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Inicio / Cuenteros Locales / sespir / ¿Leyó Nabokov “Pepita Jiménez”?

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“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía”. Son las conocidas palabras con las que Humbert Humbert, invoca su inmoral y destructivo amor por una chica preadolescente en el inicio de la novela “Lolita”, escrita por Vladimir Nabokov.

“Alma mía, vida de mi alma, prenda querida de mi corazón, luz de mis ojos". Son las palabras, sin duda menos conocidas, con las que el seminarista don Luís de Vargas le confiesa su amor a Pepita Jiménez, en la novela homónima de Juan Valera.

Si bien es cierto que todas las declaraciones de amor se parecen como gotas de agua, y que sólo quienes se hallan afectados por ese peculiar estado de la embriaguez que el amor produce pueden percibirlas como originalísimas manifestaciones poéticas, el más que evidente parecido existente entre las dos citas anteriores nos hace pensar que probablemente Nabokov hubiera leído la obra de Juan Valera, sirviéndose de las palabras de don Luís de Vargas como modelo para el discurso interior de su Humbert Humbert. Recordemos que la publicación de “Pepita Jiménez” (1874) es muy anterior a la de “Lolita”(1955).

Comparando las dos citas observamos:

1) Ambas constan de cuatro frases encadenadas que expresan una situación de pertenencia o vínculo con el ser amado.
2) Hay dos frases iguales en una y otra cita: “alma mía”.
3) Hay otras dos frases muy parecidas: “luz de mis ojos” (en “Pepita Jiménez”) y “luz de mi vida” (en “Lolita”).


Por otra parte, del análisis de las cuatro frases que nos quedan (dos por cita) se evidencia, como no podía ser de otra manera, una mayor sensualidad en el amor de Humbert Humbert, y una mayor carga moral y sentimental en el de don Luís. Si el primero describe su amor como un incandescente “fuego de mis entrañas”, el segundo describe el suyo como una “prenda querida de mi corazón” (¿lavada con Perlán?). El carácter moralizante del amor de don Luís queda asimismo reflejado en la presencia por partida doble de la palabra alma en su confesión amorosa: “alma mía, vida de mi alma”… por si una sola vez no fuera bastante. Puede despistarnos el hecho de que sea precisamente Humbert Humbert el que considere su amor como un pecado, pero lo que ocurre es que no lo hace en un sentido peyorativo: para él el pecado es algo positivo y no algo de lo que arrepentirse o de lo que sentir culpa. Dijo Lord Byron que él sólo se arrepentía de los pecados que no había cometido. Pues eso.









Texto agregado el 04-11-2006, y leído por 976 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
23-03-2008 Interesante, digno de ser reflexionado... Mis 5 estrellas y gracias por poner mi mente a funcionar con tal motivo!! :P nayru
26-02-2007 Excelente pieza de literatura comparada. lbm
09-02-2007 quizá quien lo leyó fue Humbert y no Nabokov... porque, analizando más a fondo, ambas féminas son nombradas con diminutivos ita-ita, aunque no sé si pepita fuese el de pila a diferencia de la nínfula Haze cuyo Dolores no se pare al probable Francisca de la otra... pero tienes toda la razón, no sólo se repite una y otra vez las fórmulas verboamorosas, sino que se les considera inspiración divina por quien las escribe... ah!, mea culpa! Aristidemo
17-11-2006 Muy interesante, prometo no utilizar ese estilo de declaración de amor en ninguno de mis cuentos, jajaja. Realmente me encantó. Te felicito por tu análisis. Besos y estrellas. Magda Gmmagdalena
10-11-2006 Hola querido Sespir. Me ha parecido muy interesante este pequeño ensayo. Creo que los escritores se van nutriendo de los escritos de otros amantes de las letras; no precisamente que copien, sino que unos influyen en otros.Concido con el comentario de "doctora". Te dejo besos y abrazos mexicanos. tigrilla
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