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MENISCOPATIA

Deben haber pocas cosas en la vida más desagradables que estar en un hospital y mas aun si debes quedarte ahí, así fue como el día de operarme llego, mi rodilla lo necesitaba desde hace tiempo, desde aquel día en que me entraron fuertísimo contra ella en aquel partido de fútbol, si aquel tipo supiera todo lo que me causo por aquella irresponsable jugada. Pero bueno eso ya es historia. Ahora estoy entrando al hospital por fin se cumple algo tan esperado. Mi día comenzó no muy normal, la noche anterior habíamos salido con mis amigos a celebrar la titulacion de Álvaro, algo irresponsable, pero eso no me lo hubiera perdido ni aunque al día siguiente me hubiera operado del cerebro, esa es una instancia muy esperada por mi y por lo tanto también exigiré lo mismo de mis amigos. Carreteamos de corrido hasta las 8 de la mañana. La ultima indicación del medico antes de la operación fue ir en ayunas por lo menos 12 horas antes. Desperté con la boca mas seca en mucho tiempo, y desorientado totalmente. Toda mi pieza olía a alcohol. Yo olía a alcohol. La pieza de mi mama y mi amigo que estaba en ella, olían a alcohol. Y lo peor era que ya eran las 11 y mi última comida debía ser a las 9. Como pude levante a los demás, los fui a dejar, comí y me volví a acostar. Desperté a las 4, dos horas antes de la operación. Arregle las pocas cosas que debía llevar y las metí en un mochila. Camino a la clínica podía oler mi propio hálito. Me seguía como nube persistente. Al llegar al mesón me registro. Me preguntan si habitación individual o simple. Individual, no quiero tener conversaciones forzadas ni silencios incómodos. Entro en la habitación y no esta nada mal. Mejor que muchos moteles a los cuales he ido. Detrás mió casi como mi sombra entra una enfermera. Es mayor, y muy amable por cierto. Me saluda y me dice su nombre. No lo recuerdo, no me importa. Luego y sin mediar mayor ambientación me pide que me quite toda la ropa y que me ponga una especie de camisa o manta. Apenas la veo se que me quedara como minifalda. Pareciera que ellos saben ponerte de inmediato en un ambiente adverso, como para dejar en claro que ellos mandan aquí. Voy al baño y me cambio. Me veo peor de lo que pensaba. Siento algo de frió y las cosas cuelgan bajo mi bata. Al salir del baño ya no esta tan solo la enfermera, también ha llegado mi hermana, mi tía y mi prima. Me dice que debo acostarme. Como puedo me subo a la cama tratando de que no se me abra esta diminuta camisa que llevo encima. Lo logro y por fin me puedo relajar un poco. Juego con el control de la cama. La subo de los pies, la bajo de la cabeza. Ellas conversan y yo veo el televisor. Cuando me disponía a ver un programa en televisión llega un grupo de cuatro enfermeras. Me toman la presión, la temperatura y me hacen muchas preguntas. Entre ellas si había hecho el ayuno necesario. Sin pensarlo contesto que si. Miento. Además hablaba casi hacia adentro con tal de que no me fuera a notar el hálito a alcohol. Anotan los datos y se van. Ya se acercaba la hora de la operación. No habían pasado cinco minutos y aparece otra enfermera. Viene a depilar mi rodilla. Me destapa, me toma la pierna. Como puedo trato de cubrirme la entrepierna y afirmar la delgada camisa. Con una maquina me deja muy suave. Limpia todo y se va. Me recuesto nuevamente, me da sueño, casi dormito. Quiero estar solo, quiero que todo pase pronto. Se abre la puerta nuevamente. Un camillero trae una silla de ruedas. El momento llego. Sin muchas ganas debo subirme. Con una manta sobre mis piernas me pasea a lo largo del pasillo de la clínica. La imagen debe haber sido patética. Esperando el ascensor la gente nos da la preferencia, debo verme muy enfermo seguramente. Bajamos tres pisos y llegamos a los pabellones quirúrgicos. Me llevan hasta una sala de espera. Una