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Inicio / Cuenteros Locales / elazuldelanoche / LA COLECCIÓN -ATRAVÉS DE TU MIRADA

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Han pasado casi sesenta días desde que me fui, se que no has querido hablar con nadie. Por primera vez has olvidado tus pasiones, la pluma parece tan prescindible y la actuación tan fingida que te has olvidado hasta de comer. ¡Amor todo pasará!, no sé cuando pero todo pasará y... prometo que será mejor que antes porque ya no estaré para interponerme entre tu y tus pasiones y... esperare paciente por ti.

Te veo triste caminar hacía nuestro ropero, te siento más triste con cada pieza de ropa que vas sacando, has pasado aquí más de medio día y el vestido, el blanco, el que no es largo, ni llamativo para nadie más que para ti y para mi, el de nuestra boda el que ahora te hace odiarme, tus ojos claros se han vuelto a perder entre el agua salada de nuestras lagrimas. Sabía que lo harías, que juntarías todas mis cosas, todas, para quemarlas por eso he dejado una nota en el vestido, el de nuestra boda para cuando las lágrimas te permitan verlo.

La noche te ha sorprendido recordando aquel día en que nos dijimos si, el día que nos aceptamos sin más testigos que nuestro amor y abrazando nuestro vestido el sueño te ha vencido. De la misma forma has despertado, ¡abrazando nuestro vestido! Mis lindos ojos cansados, los tuyos, se encuentran con un hoja de papel blanco que ocupa apenas un pedazo de espacio de la gran hoja que he dejado y los trazos de las letras de mi mano izquierda te vuelven a inundar en llanto: Amor yo también recuerdo el día de nuestra boda, por eso son las primeras líneas que quiero que leas cuando recibas, a pesar de mi ausencia, el ultimo regalo que te puedo dar, prende la computadora, en el archivo de: Mis documentos /Nuestros mejores momentos, nuestros recuerdos eso es lo que se me ha antojado toda la vida coleccionar, he pasado años escribiéndolos para ti /Nuestra boda.

También encontraras el resto de mi colección, sabes no quiero que me quemes pero si lo haces lo puedo entender solo he querido que sepas que mi historia completa cabe en la tuya por eso dejo el resto de la hoja en blanco para que termines de escribir la tuya. Te amo a ti y no a toda la gente.

Mis documentos /Nuestros mejores momentos, nuestros recuerdos eso es lo que se me ha antojado toda la vida coleccionar, he pasado años escribiéndolos para ti /Nuestra boda:

Enero primero de dos mil siete. Es un día gris pero... ¡que importa si amanecí en tus brazos!, es la segunda vez que estamos juntos para darle la bienvenida a un nuevo año y este es mejor porque decidimos celebrarlo solos, no como el año pasado que tu familia y la mía nos jodieron desde el primer día del año. Estas apunto de sentarte frente a la computadora por eso he decidido que hagamos el amor, porque cuando lo hacemos no puedes negarme nada.

Y efectivamente no has podido, no te ha quedado mas remedio que aceptar mis frivolidades y acompañarme a caminar por las plazas comerciales y soportar que ni siquiera entremos al cine aunque después, me veo discutiendo contigo sobre la no contemplada posibilidad de entrar al cine. El aparador de una tienda ha colocado un vestido blanco y ordinario que ha robado mi atención, nunca me ha gustado vestir de blanco pero ¡ese vestido!, me gusta quiero que sea mío, te tomo de la mano y te jalo, tu voz me jode diciendo “te estoy hablando”, ¡oh perdón! discutimos después. Te has molestado tanto, yo tan dispersa como de costumbre me pruebo el vestido y te digo como si nada pasará, porque nada pasa, que opinas y entonces habla tu enojo solo para decir que se me ve mal y que además está carísimo. Es justo aquí cuando entra mi orgullo..., ¿a sí?, pues que bien porque, a mi me gusta y me lo llevo.

Caminamos al auto sin intercambiar palabra alguna, yo con mi vestido blanco metido en una bolsa que sostiene mi mano derecha, en ese momento ambos pensamos que el día ha terminado. Ambos hemos olvidado que soy voluble. Llegamos a nuestra casa, me estoy bajando del coche y me dices de manera indiferente que solo has ido a dejarme, que tu vas a ir a ver a tus padres. Habías prometido que hoy estarías todo el día conmigo, quiero reprochártelo pero me siento tan herida que he decidido no voltear a verte, dejó que te marches, me gustaría hacer lo mismo pero no quiero que mi familia se de cuenta que he vuelto a llorar, ellos no entienden que no lloro por ti sino que lloro contigo.

No quiero ponerme melancólica, así que al entrar a casa saco una caja de color para teñirme el pelo de rojo, puede ser un afán de ponerle color a este día nublado pero solo he conseguido pelearme conmigo. Es un cambio demasiado drástico verme con este color. Me pongo el vestido blanco solo para pretender demostrarme que no importa si te gusta como se me ve pero estoy llorando porque te extraño, se que te veré al anochecer pero te extraño. Y así de fácil como me puse aquel vestido, así de fácil me lo he cambiado por una pijama y me he metido bajo las sabanas.

Te he escuchado llegar y me he hecho la dormida, has llegado hasta nuestra cama y me pides perdón aun contra tus convicciones, nunca te ha gustado verme llorar. No quiero contestarte y no lo he hecho pero comienzas a besarme, me seduces con el aroma que expira tu cuerpo. En menos de cinco minutos estamos en nuestro mundo de besos y caricias, cada vez me excitas más hasta que termino pidiendo que me hagas el amor y tu terminas haciéndomelo, y aunque lo niego, has logrado que en mi vida sea común y necesario que todos nuestros problemas me los resuelvas en la cama.

