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Inicio / Cuenteros Locales / Janio / Los cuentos, los cuenteros y yo

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Soy panameño y cuentero, pero de los que los leen y no de los que los escriben o los cuentan. La lectura fue una pasión que adquirí desde mis más tempranos años. Afirma García Márquez que, quien no aprende a leer a los seis años, no aprende nunca. Eso me ocurrió a mi y a mis hermanos y hermana. La literatura es tan importante en mi vida, que no se me entiende sin ella. Ha pasado a formar parte de mi identidad.

Hay algo muy bueno en mi vida que me vincula a la novela y al cuento. Pero sobre todo, al cuento. Yo nací en una familia extensa. Madre, padre, tíos y, sobre todo, un par de abuelos que, por su edad, habrían podido ser mis tatarabuelos. Sucede que mi madre nació cuando mi abuela tenía casi 50 años y mi abuelo 62. Un disparo certero, la verdad. Mi abuelo nació en 1889 y mi abuela en 1902. Ambos murieron centenarios y en el uso de sus facultades mentales hasta pocos días antes de morir. Y, lo más importante, eran cuenteros irreductibles, impenitentes. De esa charla de fogón, alrededor de una buena marmita de café, siempre por hablado y nunca por escrito. Mi abuelo fue pionero de la región en donde nací. Lo que ahora los sociólogos y demás cientistas llamarían una frontera agrícola, allá por 1920. Me fue dado conocer a sus compañeros y amigos de esa aventura. Hombres y mujeres heroicos que con un machete, un hacha y una escopeta, se internaron en montañas inhóspitas con el sueño de construir su realidad.

Esas historias, esos cuentos, esas aventuras las conocí de boca de quienes fueron sus protagonistas y me formaron para el resto de mi vida. Campesinos rústicos pero nobles. Unas bestias de trabajo, pero con una infinita alegría de vivir. Con un amor a la vida a toda prueba. El trabajo era una extensión del ruedo del baile. O, el baile, una consecuencia del trabajo. Creo que nuca tuvieron conciencia de lo que eran, de quines eran. Nunca se percataron de la extraordinaria aventura que fue su vida. Eran constructores de historia y no lo supieron nunca. Hoy, 80 años después de haberse dado el primer hachazo, nadie imaginaría que las estancias, agroindustrias y la pujanza económica de esa región, fue debida a la determinación temeraria de un puñado de hombres y mujeres sin más herramientas que su voluntad de vivir.

De esa época heroica no queda nada en el recuerdo de las nuevas generaciones, a las que yo pertenezco. Vivo a miles de kilómetros de la patria que me vio nacer, del terruño en donde correteé en los prados aledaños a la casa materna. Mis horizontes son otros. Mi futuro, en otra dirección. Ya el machete, el azadón, la marmita de café y el fogón se han trocado por una computadora, por el ciberespacio o por un horno microondas. Además, la conciencia de que el mundo es más amplio que los límites impuesto por la geografía feraz que me rodeó en mis años de infancia y primera juventud. Pero, e allí la patria: “la patria es el recuerdo, pedazos de la vida envueltos en jirones de amor o de dolor”. Porque

“La Patria son los viejos senderos retorcidos
que el pie desde la infancia sin tregua recorrió
en donde son los árboles, antiguos conocidos
que al paso nos conversan de un tiempo que pasó"

En vez de esas soberbias torres con áurea flecha,
en donde un sol cansado se viene a desmayar,
dejadme el viejo tronco donde escribí una fecha,
donde he robado un beso, donde aprendí a soñar...”

Es por ello que los cuentos iluminan mi presente y abren trocha hacia el futuro. Es una gran fortuna haber contado con esas extraordinarias mujeres y hombres en mi pasado. Es invalorable el haber podido conversar con el dueño de la aventura, trocada en cuento. Es imposible ponerle precio a tanta vida vivida, a tanta poesía construida con la simple existencia de quines formaron parte de mi más cercano círculo parental en mi primera infancia. Hoy, recuerdo. Pero no desde la nostalgia. Sino desde la esperanza. No desde el llanto por lo que pudo ser y no fue, sino desde la alegría del futuro inminente, lleno de días, lleno de lotes baldíos, en espera de quien quiera habitarlos.

