Segundo día de millonario. Continúan los problemas. Mi contadora me dijo que los impuestos que deberé pagar serán cuantiosos, pero que ella conoce algunas triquiñuelas para evadir, en parte, esta engorrosa obligación tributaria. Yo le respondí que no deseo entrar en manejos extraños, porque no me considero ningún Al Capone. Ella se encogió de hombros y de paso, me entregó sus nuevos honorarios, reajustados por obra y gracia de mi nuevo status. Me dijo que era imposible que yo le siguiera cancelando como asalariado, en circunstancias que ahora era un magnate. -Será pues- le dije y le hice un cheque por la cantidad indicada, agregándole un cero, para que no sospechara siquiera que estaba delante de un avaro.
Ayer fui a ver un montón de propiedades y ninguna satisfizo mis necesidades. Que extraño. Mansiones que antes me parecían inalcanzables, ahora se me figuran edificaciones sin relevancia. Por lo tanto, he revisado catálogos de viviendas de los famosos y allí encontré un par, que se acercan medianamente a mis aspiraciones.
No sé por qué, pero noto que me estoy quedando solo. Tanto así que ni siquiera mi ex casera se acercó a felicitarme. Todos saben de mi nueva condición, porque tuve la mala ocurrencia de contarlo en esta página y una de mis vecinas, que también escribe acá, se encargó de divulgar la noticia. He sido un torpe, nada debí haber dicho.
Sólo Victoria de los Numeritos se atreve a enrostrarme una supuesta ingratitud por el hecho de amenazar que, ahora que soy millonario, abandonaría la página. Sé que ella no está interesada en recibir nada, pero ya estoy preparando una recepción, en la cual invitaré a todos mis amigos, incluyendo a los que no pertenecen a mi país y a quienes les enviaré el pasaje aéreo para que no incurran en gastos. A Magdalena ya le tengo asignado su obsequio. No sé cual es su condición cardiaca y quisiera averiguarlo. No me gustaría que se infartara a causa de la impresión por el regalo que le haré.
Los demás, no se han acercado ni para felicitarme ni para saludarme, lo que me permite deducir que siendo, pordiosero o millonario, la soledad es siempre la misma. ¡Como comprendo ahora a Borges, Byron, Thoreau y a todos los ilustres solitarios! No importa, no compraré compañía alguna, libros sobrarán en la inmensa biblioteca que voy a mandarme a hacer, puesto que ellos siempre han sido mis mejores compañeros. Yo no he cambiado, pero sí, las circunstancias. Situado en la vereda opuesta, aquella que tanto critiqué, veo las cosas de otra manera. Sigo siendo el mismo personaje, con sus mismas debilidades y con una que otra habilidad, sólo que, ahora, con la posibilidad cierta de tener una imponente tumba en donde caerme muerto…
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