No necesito de lunas llenas,
ni estrellas con raras formas.
No necesito soles de colores,
aunque mi vida dependa de aquellos
con cara de leones.
No necesito de sombras compañeras,
ni de vibraciones a destiempo.
Ni de manos lujuriosas,
buscando en mi lo desconocido:
profanación de mis terrenos, no,
de eso no necesito.
De aquellas cosas vanas y deslumbrantes,
esos besos fríos, indiferentes y fugaces;
nada de eso en mi vida necesito.
A mi reloj de cuerda, que corre afanoso los días,
buscando impetuoso, simplicidades y sordas risas,
tantas de esas: sobras del día;
Le tengo una carta tan corta como sus resultados
que dice con fecha exacta,
del despido inmediato y relevación del cargo.
Ayer saltando las piedras de un río tranquilo,
miré el agua que sin afán fluye,
regido por el tic-tac de su propia vida
y solo contando los minutos con el caer
de alguna luciérnaga en las noches, perdida.
Entendí, que de tantas vueltas, encuentros y desaciertos,
ese reloj fatigado ,en definitiva:
no lo necesito.
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