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Hace quince años que el ingeniero y yo somos compañeros de trabajo. Y de unos meses acá empieza a regar en la oficina que toda la vida ha estado perdidamente enamorado de mí. Aunque no me gusta en absoluto, me dije no parece mal asunto, después de todo es sólo un pobre diablo. Pero se pone exageradamente amable, me regala una flor y empieza a hacerme guiños. Días después me manda postales online y me tira besos. Mas tarde me regala un frasco de mermelada de hijos con un toque de naranjadas y me da un fuerte abrazo. Luego me da un ticket para ver a un bailarín de moda y ahora son llamadas a la medianoche para declararme su amor, que no puede vivir sin verme y eso. Aprovecho para decirle que no espere nada a cambio, que se conforme con tratarme en la oficina y con que le acepte los regalos desinteresadamente. Me aclara que sólo quiere admirarme y todo perfecto. Pero al otro día me regala una pulsera de bronce con detalles grabados, muy lindo, y la cosa ya no me gusta, es incómodo, porque me aprieta fuerte y me pone la mano en las nalgas e intenta besarme. Logro quitármelo de encima y no pasa de ahí. Pero después me regala un CD de Sonia Silvestre y una vez que tengo que entrar a su oficina, se asegura de tener el pene erecto fuera del pantalón y una imagen porno en la computadora. Abre los brazos mientras me lanza besos, salgo corriendo y me encierro en mi oficina. Ya me asusta quedarme sola en ella. No me siento segura en el trabajo. De pronto un día viene a regalarme una sortija de compromiso que dizque había pertenecido a su bisabuela. Le digo que ya no le iba a aceptar nada más y que no me volviera a dirigir la palabra a no ser por cuestiones de trabajo, me dijo que de todos modos la sortija ya era mía, que había gastado mucho en mí, que no había marcha atrás. Me toma en sus brazos, me le resisto, empieza a abofetearme una vez tras otra. Logro zafarme, corro a mi escritorio. Hay un jarrón de vidrio y un vaso. Tomo el vaso y lo estrello contra el escritorio para usarlo como arma. Me corto las manos, sangro mucho. Me quita el vaso. Se me abraza como camisa de fuerza. Intento soltarme, no puedo, echo la cabeza hacia atrás y golpeo la suya, él golpea la suya contra la mía, caigo, se me sienta encima y me propina pescozones. Pierdo el sentido, un olor nauseabundo me reanima, estoy embarrada en excremento, el ingeniero está evacuándose en mis pechos, tomo un vidrio, lo clavo en su ano. Ha tomado el jarrón, que descuartiza en mi cara. Otra vez pierdo el sentido. Cuando me recobro, estoy en una ambulancia, mi mano apretada contra su pene, que tiene erecto, y que me mueve para que lo masturbe. Lo hago. Cuando termina me pone al tanto de que seré su esposa.

Texto agregado el 30-01-2007, y leído por 164 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
07-08-2007 relación sadomasoquista, parafilias de esas que conocemos nosotros, obviamente sólo en la literatura. LA escena de acción, es acción pura y hasta a nosotros saltó el escremento, oiga usted que le felicitamos por su narración. Saludos scatolocos
30-01-2007 Joder! está fuerte y agil. Provoca indignación la existencia de tipos así y mujeres que no saben poner stop a tiempo. Buen cuento. marxtuein
 
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