Son casi las siete de la noche, he salido de la cama solo para bañarme, al terminar me siento frente al espejo para cepillar mi cabello, para contemplar lo que le he hecho. Ha sido entonces que he sentido tu mirada y tu has sentido que he sentido tu mirada y ya sin el rencor de esta mañana, te acercas y pones una corona de naturaleza muerta, que no se de donde la has sacado, sobre mis cabellos. Dices cosas hermosas sobre el cambio de color, no te creo pero las acepto hasta que, me pides que me ponga el vestido de la discordia, me niego, me lo vuelves a pedir y me vuelvo a negar alegando que ya entendí que se me ve feo, me abrazas, me abrazas como solo tu sabes hacerlo, te justificas de tu enojo porque no entramos al cine y en lo poco que te inspiran las plazas, como siempre me convences de todo. Me termino de cambiar y me pides que vaya a la sala, lo hago sin poder decir todas lo que he sentido cuando he visto la mesa de la sala con la cena servida para dos y entre velas, se que no lo has hecho en el comedor porque prefieres sentarte en el suelo pero me agrada. Has puesto música suave y hasta te has atrevido a ponerte tus jeans favoritos con la camisa que te dio mi madre el día de tú cumpleaños, sé ¡lo que te ha de ver costado y lo has hecho por mí! Así que he decidido aprovechar la oportunidad solo pido diez minutos más, me miras horrible pero los concedes sin hablar, solo diez, voy por una bolsa de sal a la cocina, un bolillo duro y un vaso de vidrio que lleno con vino blanco, de sala tomo un par de las velas de las que has puesto, te tomo la mano y te llevo al cuarto. Al entrar dejo la puerta abierta pongo las velas en los extremos de la ventana, abro las cortinas, las ventanas y hago un gran circulo de sal frente a la ventana, pongo el resto de las cosas en el piso, me paro junto a ti dentro del circulo de sal. Y ahora, solo tengo que preguntarte si me aceptas como tu mujer y si juras amarme y respetarme por todos los días de tu vida y has dicho “si acepto” y me preguntas si te acepto como mi marido y si juro amarte y respetarte por todos los días de mi vida y digo: si te acepto, te aceptado siempre en lo prospero, en lo adverso y en lo perverso. Nos declaro marido y mujer, ahora puedes besarme, tus brazos y los míos serán el lazo de nuestra unión. Recojo el pan y el vaso compartimos el pan y el vino por primera vez como esposos. Nuestra recepción fue en la sala cenamos, bailamos y tuvimos como invitados al amor y a la locura....

Mis documentos /Nuestros mejores momentos, nuestros recuerdos eso es lo que se me ha antojado toda la vida coleccionar, he pasado años escribiéndolos para ti /La primera cita:

Abril doce de dos mil cinco. Estábamos sentados en la banca de la calle, nerviosos aprovechando por primera vez la oportunidad de estar juntos, ¿recuerdas amor? como de costumbre te jale, fue la primera vez que te jale ¿verdad? y tus lentes cayeron, se rompieron pero seguí corriendo para alcanzar el autobús y cuando por fin estuvimos en el, tú te sentiste conmigo porque en ese trayecto nunca reconocí que lo que estaba sintiendo por ti, no lo suelo sentirlo por toda la gente. Ahora me siento halagada que me celes hasta de la gente. Esa tarde intercambiamos poco mas de mil palabras y recuerdo que hasta caminamos unas siete cuadras como novios tomados de la mano, olvidando, nuestras ya desde entonces diferencias. Y paso, antes de poder tenerte entre mis brazos, espere mucho por ese momento y al final del día estabas en ellos, no había besos, no había deseo solo había la constante esperanza de que aquel camión se hubiera equivocado de letrero y nos llevará a lo jamás interrumpido, a mi ¿qué podía importarme? si entre los pasajeros había quien debía llegar a un hogar, llegar con una familia, llegar con la esperanza, llegar con la desolación, llegar con el destino. A mi ¿qué podía importarme? Si tu, a quien había esperado veintiséis años, cuatro meses, veintisiete días, diecisiete horas, diez minutos en un margen de error de entre uno y cinco minutos, por fin estabas en mis brazos, así que había esperado lo suficiente para reparar de las necesidades de los demás y desear con todas mis fuerzas que el autobús jamás volviera hacer una parada, así en su andar continuo podría condenarte a vivir el resto de tu vida entre mis brazos aspirando tu perfume sin que ningún otro deseo empañara aquel momento. Sin peros entre nosotros tu calor inundo mis sentidos y ya entonces te supe mío pero el autobús que iba a Indios Verdes volvió a parar en Chilpancingo y tuve que dejarte ir de mis brazos por lo menos aquella noche. Después la sobrepoblación nos obligó a ir parados.

Mis documentos /Nuestros mejores momentos, nuestros recuerdos eso es lo que se me ha antojado toda la vida coleccionar, he pasado años escribiéndolos para ti /Tu cumpleaños:

Agosto veintiocho de dos mil cinco. Es domingo y necesito escribir lo que nos ha sucedido esta mañana. Hemos tratado de ser solo amigos por más de cuatro meses y todo lo que tengo que decir es que ¡hemos fracasado!

La noche ha terminado y tu trabajo te obliga a dejar de leer. Por primera vez siento miedo de morir porque si me quemas entonces si habré muerto... ámame, ódiame pero no me quemes, sustitúyeme pero no me olvides.

Texto agregado el 03-08-2007, y leído por 82 visitantes. (0 votos)


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