Salió como cada día a la misma hora de su casa. Le habían pasado muchas cosas interesantes aquel día, tenías muchas historias que explicar. Caminó durante una media hora, iba a su encuentro. Siempre estaba allí, esperándola, leyendo el periódico y tomando su café de media mañana.
Luis era un hombre de costumbres, cada día hacía lo mismo. No variaba nada en su ruta y le encantaba, aunque siempre estuviese quejándose. Aquel día entró como siempre, con su brillante sonrisa, él ya había llegado y estaba sentado sólo, esperando que la camarera le trajese su café.
Ella se sentó, como cada día, y después de darle un beso, comenzó con la verborrea que tanto la caracterizaba. Él ni se inmuto, perplejo por todo aquel discurso, la miraba con cierto desconcierto, lo cuál a ella no le extrañaba. Siempre andaba boquiabierto, escuchando sus palabras, esperando un pequeño aliento de ella para poder intervenir. Después de un cuarto de hora sin dejarle ni hablar, le tocó su turno.
Pero qué dices? dijo él.
Qué decía de qué? Por qué se estaba sintiendo como un bicho raro?
Ella, que hasta el momento no era consciente, se sonrojó. Al fin se había dado cuenta, había aterrizado y notaba sus pies y su boca, más paralizados que nunca.
Pero Marta qué te pasa?
Ella recordó rapidamente lo ocurrido aquel día, como si de un flash se tratará. Habían pasado varios meses ya, y revivió toda su conversación. Punto por punto, palabra por palabra, gota tras gota.
Avergonzada sin saber hacia donde mirar, le dijo: lo siento, no recordaba que me habías dejado por otra.
Marchó rapidamente buscando un sitio en el que poder cobijarse.
Al salir de la cafetería, chocó con una chica con mirada dulce, ojos miel y cabellos rubios teñidos de largo tiempo. Sabía que era ella, sabía que ya tenía nueva compañia para su café, pero ya casi no le importó... sólo intentaba recordar...qué había hecho durante todo aquel tiempo? |