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La veìa pasar cada tarde .Le gustaba mirarla, la devoraba con la mirada. Nunca se detuvo a pensar como la miraba, sòlo observaba como ella se incomodaba y se inquietaba con su forma de mirarla. Ella era su obsesión, su gran pasión, pero sobre todo, su gran dolor. Verla todos los días era un lenitivo para su tortuosa alma, aire puro para sus pulmones, viento fresco en el desierto, su refugio en días de tormenta. Sus amigos se reìan de èl, se daban golpes de pecho cada vez el la miraba, decían que su cara parecía un bombillo cuando la miraba, que sus ojos se tornaban claros como la luz del alba, que su corazón parecía un tambor y todos lo escuchaban, que hasta Adonis parecía, cuando ella pasaba. Era tan obvio?
Si…. Ella era lo único limpio en su mundo maldito. El era el “Jefe” y amaba a sus amigos de barriada. Por eso, cuando ellos se burlaban de èl, se hacia el loco…. Igual era la pura verdad y no le importaba que ellos, su familia, supieran que èl a ella en silencio la amaba.
Pero también a veces la odiaba, mucho la odiaba, la odiaba por que para ella èl no existìa, èl era escoria, reducto de la sociedad en la que vivìa, era del bajo mundo con amigos poco recomendables, un tipo peligroso. Es que acaso las personas como èl no podía amar?, no podían ser limpios de corazón? acaso el amor sòlo està permitido a personas que la dichosa sociedad tache como “buen tipo”, “buena gente”…..Por todo eso la odiaba; porquè sin saberlo, le había robado su corazón y no tenía forma ni ganas de recuperarlo. Ella lo ignoraba, en su mundo èl no existía, peor aùn…. Le tenía miedo. Su gran dolor… ella le tenía miedo. Lo pudo ver una tarde cuando al pasar a su lado le dijo: “Hola”, y al levantar su cabeza, sus ojos negros lo miraron directo a los suyos, desafiantes, alerta, como un gato erizado para saltar y arañar al primer contacto. Le tenía miedo, su sola presencia le aterraba, pudo sentirlo y le dolió en lo màs profundo, su corazón dejo de latir, perdió el ritmo. Aquel dìa se esfumò toda esperanza, aquel dìa murió un poco…… No, quizás aquel dìa murió del todo. Aquel dìa decidió que no siendo de èl, mientras viviera, tampoco de nadie. A partir de ese dìa su barriada dejò de burlarse. Ella siempre estaría lejana, pequeña, hermosa y frágil…. Y èl seguirìa siendo “El Jefe” , peligroso y matòn a sueldo; pero aùn asì, continuò con su ritual…. La veìa pasar cada tarde.
Muriò en su ley. Lo encontraron una noche estrellada, la policía dijo que quizás antes de morir tuvo algo de tiempo, porque lo encontraron recostado contra un árbol, de cara al cielo, entre sus manos un pequeño libro y en sus labios….una sonrisa leve.
Una tarde mientras regresaba a casa, la hermana de èl le entregò aquel pequeño libro. “Era para ti, su pequeño tesoro”, ha muerto, le dijo. Poesìas de amor, corazones entrelazados con sus nombres, un “Te amo” repetido, y mucho dolor y amor, era el contenido de aquel pequeño libro.

Extrañarìa a aquel que la amo hasta la muerte sin pedir nada a cambio, que la veìa pasar cada tarde.

Texto agregado el 17-02-2008, y leído por 108 visitantes. (0 votos)


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