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****FALENA****


Su boca era una herida roja en su rostro de mujer. Besos asesinos la acuchillaron con sus lenguas afiladas, y su savia venenosa. Sus ojos, dos estrellas grises de plástico que ocultaban unas pupilas color de miel. Su cabellera, maraña de tirabuzones rubios que pendían de su cabeza y se depositaban airosos en su espalda.
Caminaba erguida, con sus senos en alto, turgentes, dejando ver las huellas de sus pezones
estampados en la remera ajustada a su armonioso cuerpo. Subida a sus botas negras de altos tacos, firme en su andar, soberbia, caminaba la oscura calle, sensual, provocativa.
Sus pocos años habían desaparecido de su rostro, parecía una mujer, cualquiera le hubiese dado más años de los que tenía, tal vez 25 o algo más, pero aun no llegaba a los 20.
Su rostro a veces denotaba el cansancio que llevan aquellos que la vida ha golpeado incesantemente, pero sus ojos ya se resistían al llanto, ni una gota más de lágrima, ya basta.
A veces se sentaba en su cama, y se desprendía del disfraz, ataba su cabello, desmaquillaba su rostro, sacaba el gris de sus ojos para dar paso a su mirada triste de miel silvestre, y se olvidaba de todo, descalza, casi desnuda, solo con su ropa interior se movía libre por el cuarto, escuchando algún blue, se tiraba en su cama, con la mirada perdida en el techo, recordaba su pueblo, su infancia feliz, su vida, que de pronto se transformó en triste, gris, sin futuro.
Una mañana de septiembre, su nostalgia y su dolor eran mas pesados que de costumbre, hacia días que no dormía, ese día era uno de esos que odiaba haber nacido, era un día que marcaba su vida mas que el día de su nacimiento, era el día de su muerte, ya aclaraba cuando regresaba a su modesto departamento, paso por una farmacia, y compro un frasco de pastillas para dormir, necesitaba descansar, de ese cansancio de casi cinco años, de esas noches de vigilia, descansar era la consigna….descansar como fuera.
Esa mañana recordó el día más triste de su vida, cuando decidió dejar su casa, cuando decidió comenzar su largo camino al suicidio.
Era la única hija mujer de cuatro hermanos, su madre una mujer sumisa, madre y esposa, mas esposa que madre, pensó Sara muchas veces, pero buena mujer, dedicada a su familia, con firmes convicciones religiosas, nunca faltar a misa, nunca dejar de rezar antes de dormir, nunca mentir, nunca robar, nunca… nunca nada que pudiera ofender a Dios.
A los 10 años le comenzó a hablar de la vida, de los cuidados que debe tener una niña, de los hombres, de lo malo que pueden ser, de los pecados, aun Sara no conocía nada de eso, era ingenua, jugaba aun con sus muñecas, soñaba con ser como su mamá, encontrar un hombre como su papá, y ser feliz. En su mundo de pueblo chico, de manos tendidas, de solidaridad, donde todos se conocían, como poder pensar que allí existía el pecado, que allí alguien podría hacerle daño, ese lugar era un lugar seguro, jamás se había sentido con temor.
Sara fue creciendo, su cuerpo dejo de ser el de una niña delgada, casi desgarbada, sus ojos tomaron el brillo del lucero de la tarde, su piel la tersura de los pétalos silvestres, su cabellera caía sobre su espalda como cae el agua de la cascada, deteniéndose en su cintura,
Sus piernas se alargaron, eran dos torres torneadas, y su boca era perfecta fruta roja, su caminar hacia menear su cadera en una forma muy sensual, a sus catorce años su cuerpo había pasado ya a ser el de una mujer, pero ella aun conservaba la ingenuidad de una niña, por lo cual no se dio cuenta lo que estaba sucediendo, su padre siempre afectuoso con ella, siempre pendiente de su princesita, se desvivía mucho mas por ella, a medida que pasaba el tiempo, mas la abrazaba, la besaba, la retenía en sus brazos. Decía cuan orgulloso estaba de ella.
A medida que el tiempo pasaba Sara se fue dando cuenta que su padre ya no la miraba igual, sus ojos tenían otro brillo, tenían una mirada que ya no era la que ella conocía, algo la puso alerta, algo la intranquilizó, empezó a alejarse de sus caricias, de sus abrazos, es que las manos de su padre ya caían sobre su cuerpo con un calor desconocido. Comenzó a tener en cuenta las conversaciones de su madre, su prevención en contra de los hombres, comenzó a sentir que su padre ya no era su padre, sino se comportaba como un hombre, y sintió miedo. Trató de tranquilizarse, de borrar esa sombra que la entristecía, quería hablar con su madre pero un nudo se hacía en su garganta, y le impedía hacerlo.
Una noche de verano, sus padres salieron con sus hermanos a tomar un helado al centro, y dar la vuelta al perro que le dicen, ella decidió quedarse, leer un libro y escuchar música, vanos fueron los reiterados pedidos de su madre para que los acompañara, se metió en su habitación, dejo la puerta entreabierta y se tiró en su cama, no sin antes ponerse cómoda, se saco sus jeans, su camisa y se puso un short, y un top, hacía calor, demasiado para su gusto, habían pasado unos 15 minutos se abrió la puerta de su cuarto y vio entrar a su padre, su cuerpo se conmovió, no supo al principio porque, lo sabría mas tarde, tal vez intuición de que algo grave sucedería, el se sentó a su lado, comenzó a acariciarla, su miedo la paralizó, lo miraba con un miedo atroz mientras escuchaba casi susurrante a su padre
