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Inicio / Cuenteros Locales / Marquitox / Eclosión hacia la esencia

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El hombre parecía irse adaptando a ese particular nuevo devenir, había sucedido no tantas veces pero de todos modos se empezó a sentir familiarizado. El cielo se abría celeste ante sus ojos, ese cielo que parecía tan común, tan sabido empíricamente y sin embargo, ante sus ojos, se mostraba nuevo, brillante, como si fuera la primera vez que sus párpados se despegaran. Comenzó caminando lento en un principio, como era de esperarse, mas luego los pies se confiaron y lo llevaron libre y en paz. Su sonrisa, de apariencia un tanto cretina, se fue tornasolando a algo más sentido, más real. Era predecible esto, ese mundo nuevo era el excelso generador de buenos sentimientos, demasiado improbable que una cara resistiera por mucho tiempo a mostrarse infeliz. Y sobre esto, la probabilidad y la posibilidad, mucho he tenido que ver y sufrir para diferenciarlas, tajándome meses enteros los pensamientos para ordenarlos correctamente, superar las penumbras de lo vagamente conocido y adentrar un poco más la cabeza al mundo inteligible, o si se quiere al de los conceptos, apuntarme y dispararme hacía algo que sea más fácil de entender. Y no caigo en paradojas, pero es precisamente allí donde encuentro una verdad universal: para entender las ideas es necesario y hasta obligatorio desentenderse de las ideas, criticarlas y destriparlas, colgarlas en un tendedero y sentarse a observarlas mecerse con la brisa. Pero no es mi turno ni intento explicar ello, en consiguiente solo dejaré lo antes escrito pues para avanzar sobre toda esta tramoya, que ya toma pinta de ensayo, no es tan relevante.

El cielo se abría y eso era seguro, se hinchaba gustoso y generalizaba todo, ayudaba a sus observadores allí debajo a tranquilizarse. Su fuerza celeste que refulgía victoriosa soslayaba solapadamente historias de platino, cuentos infinitos hechos de aire y brisa. Le fue sencillo hacerlo (refulgir así), pues si bien en un principio se sintió inseguro (sentir que expresó en un tímido crepúsculo), sabía también que era inevitable que el tiempo lo convirtiera en un intenso dios sobre la tierra. La calidad de deidad lo inquietaba, hasta angustiaba a las pasajeras nubes que rompían lluvias de expectativas, más el tiempo cumplió su designio y construyó con su pasar un cielo fuerte, adulto y soberano, capaz de llenar y vaciar corazones como quién abre o cierra una canilla.

El tiempo siempre era hábil para estos tratamientos, por supuesto que eterno era su trabajo y la continuidad lo había elevado a un status de perfecto evolucionador. Y ahí se observa, especificándose el tiempo por el tiempo, como el cielo o el hombre que lo ve, como las ideas que se mecen enseñándose hacia nosotros, sabiéndolas solo cuando nos hablan, solo cuando todo naturaleza alrededor se decide a mostrarse, claro que hay que estar preparado, claro que el evolucionador tiene que tratarnos, pero estando allí, con aire calido y celeste refulgiendo la vida es más fácil. Y se hace una cadena constante, la pierna izquierda que chamulla a la derecha para que avance, la derecha que acepta y le hace la contrapropuesta, y ambas, en sincronía y acción, dirigiendo a sus pies que ya se están confiando, llevando el cuerpo de a poco creyente del hombre hacía mundo nuevo donde verde, donde nubes y verde, mundo donde giran en armonía conceptos infinitos tan claros como el agua, como esa agua que baila ansiosa pero segura sobre el río que el hombre ya se encuentra corriendo de tan familiarizado que está.

La esfera perfecta los contiene, armonizando sus estadios. Aplica todo su saber para equilibrar las batallas que dentro se suceden, yuxtaponiendo tiempo y espacio, haciéndolos funcionar y regalándoles en compensación millones de entes para que jueguen. Entonces así la vida, entonces así hombre y cielo y lo que resulta de ellos, determinados siempre por tiempo y espacio.

Yo lo veo en lo efímero, atajo la esencia que vuela de ello y sonrío. Veo al hombre que también sonríe mientras corre allá por el río. Veo al cielo que soñó desde siempre al hombre sonreír, mostrando su inmanente alegría con lluvia de pasajeras. Veo al tiempo orgulloso de haber criado semejante cielo, tremendo ser tan lleno de belleza como de sabiduría. Veo la esfera todo, todo que funciona en este mi mundo, y allá cerca de la puerta veo a otros entrar también, temerosos en un principio, claro que sí, pero sus pies ya se están confiando.

Texto agregado el 05-10-2007, y leído por 139 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
17-03-2008 erratas de tipeo: donde dice intesección, es intersección! júa suymel
17-03-2008 Caray, que mis pupilas no dejaban de leerte, que tan atrapante y su vocabulario tan aficionado... me encata cada párrafo, su descripción de naturaleza y la intesección con los sonidos, con las razones que todo en conjunto te llevan a esta estampa tan bien marcada. Excelente marquitox, definitivamente eres para esto, deposita tu arte en las letras que nos harás muy bien a todos!!!! ¿Qué más quieres Adán?..jejje.. nos vemos pronto y te dejo mis besosos con sus *'s )-( suymel
06-01-2008 Muy bien... exacto mundo o inexacto quizás... tiene un sentido filosófico y eso me atrae... Exelentemente escrito. Un abrazo y millones de estrellas iluminadas para "eclosión hacia la esencia"... Francisca Sofía amal
 
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