enfermera vuelve a realizarme las mismas preguntas que la anterior, parece que todas están obstinadas en que confiese mi desidia y descuido antes de la operación. Contesto nuevamente lo mismo. Me ponen junto a otros dos que esperan operarse al igual que yo. Uno de cadera ya mayor y otro de una rinoplastia menor que yo. Este último se pone junto a mi y me habla algo. Me cuenta que se operara luego de un golpe que le desvió la nariz. Realmente la tiene desviada, parece un boxeador. Dice que le aprovecharan de afinar la nariz. Se emociona con los tecnicismos y se larga en conversación. Luego de un par de minutos le digo que debo ir al baño, no tengo ganas de ir pero no quiero seguir escuchándolo. Entro con la camisa es todo mas facil. Una vez fuera me llaman para partir a la operación. Me sientan en la silla nuevamente y partimos al pabellón. Entro y me reciben dos enfermeras y un asistente. Escuchan música, se ve un ambiente distendido. Me saludan y me suben a la camilla. Casi de inmediato comienzan a llenarme de cables y mangueras. Me monitorean. Veo mis latidos y mi presión. Me dicen que va a doler un poco cuando me inyecten el líquido que pone la enfermera en mi catéter. Preguntan si me dolió. Yo digo que no, pero la verdad es que dolió bastante. Pero lo peor estaba aun por venir. Se acerca una mujer, me dice que es la anestesióloga y que debe ponerme una anestesia que me va a inmovilizar de la cintura hacia abajo. La anestesia la inyecta en la columna. Me pide que me ponga en posición fetal. Siento frió, me descubre la espalda, por primera vez dentro de todo el proceso tengo miedo. Pienso que va a doler, o que algo podría salir mal. Me piden que me curve aun más y que no me mueva. Llevo mis rodillas al pecho. Estoy nervioso. De pronto siento algo frió y doy un movimiento brusco. La enfermera me pide disculpa por no haberme avisado que me desinfectaría y que el algodón estaba frió. Pido que me avisen en el momento justo en el que me vayan a inyectar, no quiero moverme, no quiero que algo salga mal. Lo hacen, siento el pinchazo y como la aguja entra en mi, me dan vuelta y casi enseguida dejo de sentir mis piernas. Llega el medico, me saluda. Veo a las demás personas mirarme por encima, es como si una cámara estuviera puesta en el piso y todos te miraran desde arriba. Preguntan si siento algo. Contesto que no y comienza la operación. La veo en un monitor y todo el proceso es totalmente incruento. Casi me divierto viendo todo el procedimiento. Cortan, desgastan, revisan y reparan. Todo listo y a cerrar. Ha sido un éxito, dicen. Salgo y me llevan a recuperación. Nada de dolor. Me dicen que apenas mueva las piernas podré irme a mi habitación. En tiempo record lo logro. Consigo moverlas, las enfermeras se muestran satisfechas y me dejan ir. Una vez en mi habitación me encuentro solo, todos se han ido, es tarde. Leo Moby Dick, luego a Enrique Linh, trato de escribir estas palabras.
Apago la luz. Miro por mi ventana las luces de la ciudad, trato de reconocer calles, no lo consigo. Me apoyo en la almohada y casi cerrando los ojos juego a ver las luces con puntas destellantes, muevo mi cabeza y juego con ellas. Me siento solo, pero no quiero estar en otro lugar, más bien quisiera que alguien estuviera ahí, que me visitara y me hiciera dormir.

Texto agregado el 30-08-2007, y leído por 1243 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
30-08-2007 Pero te hice dormir al día siguiente... y me hubiese gustado seguirlo haciendo....pero las cosas son como son y ahora lo entiendo...ya lo lograste y tu rodilla está mejor, aunque no ayudamos mucho en ese proceso....saludos!! nuevaluna
30-08-2007 Pobrecito... me hubiese gustado estar ahí y hacerte dormir... se aunque en menor grado lo que se siente y lo que se necesita.. besos!!, y ya todo paso.. angek
 
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