:-que pasa linda, porque tan tensa, papi, no te haría nunca daño.
Esas palabras retumbarían en su cabeza mucho tiempo, jamás las olvidaría y la perseguirían en sus sueños, y en sus noches de insomnios.
Petrificada, en los brazos de su padre, sin atinar a nada, empezó a ver como se caían sus estrellas, sus sueños, como se apago su sol, como cayo en un pozo negro, sin fin
mientras su cuerpo moría bajo el cuerpo de un hombre que ya no conocía, sus ojos cerrados, muda totalmente, solo escuchaba un jadeo, y un susurro:
-papá te ama BB, nunca te haría daño, sos mi princesita, sos mi nena…sos mía
El hombre se levantó, la miró, y comenzó a vestirse, ella aun inmóvil, no miraba nada, el se acerco, tomo su cara, secó sus lágrimas, beso su frente como cuando era el papá tierno que la llevaba a la cama y le contaba un cuento.
:-papá te ama, nunca te haría daño, este será nuestro secreto, voy por mamá, vestite, lavate la cara, que mamí no te vea así
Con el temblor en su cuerpo, con el dolor en su alma, se dirigió al baño, sentía su cuerpo adolorido, sintió rabia, dolor, odio, sentimientos nunca conocidos, se miro al espejo, no era mas la niña, abrió la ducha, y dejo que el agua corriera como sus lágrimas, quería gritar pero no salía de su garganta ni un mísero sonido, quería morir pero no sabía como hacer que la muerte la escuchara, cuando sintió que llegaba su familia, se seco y se metió rápidamente en su cama , su madre se acerco a la habitación al verla dormida beso su frente y se retiro a su cuarto, Sara temblaba, sintió los pasos de su padre en el pasillo, vendría, entraría, la tocaría sus nervios estaban a punto de estallar, pero no, paso por delante de su cuarto y no entro.
Sara quería llorar, gritar, pero ya no salían más lágrimas, y además creía haber quedado muda, con sus ojos irritados, sin poder cerrarlos permaneció gran parte de la noche en vela, hasta que el mismo dolor, y el shock del momento vivido la vencieron y se quedo dormida
Al despuntar el alba, un sol brillante y cálido entro por su ventana, se incorporo en la cama, Sara la niña había muerto, se levanto despacio, casi levitando para no hacer ruido, se vistió con sus jeans y su remera con la imagen de la madre de Calcuta que había echo grabar cuando fueron de vacaciones, puso en un pequeño bolso algunas cosas, pocas prendas, pero su pequeño álbum de fotos, su cuaderno de poemas de Benedeti y Alfonsina, su libro preferido, el que le regalara su madre el día de su santo, y su rosario de nácar regalo de su abuela, salto por la ventana y se alejo de su casa.
Donde iría no lo sabia, donde nunca nadie la encontrara, donde nunca nadie pudiera ver su rostro ni sus ojos, el pueblo apenas se desperezaba, pocos la vieron ir hacia la estación, cruzó las vías, pero siguió hasta el camino y comenzó a caminar con paso firme, con la resolución de alguien que ya no tiene pasado, ni presente, y solo mira al futuro, ella miraba ya sin esperanzas, ni ilusiones.
Sara vio venir un vehículo de la carretera, respiro hondo, cerró sus ojos y pensó en las chicas que muchas veces veía en las películas haciendo dedo, parada en la banquina, temblorosa, imitó a aquellas chicas, el auto paro, manejaba un hombre de mediana edad, abrió la puerta del auto y ella subió, temblaba como una paloma herida, y estaba herida, su corazón estaba herido de muerte, su alma agonizaba, pensó que no podría hablar, pero un sonido gutural partió de su garganta, no era su voz, no la reconoció, como si alguien se hubiese posesionado de su cuerpo, se sintió extraña, no era Sara, era una nueva mujer, que se paría dentro de su cuerpo.
De ahí en más, todo era nebuloso, la gran ciudad, el hambre, el frío, el dolor de la soledad, y esa mujer que la llevo a su cuarto una noche, que le dio de comer, que la vistió convirtiéndola en falena y la llevo de su mano a volar por las oscuras callejuelas, donde ella era la luz, donde los brillos de las lentejuelas eras luciérnaga encendidas en la noche.
Sara secó una lágrima de rimel, se sentó en la cama, y por primera vez en casi 5 años pensó en su madre, en sus hermanos, en lo que pudo ser de su vida y no fue, y entonces como nunca lloro a gritos, desgarro lo poco que quedaba de su alma, se puso a escribir una larga carta para su madre, donde solo le decía lo mal que se había portado, lo mala que había sido, no tenía sentido ya decirle a su madre la verdad, otro dolor¿ para que?, cargo con las culpas, todas y cada una y tomo el frasco de pastillas que había comprado esa mañana en la farmacia.
La encontró la mujer del encargado del edificio al día siguiente cuando entro a hacer la limpieza, halló una Sara diferente, una niña aun de 19 años,
Sara no había muerto ese día, ella había muerto 5 años atrás una noche de enero, ahora solo dejaba de latir un corazón, y dejaba de existir solo un cuerpo que había vivido vació por casi cinco años.

Anngiels simplemente mujer.




Texto agregado el 13-02-2003, y leído por 591 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
13-02-2003 ¡5 estrellas para ti! Me entristece profundamente que lo que parece un cuento sea una desgarradora realidad. Con pena, naisui
13-02-2003 Es tremendo tu relatocuento, es la ausencia en vida y el dolor estrellado en un retazo de tiempo tirado ayer.Felicidades , un Beso. gatelgto
 
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