Sexualidad...
Analogía de cinismo espontáneo e inconsciente,
fruto del instinto corroído por la palabra.
Sustancia heterogénea, ácida,
reina solo un frasco de cristal.
Hipérbaton de posibilidades (dar, dar, dar, recibir, dar).
Mártir seleccionador (tan negativo): Hombre no paralizado, ni calzado, ni superdotado, y mucho menos penetrado.
Anhelo no reconocido,
reprimido por el exceso de sensibilidad,
reducido por el orgullo.
Antipática elegancia conservadora con sabor y color a crema chantilly.
Despilfarro de costosas lágrimas en un día soleado para romper arquetipos.
Unión justa de dos hálitos enmohecidos que danzan al son de una utopía.
Aburrida pero real definición, quizás el único aspecto de mi sexualidad no perteneciente a mi imaginación. La reconocí un día soleado, aunque todos daban cuenta de nubes “inexistentes” que imprimían de color gris el paisaje. Para mí, estaba soleado. Luego empezó a llover, eso decían, pero mi sutil inocencia comía trozos de chocolate caídos del cielo. Y seguía soleado.
Ejemplo:
Hace tiempo que convertí tu elixir en mi mejor vicio, líquido irrefrenable que envuelve hasta el más inútil de mis sentidos. Juego erótico, lastima que se haya quedado en la metáfora. Naciste de las profundidades del mar, quizás fuiste congelado por los romanos, yacías sólo en un cubo de cristal. Por ahora tu corazón sigue congelado. Quizás fuiste tirado al mar por aquellos uniformados que expelen frialdad, quizás te contagiaron… Quizás me contagiaste.
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