La noche eclipsada.
“Dicen que si miras detenidamente,
el fondo de un vaso con detenimiento,
se puede ver como se dibujan,
imágenes de nuestro incierto futuro.
También, que una noche,
en el palacio de Moctezuma,
en pleno apogeo del imperio azteca,
varios ciudadanos vieron el Apocalipsis,
reflejado en sus copas.
Al otro día, el día se convirtió en noche,
los aztecas, creyeron que el final se aproximaba,
ya no existían ofrendas para saciar,
la ira de sus dioses.
La histeria colectiva de los aztecas,
hizo que se creyera, que la ceguera que se produjo,
en muchos ciudadanos, se debía a un castigo divino,
y no a la lesión de sus retinas, durante un eclipse.”
Y una noche, naufragando de mi impulsividad,
me encontré creyendo ver cosas en mi copa,
que a la deriva de mis pies,
no fueron más que realidad.
Primero, se esfumo mi voz,
después me enferme de bares,
hasta aparecieron guardianas,
de una dama conocida.
Vergüenza causo a la luna,
la protectora de pelo platinado,
que esta se oculto,
eclipsada por sus ojos verdes.
Y así la noche perdió su luz,
su magia,
para que un minúsculo humano como yo,
cayera a las fauces de sus artimañas.
Ojos de serpiente,
mirada de medusa,
cedí en la noche,
para convertirme en piedra.
Tus ojos bastan para detener mil palabras,
para silenciar mi boca incauta,
para detener la sed de mis nadas,
y perder, el equilibrio de mis seguridades.
Sin embargo,
Ojos, vulgares espejos de amor,
de odio,
de rechazo y aceptación.
¿Bastaran estas pequeñas letras,
que en su fuga organizada,
formaron estas líneas,
para que nos volvamos a ver?
Esa,
será respuesta,
que corresponda develar,
a mi noche eclipsada.
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