectarme con mi peor pesadilla, sin sustancias alucinógenas, alcoholes o humos desconectadores, para que no causen esos efectos colaterales y concentrarme sólo en lo que padecía, “la realidad misma”, para liberarme al fin, sin evadir lo que debía transitar, así, sin anestesias de ningún tipo.
Luego... llegó mi canto, renació mi voz y floreció mi espíritu.
)-(
|