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LA MARGARITA Y EL PARAGUAS

(Arequipa verano del 2006)

Desde días atrás el clima nebuloso había preparado emocionalmente a las personas para la primera lluvia; esa tarde estaba en especial nostálgica. Gustavo miraba por su ventana el paisaje tristón de las casas enmohecidas por el ambiente y la palidez en los gestos y en la forma de vestir de las personas en la calle. Cuando Gustavo perdió su mirada en sus pensares profundos empezó la garúa y el sonido pulsante de las primeras gotas de lluvia, era una precipitación serena de gotas frías y claras, ideal para pasear como pensó, entonces tomó un abrigo y el paraguas de años anteriores, salió y pasó a buscar a Yuridia su recurrente amiga de consuelos y alegrías.

- vamos a caminar - le propuso

Ella fiel compañera de aventuras y tristezas aceptó.

- ¿qué locura hará ahora?- se preguntaba

Pero esa tarde Gustavo no tenía pensado ninguna locura, sólo deseaba no sentirse solo y gozar de la lluvia pues tenía, oculta en el carácter espontáneo, la sensibilidad de poeta, ni siquiera Yuridia podía entender esos arranques de honda melancolía que lo invadían esporádicamente.
Andaban con paso lento por la calle Paisajista la cual lleva fuera del pueblo, Yuridia había dejado de intentar hacerlo reír y gozaban juntos de los jardines empapados por la llovizna y que poco a poco con cada paso lento se convirtieron en un campo verde y húmedo con algunos árboles friolentos en el horizonte y un sesgo melancólico con charquitos de lluvia que se perdía entre ellos. Se detuvieron a ver una flor solitaria y flaca que resistía estoica y triste los golpes de las gotas de lluvia, era una margarita. Gustavo acomodó en el suelo el paraguas para que la lluvia no lastime más a la flor, se incorporó, alzó el rostro hacia el cielo para sentir la frescura de esas gotas en su piel, vio a Yuridia que sonreía tan deliciosa y bella, sin decirle nada la tomó por la cintura, la miró a los ojos grandes y traviesos; sentía que su alma se volcaba hacia ella, la besó y los nervios de adolescente le explotaron en el pecho. Cuando terminó de besarla se apartó un poco y la encontró aún con los ojos cerrados y un pequeño espacio entre los labios suficiente para otro beso, volvió a besarla. Cuando expiró el beso , cesó la lluvia y Yuridia encandilada con esa nueva locura le dijo:

- si verte sonreír como lo haces ahora me cuesta una tarde de lluvia, una larga caminata y un par de besos; estoy dispuesta a pagar siempre-

Se regresaron tomados de la mano, sin lluvia, dándose besitos y girando uno alrededor del otro, dejando atrás lo que fue el símbolo de su amor por siempre: Una margarita y un paraguas.

Texto agregado el 15-02-2006, y leído por 158 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
20-02-2006 que bonita historia, regresan sin lluvia, y en sus corazones asoma el sol eslavida
17-02-2006 Calidad de narración en un relato de amor, con tierno final. Me gustó mucho la parte del descenlace: la del beso. La brevedad del texto, la atmósfera en que situas la historia, lo lineal del tiempo, todo juega a su favor. Enhorabuena. Saludos desde Chiclayo. cvargas
 
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