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Inicio / Cuenteros Locales / Xiong_Jing / El Ladrón Inusual o Los Vecinos Ególatras

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Antonio sabía bien que si no lo hacía se convertiría en la vergüenza del barrio, probablemente ninguno de sus amigos, ninguno de sus compañeros en el clan de los buitres asesinos, le volvería a dirigir la palabra. Estaba nervioso, no tiritaba de frío, sino de nerviosismo, sintió una sensación extraña, como si sus genitales se estuviesen contrayendo. Era algo que él nunca había sentido, el nerviosismo y la ansiedad se elevaban a magnitudes estratosféricas, le daba escalofríos recordar las palabras del líder.
- No te aceptaremos en el clan, si es que no superas la prueba de iniciación. Lo primero que debes hacer es traernos acá una cartera robada, y pobre de ti si la compras, porque te mataremos si no vemos los documentos de tu víctima – Dijo en tono autoritario el líder del clan de los buitres asesinos.
Antonio un “niño adolescente”de 12 años, dentro de poco cometería su primer asalto en algún rincón subliminal de la ciudad. Desde pequeño nació su idolatría al clan, ellos eran admirables, pues todo lo que robaban lo donaban a las familias más pobres de su población, al igual que Robin Hood, o Salvatore Giulano junto con sus ladrones en la isla de Sicilia. Inspiraban respeto y todos los niños que habitaban en los alrededores tenían el deseo de alguna vez pertenecer a ese grupo de bandidos que luchaban contra la injusticia, y la mala distribución de ingresos. Antonio seguía caminando por esa avenida, muy mal iluminada y prácticamente desierta, se preguntó si alguna vez divisaría a alguna víctima, más aún si de carteras robadas se trata, la víctima tenía que ser mujer, los hombres no usan cartera, sus posibilidades eran algo escasas. Pensó en la posibilidad de darles la cartera de su madre, con documentos y todo, pero se retractó, el castigo que le daría sería más terrible aún que la humillación de los miembros del clan. Siguió vagando por la avenida…


La abuela estaba feliz de haber recibido a su nieta, ella nunca venía a pesar de vivir a dos cuadras de su casa. Lo comprendía perfectamente, sabía lo duro que era la vida universitaria, sobretodo la carrera de arquitectura que te obligaba a aislarte para confeccionar esas elaboradas maquetas, horribles para los profesores de la facultad, increíbles para un mortal cualquiera. Alejandra la nieta tenía 23 años y era muy responsable con sus estudios, desde pequeña supo la triste realidad de su familia, en donde era menester concluir toda su vida académica para ser la nueva base económica de ese núcleo de seres queridos. Se habían servido el té, tomaban once a gusto dentro del confortable y cálido comedor de la casa. Ambas mujeres se sumergieron en un mar de conversaciones, sólo posible por el gran intervalo de tiempo sin verse. Dentro de ese intercambio de frases anecdóticas, Alejandra se desconectó por una centésima de segundos para ver el reloj que colgaba sobre una de las paredes. Se percató de que la hora oscilaba entre las dos y las tres de la mañana (No estaba acostumbrada a leer la hora en relojes con “palitos”)
-Abuela debo irme – Dijo en tono fúnebre.
-¿Te irás? Pero mira la hora, es tarde. Este barrio es peligroso y…
- Abuela vivo a dos cuadras – Interrumpió Alejandra. – No pasará nada.
Antes de abrir la boca nuevamente e insistir, la anciana supo que sería imposible disuadir a su nieta para que se quedara en casa.
-Está bien, pero anda con cuidado.- Respondió comprensivamente, un poco triste por la circunstancia.
Era absurdo, realmente no habían posibilidades, pero se sentía sola, y no quería que un momento tan bello como este, fuese tan efímero. Alejandra comprendió y en compensación dijo: – Volveré mañana - Luego dio media vuelta y se dispuso a salir.
- Olvidas tu cartera – Gritó la anciana desde el comedor.
- Pero qué tonta soy.
Se devolvió a buscarla, se despidió por segunda vez y salió a las calles…