Sí: es cierto. Me gusta el cuento. Por fortuna, los puedo leer, se pueden escribir. Quizá la única nostalgia que me quede de esa edad portentosa, es la imagen de las selvas infinitas, de la lluvia fría e incesante que llamaba al recogimiento, a la conversa, a la amistad. Y, he allí, la hora propicia para el cuento, el momento adecuado para iniciar la aventura de narrar una aventura. Y algo muy importante aprendí de mis mayores: el cuento hay que respetarlo, cuidarlo y no permitir que nadie lo manosee impúdicamente con narraciones ordinarias, obscenas o llenas de morbo y ordinarez. No, el cuento es sagrado porque comunica lo sentido en las fibras más íntimas de quien lo cuenta. Y, quines escuchan, así lo saben. No es sólo el contenido. No son sólo las palabras. Es su forma, es el giro lingüístico, la entonación, las pausas, los silencios. Un momento para alzar la voz. Un momento para guardar el silencio expectante, lleno de misterios y, hasta de temor por lo que vendrá. Aprendí, también, que el cuento es real, es una verdad a la que se le añaden detalles, se le agregan kilos o kilómetros, días o noches. Todo ello está permitido. Pero la base sustantiva debe ser la vida misma. A ello, hay que agregarle una extraordinaria dosis de humor, así sea el cuento sobre lo que ocurrió en el último entierro: debe ser alegre, invitador de la risa y de la sonrisa y, en fin, debe conservar la frescura de lo desconocido, pues porque por más que se cuente un cuento, nunca terminará, siempre tendrá algo nuevo que lo hace libre, sin cadenas, sin ataduras, puesto que la historia ya no le pertenece al protagonista: la historia le pertenece al cuento, al cuentero a la vida y al infinito...

San Salvador
4 de agosto de 2003

Texto agregado el 05-11-2003, y leído por 595 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
21-04-2006 Gracias JANIO, por tu amistad, y tu talento, por saber compartir, y por permitirnos entrar en "tu bello mundo", ese que tenemos todos los que creamos en nuestro corazón. Me alegra conocerte, y saber que un hombre tan interesante de ese magico pais, con esos paisajes soñados, forma parte de los talentosos "cuenteros " de este personal sitio.Besos JANIO.***** buglione-escritora
25-03-2006 Janio, ¿a quién debo agradecer el haber llegado hasta este lugar? Bellísima reflexión, toda una teoría literaria expresada en palabras muy sencillas, desde la sabiduría más profunda que se pierde en la noche de los tiempos. Es muy bello tu trabajo, esa incorporación de dos estrofas que dicen tanto ... El último párrafo, no tiene desperdicios.Hoy, la psicología, la pedagogía, la lingüística, la historia, hacen denodados esfuerzos para recuperar dos valores que se han perdido en el urbanismo: la oralidad y el relato. En nuestra América, qué gracioso. Si no fuera tan trágico me pondría a reír. Hoy los estudiosos intentan recuperar como valioso aquello que un día borraron de las pautas culturales por primitivo y obsoleto. Te dejo mi más profundo reconocimiento, mis felicitaciones, y mis 5*, que realmente son pocas. saraeliana
19-03-2006 Interesantes reflexiones, sentidas y certeras. aukisa
20-06-2005 aprendo mucho leyendote, y agradesco que existan aun quienes tienen en la memoria afectiva algo mas que sus propias hazañas y sufrimientos, algo mas que una vida generacional, sino un entorno que hace vida, una huella que marca una senda para caminar de frente respaldado y conciente de ser en plenitud, mis respetos ***** janine
29-04-2005 Creo que me pasaré el resto de la tarde en esta página, realmente como dicen más abajo, haces detenerse un momento y reflexionar, degustar la narración y llenarse de ella. Has dicho muchas verdades y te agradezco lo que rescataré para mi propio trabajo, que ufffffff.....años luz del tuyo. Tienes ese oficio que da.....no sé, ¿los años?...naaaaa, ¿la experiencia?...........tampoco, tal vez es parte de tu genética intelectual, vivencial, en fin, algo que se lleva en la sangre y en el alma. ¿Así que a veces los sacas de la página?, nooooo, vuélvelos a subir. ***** tu_risa
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