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(A Elia)

Era verano.
Un hospital. Un pequeño cuarto de baño.
No fue romántico, ni hubieron velas, ni tampoco una bonita habitación, ni pétalos de rosa, ni música…
Pero fue maravilloso a su manera.
Especial, increíble, diferente, único.

Blanco casi impoluto. Un pequeño cuarto, con paredes y baldosas blanquecinas. Con ese olor tan típico de los hospitales. Y que tanto odiamos las dos. Nuestra segunda casa.

Dos chicas. Dos amigas. Dos niñas enamoradas.

No fue como en las películas, ni mucho menos, pero fue incluso mejor, sí, mucho mejor, y puedo asegurar pese a todo, que nunca lo podré olvidar.

Una mirada. Una caricia. Silencio. Sonrisas. Complicidad. Y amor, mucho amor.

Tú y yo sin hablar. Una mano cogida de la otra. Un punto de apoyo para mover sus mundos. El único, el verdadero. Yo como tú, tú como yo. Y ahora un beso, dulce, ingenuo, sincero, suave, tan suave… Que me muero de deseo. Y esa mirada tan especial, que tanto me gusta.

La puerta está cerrada. Contra la pared. Elia casi no ocupa sitio, pero dos personas crean un mundo. Se oculta. Se esconden. Se alejan. Se entregan. Miedo. Amor. Pasión. Cariño. Deseo. Esa habitación tan pequeña pero que a Lorena hoy le resulta inmensa.
Emoción. Infinito. Más silencio. Esas miradas que se buscan, que se encuentran, que se cuelan por error. Sólo existíamos ella y yo. Y para nosotras era suficiente. Nuestras vidas se congelaron, por unos instantes, unos momentos, aunque el reloj seguía su marcha inexorable.

No importaba nada más. Lo único que en ese momento me concernía estaba allí, ante mis ojos, y podía verlo tan claro.

“Te quiero”. “Y yo a ti”.

Mi primera chica. Mi primera vez ante ella. Nuestro primer momento. Tus ojos desvistiéndome. Lo que yo siento cuando me acaricias no es amor, no, es mucho, mucho más que eso. Ella que nunca tuvo miedo a las alturas, le daba vértigo subirse a mi cintura.

Te miro asustada porque no conozco el lugar donde quieres llevarme. Tú sin dejar de temblar. Nuestros pechos chocan. Nuestros cuerpos se juntan. No debo tener miedo. Elia me abraza, intenta calmarme. Un te quiero. Me estremezco. Te quiero besar pero no me atrevo. Ya lo haces tú por mí. Nos perdemos en el abrazo, y no sé como pasa pero lo cierto es que nos besamos. No es que yo te bese a ti o que tú me beses a mi, simplemente nos encontramos perdidas en un beso. Nuestros labios se encuentran. De repente, me encuentro perdida en el abrazo y en tu beso. No quiero que nunca acabe, solo deseo que tu beso me devore. Me pierdo en tu cuerpo, en tu calor, en tu olor, en tu sabor, en tu humedad, y en Elia misma. No podemos parar ninguna de las dos. Nos posee una fuerza mayor. Somos dos polos opuestos que se atraen con fuerza. Todo lo que nos rodea, el lugar, la habitación, el sitio, se va de mi mente, desaparece. Solo estoy pendiente de Elia. Solo estamos Elia y yo. Tu piel contra mi piel. Suavidad. Cariño. Dulzura. Ese contacto me hace vibrar, sentir, desear, de emoción, de placer, de cariño, de amor, de deseo, de “no se qué”… Nuestros labios se juntan, unidos, no se separan, se poseen. Nuestras lenguas, juntas, se rozan, tan perfectas, juegan como dos pececillos en el agua, se compenetran a la perfección. Nuestras manos unidas, son capaces de formar una de diez dedos. Elia se trasforma en Lorena, y Lorena ahora es Elia. Calidez. Calor, más y más calor.

Ven, princesa. Solo hay una persona que puede hacerme creer que vuelo y esa eres tú. Agua. Quema, nos abrasa la piel. Nosotras reímos. Jugamos como dos niñas. Como lo que somos. Son felices. Ríen. Ríen. Ríen. No logran contenerse. La puerta no se abre. Encerradas en un sueño. En un maravilloso y mágico sueño de amor.

Mi mente solo piensa en ti, vive por ti, respira por ti, sueña por ti. Me devolviste la palabra ILUSIÓN que había preferido desterrar. Pusiste verdadera luz a mis días y calor a mis noches frías. Me ayudaste a volver a creer en mí… y en mi VIDA. Y me ayudaste a mirarme en tus ojos y a no volver a hacerlo en mi espejo.

Y en ese momento, el final de nuestro encuentro, éramos solo dos dulces niñas. Dos chicas enamoradas. Dos niñas locas de amor, de deseo, de pasión. Dos mujeres a medio terminar.

Te quiero, princesa.


Agosto del 2004

Texto agregado el 31-07-2006, y leído por 1388 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
18-12-2006 wow, "dos mujeres a medio terminar" me encantó. escolastica
23-09-2006 Intenso y atrevido escrito a la pasión lésbica***** enmanuel
13-08-2006 En su momento te había dejado un comentario acerca de este escrito. Me gustó mucho la forma en que lo narraste, la descripción precisa de cada momento me lleva a darle forma a lo que decis. Estupendo relato. 5* Laura :) MariaL
09-08-2006 Audaz, sensual y bonito, muy bonito! Iwan-al-Tarsh
08-08-2006 Sin limites***** Ciiara
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