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Inicio / Cuenteros Locales / los_hermanos_plastilina / Las Aventuras de Ester, “la abuela guerrera”*. Hoy presentamos: Ester enciende la revolución –Por Chester Piedrabuena

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A Carla, mi mujer, por pararme frente al espejo siempre en el momento justo...





Ranas. Relámpagos. Truenos. Sapos. Calambres. Lluvia. Y una camioneta Ford F100 verde que, manejada por un sordomudo, atropella una botella vacía de licor 8 Hermanos. Pánico. Y el agua. El cielo que no para de sollozar sobre Oslo, Suecia... En pleno barrio “La Empanada”, una lamparita Osram de 60 watts se enciende. Luego, otra. “¿Qué pasa, otra vez con dolor de muelas?”, pronuncia una garganta tan arrugada como un pantalón de corderoy recién lavado. “No, es la gotera de siempre... cae sobre mi cama cucheta y en lo que va de la noche ya me mojó el pijama, mi poster desplegable de Nino Bravo, y el oso de peluche con la cara de Borges que uso para despertarme”, replicó un silbido de voz.


“No hay caso, María del Carmen: tenemos que mudarnos”, clamó la voz 1. Casi al instante, un rayo dotado con la intensidad de una luciérnaga engripada iluminó a quien elevará la frase anterior. Sí: se trataba de Ester, y sostenía una charla con su mascota de siempre, la cobra María del Carmen. Era Ester, la abuela guerrera... Y nada de lo dicho por los gemelos fantásticos y Alberto Cortéz durante la presentación de Midnight Oil en el Salón de la Fama Fest había sido verdad. La anciana jamás había sido atacada por una jauría de motociclistas lampiños. Mucho menos, encerrada 7 años en un baño público por haber estornudado durante un campeonato de radiografías de fémur. Jamás había perecido bajo las rodillas polvorientas de un enjambre de iraníes agarrados de la mano. No. Estaba bien. Y sin reuma...


Mañana (siguiente) de sol en Oslo. “¿Hola, Chatrán?”. “Qué hacés, Ester... escuché el celular de milagro, estaba con el MP3 al palo”, contestó el gato, del otro lado de la línea, al tiempo que se empinaba un daikiri de atún diet y crema de enjuague anticaspa. “Qué raro, vos... ¿y ahora qué estás escuchando”. “Mirá, viejita, acabo de conseguir el unplugged de Ringo Bonavena con el coro de sietemesinos de Azotillo City”. “Ah, discazo... igual no te olvides de conseguir el último del Lole Reutemann y su orquesta de comunistas en celo, no sabés como suena...”. “OK, ya veré... pero, ¿en qué te puedo ayudar, ídola?”. Ester lo pensó dos veces antes de contarlo: sabía que Chatrán siempre la metía en problemas. Pero, medio suspiro después, decidió confiar por enésima vez.


“Me quiero mudar, ¿conocés a alguien que cobre barato por el movimiento de muebles?”. “Sí, haceme caso: llamá al 43–10+5=38 y preguntá por un tal Marcos”. “¿Estás seguro que es bueno?” “Buenísimo... sino, preguntale a Jean-Paul Belmondo... o a Batman: cuando el encapotado dejó el 2 ambientes lateral en el que vivía con Robin y Batistuta para irse a la baticueva, Marcos le hizo la mudanza”. “Pruebo entonces...”. “Mirá, viejita, yo te diría que vayas directo. La dirección es José Feliciano 33.5%, casi esquina Comadreja”. “Listo...”, vociferó nuestra heroína.


Con una réplica en cera de Pablito Ruíz cantando “Uó mamá, elia me ha besao...” en el baúl abierto de su Toyota Corolla, Ester emprendió viaje rumbo a la pyme de mudanzas. 1 minuto después, ya estaba instalada en la sala de espera de Fletes y Mudanzas “No se metan con Tatanka y Ave que Patea” SRL. Tras un corto intervalo (en el que no pasó nada) un hombre alto, con el rostro cubierto con un pasamontañas, fumando una pipa con la forma de un hombre alto, con el rostro cubierto con un pasamontañas, fumando una pipa con la forma de un hombre alto, con el rostro cubierto con un pasamontañas, fumando una pipa con la forma de un hombre alto... se presentó frente a la abuela guerrera.


Ester lo conocía. “Pero, vos sos Marcos... te vi protestando un día... en la plaza... ¿por qué era?” “Tenés razón, ancianín: era yo, y estaba defendiendo los derechos de algunos lácteos de origen animal”. “¿Cómo es eso?” “Claro, viejarda: yo impulsé un alzamiento de brazos de enanos transpirados para reclamar por los derechos del queso sardo. ¡Basta de someter al sardo a la despótica tiranía de ralladores Made-in-Taiwan!”. “¡Sí, tenés razón!” Enfervorizada, Ester elevó su bastón -modelado en madera de sauce llorón- en señal de acuerdo con el pasamontañoso insurgente.


“Igual, no entiendo. ¿Qué hacés en una empresas de mudanzas?” “Y, viejaponesa, también hay que comé ¿no? Pero ahora lo estoy usando de señuelo: estoy por atrapar a los dueños de una empresa que hace ravioles de verdura: la acelga también tiene derecho a crecer, ponerse bien verde y después marchitarse a raíz de ese agujero de ozono que ya produce múltiples e irreversibles enfermedades en la piel. Pero no tiene por qué ser un simple relleno de pastas globalizadas”. “¿Y cuándo será el golpe?”, preguntó, curiosa, la abuela guerrera. “¡Ya!”, estornudó Marcos.


