Narciso, aquel bebé, hijo de la ninfa Liríope, que al nacer asombró a todos por su apariencia física creció atrayendo las miradas de todos los que lo rodeaban. Era la cosa más increíble, nadie, pero nadie, podía escapar de mirar al llamativo joven. Sin embargo, el mismo no se podía mirar, porque sería su perdición, como así lo predijo el adivino Tiresias.
Narciso vivía consumido dentro de sí, parecía que no existiese ningún otro mundo para él, que el propio. Se la pasaba caminando por aquí y por allá.
Un día Narciso, en uno de sus tantos paseos, llegó a una cueva, en la cual habitaba la ninfa eco (de la cual ya todos conocemos sus historia, si no, otro de se las contaré). Eco al verlo, quedó cruelmente hechizada por el joven, que ni se percató de la presencia de la ninfa.
Narciso comenzó a frecuentar la cueva, y sólo él sabría ¿por qué? Eco le seguía siempre, como si estuviese atada a una soga jalada por él. Un día, mientras lo seguía, la ninfa pisó una diminuta rama, aunque eso no evitó que su sonido fuese escuchado por el joven. Al instante, Narciso se volteó y preguntó: ¿qué haces aquí? ¿Por qué me sigues? No obtuvo respuesta alguna, y mientras la ninfa iba cayendo casi desmayada, sólo se escuchaba: hache, aquí, aquí... sigues, sigues, sigues... Entonces Narciso salió de la cueva como si nada.
Al tiempo, mientras daba otro de sus paseos (perturbado aún por el suceso en la cueva), ensimismado con sus pensamientos, perdió la cuenta del tiempo y alargó su camino hasta desconocerlo. Estaba cansado y sediento. Buscó algún lugar donde hubiese agua, hasta que dio con un pequeño riachuelo de aguas cristalinas. Cuando se acercó para beber, se vio reflejado en la superficie del agua. ¡Por Zeus! ¿Qué fue aquella imagen que vio? ¡Era la criatura más aterradora que él jamás había visto! ¡Era horrible! ¡Toda su vida creyó que era el hombre más hermoso sobre toda la tierra! Entonces sumido en llanto, corrió, corrió y corrió.
Desde entonces nadie volvió a saber nada de él. Algunos dicen que su desesperación y decepción fue tan grande, que se perdió entre la oscuridad de los bosques. Otros que se fue en búsqueda de algún ser más espantoso que él. Y unos pocos, muy pocos, aprendieron de su historia. Y estos pocos fueron quienes descubrieron el otro la do de la belleza, la otra belleza, la belleza del corazón. |