La avenida estaba oscura, una oscuridad que atacaba a los escasos postes de luz que sobrevivían en su longitud, se defendían con gran debilidad bajo esa noche negra y morada por la contaminación de la ciudad. Antonio vio la silueta de una mujer, precisa para la ocasión. Iba sola, con cartera en mano, y al parecer no mostraría mayor defensa. El blanco perfecto para un primerizo como él, sacó de su bolsillo un ridículo cuchillo corta cartón, asumiendo que sería suficiente para esa tarea y asumiendo que no tenía mayores recursos (Ni neuronas) para conseguir un arma más potente. Se escondió en un árbol que había en uno de los desiertos antejardines de la zona, esperó con impaciencia el momento preciso para actuar, es decir cuando ella estuviese lo suficientemente cerca para ser atacada. La espera no duró más de cinco minutos, sin embargo al impaciente ladrón se le tornaron horas de agonía interminables. Cuando el momento preciso se avecinaba, Antonio salió al encuentro de la mujer, ella lo miraba con confusión, viendo que parecía un niño y además qué no irradiaba intimidad alguna, no sabía que hacer, huir o esperar las razones de la presencia de tan inesperada figura.
-La cartera – Dijo con voz temblorosa y débil el asaltante.
-¿Qué? - Pregunto ella. -¿Me asaltarás?
Alejandra no entendía la situación, no podía creer los hechos. Era inverosímil ver a un personaje tan ridículo tratando de causar algún mal.
- Si, eso intento… - Respondió incongruentemente.
- Pues eres un fiasco como ladrón.
Diciendo esto cruzó al muchacho y siguió su rumbo, pero fue frenada al ver que le había tomado de los tirantes de su cartera. Sólo en ese entonces comenzó a preocuparse un poco, el mequetrefe no bromeaba. Forcejeó sus pertenencias con determinación, pero él era fuerte. Siguieron un buen rato gastando sus fuerzas, dando inicio a una de las escenas más ridículas, qué ni siquiera Aristófanes reproduciría en una de sus obras. La joven empezó a cansarse, ya sin más remedio comenzó a gritar, pedir auxilio entre los ya dormidos vecinos. Ellos no respondían ante ese estruendoso estímulo, aunque más de alguno lo debió haber escuchado, pero sería perjudicial arriesgar la vida, no se atrevían a salir de sus guaridas. Ella intensificó sub realmente el contenido de sus gritos, empezando por un “Auxilio”, y terminando con un “Me están violando”. Sin embargo ellos no salían aún. Ante los gritos de Alejandra, Antonio no dejaba de jalar con fuerza los tirantes de la cartera, su trofeo. Recordó que poseía un arma, y ahí estaba, reposando pacíficamente en la palma de una de sus ocupadas manos. Era hora de utilizar el nocivo cuchillo corta cartón. Sin tener más ideas de qué gritar, Alejandra tuvo la sensación de qué esas personas eran escorias, sin alma ni corazón. Como último recurso, trató de apelar más a la protección de ellos mismos que de sí, por lo tanto gritó la frase clave: “Incendio”.
Instantáneamente salieron despavoridos de sus casas todos los vecinos, la desesperación fue absoluta, corrían hacía la calle enfocando su vista en sus propias viviendas, confirmando si alguna chispa, por muy mínima que fuese, estaba invadiendo la protección de sus fortalezas. Fueron minutos de agitación masiva, luego coreográficamente, los vecinos apelotonados dieron vuelta la cabeza y confirmaron que esa mujer necesitaba ayuda, mas no fue necesario, el mocoso del cuchillo corta cartón desapareció de la vista de todos. Así fue la historia de la mujer que se salvó de un asalto, gracias al inusual ladrón y a la mentalidad ególatra de los vecinos y de la humanidad en general.

Texto agregado el 24-02-2007, y leído por 400 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
14-03-2007 Es un buen texto. Nos hace reflexionar. El niño que con solo 12 años tiene un objetivo, la astucia de la victima, pero lo que más me queda es la actitud de los vecinos, me da que pensar... eslavida
28-02-2007 Es un texto cinematográfico. O mejor un clip con música de rock. Lu_Folino
28-02-2007 Esta bastante bueno... me gusto, sin embargo me paso que cuando adelantaste lo de la cartera y fuiste enfático en que ese debía ser el trofeo, y cartera igual a mujer víctima, cuando comenzo el segundo parrafo dije instantaneamente "alejandra es la victima", mucho más aun cuando le pones más cuidado al decir que se le quedaba la cartera, una frase gatillante para el final... Por último una gran salvada de manos gritando incendio que dice del texto muchas cosas incluso una gran conclusión... **** cuatro estrellas, pq si te doy cinco t vas a creer la raja jajaja... No men, * una mas... talewhisper
26-02-2007 Me pareció un buen texto en el trasfondo. Solamente te invito a poner ojo en el lugar que ocupen tus "comas", y en determinadas palabras que quizas pueden mal interpretarse sugiriendo una sobervia del autor al estar un poco descontextualizadas. Eso, buena suerte!! serey
25-02-2007 Excelente buen mensaje , social y de humanidad!!***** terref
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