Dicho esto, 3 hombres ingresaron a la sala de Fletes y Mudanzas “No se metan con Tatanka y Ave que Patea” SRL. Se trataba del Espíritu de Ronald Reagan, Mum-Ra (villano de los inolvidables Thundercats) y el cantante argentino Lito Nebbia. “Ahí tá: démosle masita”, gritó Nebbia, al tiempo que tarareaba e (lestribillo) de “Los payasos no saben reír”, un repugnante hit de una época histórica descompuesta del hígado. Acto seguido, y dispuestos a cobrarse todos los manejos perpetrados por Marcos, los 3 recién llegados desenfundaron (cada uno a su turno pero en simultáneo) una robusta barra de saláme Milán: sí, iban a ajusticiarlo a salaminazos.


Atento a cada movimiento (porque no era un tipo lento y le gustaba el escarmiento) Marcos ya empuñaba un caracol de jardín con las antenas hacia fuera a modo de lanza de dos puntas. Pero no estaba solo. “Dejáme a mí, querido”, lo apartó nuestra heroína. “Vieja zaina, correte o la ligás”, la prepoteó Mum-Ra. “Nene, antes de hablar conmigo mejor lavate los dientes y curate la soriasis”, replicó Ester, visiblemente alterada.


El malo de los Thundercats probó de contestar una vez más. Ya era demasiado tarde. Impulsada como por un resorte, Ester ya estaba en el aire. Y, tras un aleteo de axilas, el tiempo se detuvo a su antojo. En pleno vuelo, la anciana rodeó sus rodillas y, hecha una bolita, pasó el bastón de una mano a la otra. “Mirá cómo te hago doler la cabecita”, comentó la abuela mientras el palo (siempre modelado en madera de sauce llorón) caía a la velocidad de un brasileño picoteado por una cigüeña sobre la nuca de Mum-Ra.


“Rajá, Marcos, que yo te cubro”, tronó la anciana. “Pero ¿adónde voy?” “Yo qué sé... cortá para México, ahí algo podrás hacer. No sé, anda a Chiapas, por ahí le podés dar una mano a los indígenas que seguro necesitan alguien que los defienda. Transformáte en el Subcomandante Marcos... ¡Yo qué sé!”. “No te voy a dejar sola ¿mirá si a Lito Nebbia se le ocurre empezar a cantar ‘Viento, dile a la lluvia’?” “No te hagas drama, nene”. Sin perder tiempo Marcos tomó una cantimplora que encontró tirada por ahí, un paquete de galletitas Oreo, un carburador de tranvía, y un horno microondas enchufado y salió disparado hacia la selva.


Ester no se enredó demasiado. Con Mum-Ra fuera de combate, la abuela guerrera sacó de entre sus ropas una foto de Mijail Gorbachov besándose con Mike Tyson en el cumpleaños de 15 de Steffi Graff y, entre náuseas, el Espíritu de Ronald Reagan se deshizo en el aire. Quedaba Lito Nebbia. “Vieja, si no te quedás en el molde te juro que toco la primera estrofa de ‘La Balsa’”, amenazó el tipo. Rápida de reflejos, Ester se quitó las enaguas y, tras concretar un giro a la velocidad de un lavarropas a paleta sobre su talón derecho, terminó por introducir la prenda de un saque en las amígdalas del cantautor rosarino. Imposibilitado de poder aunque sea entonar, Nebbia dibujó en el aire, con la mano derecha, un “volveré, y acompañado por Ed Harris”, antes de desmayarse. Agotada, y sin la cobertura de su desodorante Abandona No Terrex Ona, Ester subió a su Toyota Corolla y enfiló rumbo a “La Empanada”.


Cuando llegó a su casa, otra sorpresa la aguardaba. Acompañado por Tantor, el elefante de Tarzán, Chatrán había solucionado el problema de la gotera. Vestida con un pijama con la cara de Franco de Vita, María del Carmen ya estaba lista para irse nuevamente a dormir. “¿Tomamos un vodka con mandioca?”, invitó el gato que, como si estuviera en “La Musaraña”, ya estaba completamente ebrio. “Paso”, contestó la anciana, para luego dejarse caer sobre el futón instalado en el living. Atontado por el alcohol, Chatrán se inclinó para abrazarla. Y también, al igual que Ester, terminó dormido. Recostado sobre el regazo de la abuela más valiente...






* Basado en una historia real




Chester Piedrabuena




® Saga "Ester, la abuela guerrera". Derechos Reservados.





Texto agregado el 22-11-2006, y leído por 320 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
01-12-2006 Vaya, vaya, que me duele la barriga, de tanto reir, Chester irónico, travieso, creativo a más no poder,un humor claro entretenido y muy imaginativo,la abueli es mi idola,grande y vuestra, mis alabanzas para ustedes son geniales, espero seguir leyendolos, ***** licanray
27-11-2006 Con un par de daikiris más y tres o cuatro mojitos soy capaz hasta de regalaros estrellas. Esta vez la trama no brilla, es que ni la encuentro, sinceramente. Pero con tantos halagos en forma de comentarios "y estrellas que rondan". Pues nada chicos, para qué superarse ¡Adelante siempre! Siempre que haya público adicto a todo... maravillas
23-11-2006 “Mirá cómo te hago doler la cabecita”.. ché, eso lo voy a tenere presente cuando alguien me amenace... ya era encesario su retorno, mirá que la abuela es una fieraaaa kareli
23-11-2006 Desopilante, aunque un poco extenso. ergo, se planta en cuatro, pero arriba. ergozsoft
23-11-2006 Ah! y gracias por recordarme el nombre de Mum-Ra...los otros días pensaba, y pensaba y pensaba, ¿cómo mierda se llamaba el malo de los Thunder Cats?...Gracias, Chester...OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH OliveriaVol_II
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