Sentado en el sollado C del buque Aragón, mi cuerpo se balancea lentamente de derecha a izquierda, arriba y abajo. Más de la mitad de la tripulación suelta la comida del estómago. Yo, con sudor frío y la cabeza apunto de estallar, mantengo la duda.
Mi cuerpo se dirige a una misión de paz lejos de mi casa. Donde mi mente está relajada, intento pensar en lo que dejo atrás, que no parece ser mucho ya que prefiero dormir antes que buscar reflexiones. Ahora parece que el buque se calma, pero ha habido momentos en que parecía irse abajo. El capitán nos comentaba que, en toda su trayectoria de navegación, nunca había visto el buque tumbarse tanto. Corrían rumores de que estábamos a 3 grados de volcar. Vi el pánico en algunos rostros esperando el destino. Curiosa situación por un momento tan nostálgico. No me habría gustado acabar mi misión en el buque antes de empezar.
Aquí cada uno busca su momento de descanso solicitado por el estado de mareo que te coloca en órbita. Por lo general se encuentra en la cama o en la cubierta del buque donde el balanceo, viento, sol y sombra te deja hecho polvo.
Mi curiosidad me ha llevado a visitar todos los rincones del buque que he podido, quedándome a veces quieto mirando cómo se mueven las inmensas olas que pasan por debajo. Hasta ha habido momentos en los que yo mismo me he preguntado como puedo estarme tanto rato mirando un punto fijo, observando como pican las olas en el lateral del buque.
De momento, aún no parece que aterrice de mi hecho. Me siento simplemente navegando y sin más. Sólo tuve momentos, cuando desembarcamos, mientras levantaba mi mano despidiendo a tanta gente desconocida, en que pensé.. “Adiós..”
7-febrero-Bosnia96’
*Brigada de Cazadores de Alta Montaña* |