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A veces quisiera poder contar a alguien de esta pena, de la soledad y de la nostalgia, pero no hay forma ni caso.

Tengo un par de amigos, todos buenos tipos, tengo una pareja, excelente mujer, aún así y pese a ello me siento triste, me siento solo y nada tiene caso ni motivo…

Marco números, cualquiera, pero nadie parece responder, y me doy cuenta de lo solo que se puede estar, aun en una ciudad tan grande. Veo las pastillas y no son una opción, camino con la cabeza gacha por calles y veredas, bajo el sol y la lluvia y nada importa, ellos no están y no me conocen, yo estoy acá, y ya sea fumando, escribiendo o durmiendo estoy acá, aceptando, tolerando y remitiendo una soledad que ha nacido conmigo, que no es culpa ni responsabilidad de nadie…

A veces solo camino por los vagones del metro, vacío o atestado de gente, espero un empujón o solo algún contacto, quizás algo que me haga levantar la mirada y encontrar una sonrisa entre la gente, pero nadie me conoce ni sabe como mi voz suena y aunque arruine diez papeles o más con palabras imprecisas, aunque el dolor no pueda traspasarse ni por dos segundos, aunque la tinta pese más que esta pena y aunque yo esté solo entre la gente, aun así escribo, con vergüenza, con humildad y con pena, escribo para que conozcas lo que siento, para que conozcas esta pena, escribo porque busco la mano en mi hombro, una mano que me permita una mirada vacía, solitaria, pero agradecida. Espero más de lo que debiera, espero que estas no sean solo palabras, espero llegar vestido de gala a ningún lugar, espero estar un poco menos solo, pero la noche se acerca y hoy es uno de esos días en los que no reprocho a quien desee salir huyendo, una noche en la que busco gente, en la que dos botellas y un par de cigarros no completan un alma, ni menos aun sirven como excusa para algo llamado corazón…

Cuando las palabras ya no me alcanzan, cuando las cicatrices arden demasiado, cuando la hora del adiós llega y cuando estoy nuevamente solo, en ese momento, tomo la pala de la conciencia con mi escoba de la razón, intento barrer y reunir los pequeños trozos astillados del piso, intento formar el espejo de un alma nuevamente, intento pegar pedacitos de corazón y arreglar esta maltrecha maquina vieja que solo desea ayudar, intento no verme acabado en un charco de lagrimas, intento no pedir nada, solo deseo juntar estos trozos antes de que puedas verlos, antes de que corten tus dedos. Tomo estos trozos que se retuercen bajo zapatos, alfombras y risas, los reúno para sonreír y decir una vez más; “no importa, solo son cosas mías”…

Texto agregado el 12-09-2006, y leído por 120 visitantes. (0 votos)


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