Paula se despierta. Paula se lava los dientes, se cepilla el cabello. Se sienta en la cama, cierra los ojos, se transforma en mil ideas, pero el tiempo la golpea.
Se viste (remera blanca y pantalón gris), libera a su saco del armario, y lo llena de ella, la bufanda verde, lo mira celosa, esperando abrazar el cuello de Paula. Paula se deja.
Busca su llave, sus cigarrillos, y mira el reloj que le devuelve una mirada hostil con color a 7:52. Paula llega tarde, pero ya nada puede hacer, cruza la puerta, baja escaleras, miles.
Ya esta entre bailarines rutinarios que la rodean y que si pudiesen traspasarla lo harían.
Paula se sienta en un banco, que si miras con atención tiene infinitas siluetas de ella.
Apacible como siempre, con la mirada melancólica, el pelo revuelto que el viento peino a su gusto, le dan carácter de loca. A Paula no le importa.
Paula espera el momento sublime del día, la esencia del día, su rutina., lo único que la enamora de la vida. Aunque llego tarde a la cita, sabe que todavía no empezó.
En ese momento las señales previas al acontecimiento, empiezan a darse lugar en la escena, el 143 con las ventanillas empañadas, la puerta del café de enfrente comienza a agitarse con más frecuencia, y la luz del semáforo se tiñe de rojo.
A Paula le sonríe el cuerpo, por que ahí lo ve, lo ve venir despeinado, acomodándose la camisa rayada, comiendo un alfajor, con cara de dormido, y los ojos distraídos.
Ya casi se cruzan, Paula ya siente su aliento a chocolate, y el perfume que le dejo la almohada.
Y ahí esta ese segundo, de Paula enamorada, amiga de la vida. Miles de historias que teje en la semana se vuelven un poco más reales.
Paula dilata su nariz para robarle todo aroma que lo envuelva, abre los ojos, con disimulo lo graba en su cuerpo, detalle a detalle, lo fotografía con el alma, y los sentidos. Indiferente al mundo el pasa. Paula invisible.
Entonces los objetos que los separan son cada vez más. Paula se vuelve pálida, se va durmiendo, se siente piedra.
Paula vuelve, transparente, a su casa, se sienta y escribe de nuevo una promesa en la pared, le promete a los muros que mañana lo saluda, que mañana le habla, que mañana lo escucha, y si el quiere lo acompaña. (les promete, otra vez).
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