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III
Recopilé y analicé los hechos que me habían ocurrido a lo largo del día; la cosa esa, supuestamente una “ratamuerta” no había hecho ningún ruido, ni se había levantado con el afán de acabar con mi vida, ni parecía respirar y mucho menos tener las fuerzas requeridas para librar una batalla épica contra un gato. Ah, y las pastillas que me habían ordenado comerlas no parecían haber causado ningún efecto en mi persona, inferí que eran caramelos sabor cereza y que habían aparecido en el retrete simplemente para endulzar mis acciones de supervivencia.
Les cuento que para ese entonces ya había perdido la mitad de mi importante día laboral; dejé una junta donde estarían presentes altos ejecutivos de la Sociedad Internacional del Control de Plagas, así como representantes de grandes empresa dedicadas a la producción de artículos novedosos de limpieza y distinguidos fumigadores del país. Además desatendí a la damisela que posee todo mi ser, a la princesa encantada que absorbe todos mis sentidos y que, cada que me lo autoriza, la llamo por teléfono a su actual localidad, Camboya, dejó México hace 3 años por cuestiones de trabajo. Pero poco importaban esas juntas y llamadas transatlánticas cuando se trataba de inquirir un misterio de la naturaleza puesto sólo a mi disposición. Eran las 6:20 de la tarde y yo estaba como cuando me intrigué por la aparición del pestilente ser, aún no sabía qué era. |
Texto agregado el 08-12-2006, y leído por 80
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