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Sin saber porqué, llegó el momento de las definiciones. Continuar con la vida tal y como la había vivido o dar un salto, quizás mortal pero también promisorio hacia la libertad.

La transformación era ya irremediable. Extraño sentimiento que se abría paso a contracorriente con su historia y diario quehacer. La existencia tal y como la sobrellevaba hasta ahora carecía de referencias agradables.
¿Cúando y cómo se dio el momento en que comenzó a experimentar esa inquietud? Quizás a golpes del hastío cotidiano, la dificultad para levantarse en la mañana, la molestia profunda y constante con su propio ser. Sus ires y venires sin sentido en la caótica ciudad, las modestas y siempre fugaces recompensas del dinero. ¡Ay! el derecho desafiante a buscar la felicidad. El impulso desesperado de la conciencia para sacar zumo y juego del cuerpo aun pleno pero en irrefrenable tránsito a la vejez, ese lamentable estado en que la carne se torna pellejo, las venas se manifiestan a flor de piel y las entrañas se acartonan hasta acabar como una uva pasa.

Esa nausea permanente requería un antídoto, una imagen contraria donde identificarse, la idea para sumergirse, encarnar y resucitar. El lienzo blanco sobre el añoso caballete y los pinceles formados en estricto orden de corpulencia clamaban vida.

Dio vuelta al jersey de pintor con molestia rayando en furia y se dirigió en estado poseso al bar más cercano, ahí, a unos pasos del Museo del Prado. Pidió una botella de brandy con la esperanza de descubrir en su fondo el motivo extraño de ese trazo que jodió la copia de Las Meninas. A la tercera copa no encontró la causa, pero sí un amplio camino que delataba su inapetente realidad.
La sucesión de obras propias e inconclusas pesaba sobre su decaído ánimo. No, no era una joven promesa de la pintura, ni siquiera un ser maduro, sino un poco más. Acaso ancestral mercader del arte, incapaz de asumir compromiso con la creación.

Atosigaba el repaso de la vida, y quien sabe porqué, también sentirse diferente a lo que había sido siempre, esto es, intuir que estaba en proceso de pérdida del ser conocido. Diálogo interminable, acompañado por gestos involuntarios de la sexta copa. Angustia por no dar con la verdad y no reconocerla ¿fracaso? puede ser. Pero eso sí, sentir como una herida abierta la pérdida de identidad, que en expresión castiza se traduce simplemente en "a la mierda todo". Que mortal desazón era reconocerse como errante en la vida, mendigo que sin embargo no tiene la necesidad de pedir nada a nadie, sino por el contrario, capaz de arreglar sus necesidades de acuerdo a su gusto, y porqué no, excentricidades como el Rolex en la muñeca y el guardarropas no carente de Ives Sain Laurerente y Armani.

Le asfixiaba el piso, el lienzo le gritaba como su madre histérica: ¡venga menos pensar y más trabajo! pero no sabía cómo continuar su autoretrato. Luego de los primeros trazos no aventuraba avanzar.

Apenas alcanzó a completar un fondo gris, como creía que se representaba su aura o la envoltura etérea; alma que contiene al cuerpo. Abrió una botella de tinto, la bebió. Inhaló su tesoro oculto,una y la segunda raya de cocaína. Enfundó los viejos jeans y un jersey, salió del edificio y caminó el camino sin rumbo hasta llegar frente al Prado. Entró trastrabileante al primer bar a la vista. Pidió una botella de vino y luego la réplica. Abrazó la sinfonola y la cargó de euros a favor de José Alfredo.

Ya, a la tercer o cuarta canción, atisbó el panorama. Nada del otro mundo, excepto quizás, ese ser extraño, elegante de cabellera canosa, inconcurrente con el físico visiblemente trabajado en el gimnasio que apuraba, sí, apuraba copas de Fundador, pero con la borracha sobriedad de Sabina, el que pa todos tiene charla , sean chavales o vejetes.

Estaba en sus profundas cavilaciones, descifrando el entuerto del lugar y circunstancia en que se encontraba: un bar como una cueva, una cavidad para cavilar, cavilar sobre las cavidades, cuando de pronto una voz grave y dulcemente entonada espetó:


-Hola ¿compartimos tragos y penas?


Trayecto feliz y en compañía hasta Puerta de Sol, y de ahí en metro a Barajas. ¿Y que coño se creen, que la historia acaba con el estúpido atentado de ETA?.

No, en un rapto de locura abordaron el primer vuelo disponible, y este fue a las Canarias. Inspiradora tierra, donde un famoso y uraño octagenario que algo sabe de pintura y caligafía responde al nombre de Don José. Pintaron a cuatro manos lo que bien se puede interpretar como la marcha de la humanidad a la libertad; una especie de Guernica colorido, pero por tanto, sin sabor ni profundidad.

A los cuatro días, mucho menos de lo que llegaron se marcharon. Cada quien volvió a su circunstancia y conseutudinaria existencia.

Hoy se les puede ver algún fin de semana y cada una con su propia carga, o sea marido malhumorado, dibujando cualquier cosa en las servilletas del bar de las almas solitarias. Donde a veces se topan las miradas de dos gatas en celo.

marxtuein




Texto agregado el 17-01-2007, y leído por 682 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
26-02-2009 CHUPAME UN HUEVO, CHUPAME EL OTRO, SI TENES TIEMPO CHUPAME EL CHOTO!!!!!!!!!!!!!!!!!! bunge
28-07-2008 ******** laquesoy
30-09-2007 muy buen relato! todas las estrellas peinpot
03-02-2007 Una porquería, por eso los comentarios son tan estupidos. zepol
25-01-2007 Cosas de la vida, donde no todo es alegría pues la tristeza también forma parte de ella ¿verdad? OMENIA
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