Te quiero por tus ojos,
del color de mis sueños,
de luz adolescente de iluminar mi vida,
de hablar cuando estás callada,
de despedir brillo y magia intensa cuando te reís,
de renovada esperanza de vivir
que me invade cada vez que me sostienen la mirada.
Te quiero por tu olor,
a miel pura,
a dicha,
a viento suave de mar dulce en verano,
a flor que florece,
a septiembre eterno,
a todos los olores que me traen recuerdos
y me conmueven,
a todos lo olores que persigo
y añoro cuando no estoy con vos.
Te quiero por tus labios,
de fruta madura,
de tibia humedad,
de terciopelo púrpura,
de soplar el café antes de tomarlo,
de querer besarlos largo, suave, dulce..,
sin apuro.., despacísimo,
de soñar descansar un siglo sobre ellos,
de tomar la forma del beso amante
en mezcla de explosión y de calma.
Te quiero por tus manos,
de la forma y el color que amo,
de acomodarte el pelo convocando hermosura,
de cálido contacto cuando las acaricio contra tu voluntad que elegante rápida disimulada las retrae,
de poder reconocerlas entre millones de manos,
de acunar suaves mis fantasías,
de tenerme a mi
en una línea nueva invisible corta dentro de su palma.
Te quiero por tu ombligo,
de desconocido y sensual secreto,
de fugaz visión en mi memoria,
de dulcísimo e indescifrable misterio,
de beber de allí toda el agua clara
de tu inmadura juventud,
de deseo prohibido,
de inquieta adicción de besarlo hasta el cansancio.
Te quiero por tu risa,
de calmar ansiedades,
de haberme enamorado desde el primer día,
de mostrar blanquísimos luminosos
y sensuales dientes,
de llevarme de un sueño a otro
en su suave ritmo de marea,
de inspirar versos de emoción enloquecida,
de hacerme esclavo de su existencia,
de estar repleta de caricias
que me incitan a amarte.
Te quiero por tu claridad,
de tener todo resuelto,
de no dejarte querer
pero no decirme que no te quiera,
de deshacer toda táctica y estrategia de conquista,
de guiar mis movimientos,
de perdonar que te diga lo que digo
y entender que no hay modo de no decirlo,
de darme sueños y quitarme paz,
de despertar ternura y pasión eternas,
de resistirse a abordar el fondo de un amor distinto,
de saber cuánto te quiero y no estremecerse.
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