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Inicio / Cuenteros Locales / sweet_666 / El espejo

[C:160830]

Éramos los amantes perfectos. Nos amábamos locamente. No había en el mundo nadie, mas que nosotros mismos y nuestro amor. Jóvenes, pretenciosos, eternamente enamorados. Llenos de vida, hermosos por dentro y por fuera. Nos adorábamos con el sólo hecho de escuchar el susurrar de nuestros besos, el cantar de nuestros cabellos, y las sílabas que pronunciaban nuestros corazones. Amores como el nuestro, quedaban, (se los aseguró), muy pocos. ¿Qué mas puedo decir?, lo conocí y lo amé. Siempre fue una historia de amor; desde el primer instante en que nuestros ojos se cruzaron,saltaron de ellos, brillos de pasión y en nuestro corazones, habían ya latidos de amor.
Viví de su ternura, de sus caricias, de sus besos, de sus palabras, de sus brazos, de su pasión. Estaba dulcemente atada, aprisionada, encadenada, a todo lo que procedía de él. En mis labios, recidía su nombre. En mi mente, su cuerpo. En mi corazón, su alma.

Legalmente, éramos dos desconocidos.
Intimamente, cómplices. Sabíamos de nosotros, al amar, conocíamos cada suspiro, cada sensación. Mutábamos, uno en el otro, adoptando y tomando nuestros cuerpos. Nuestras almas se fundían con la pasión. Nuestros corazones se unian.
Y también nos predecíamos en la rutina, y a la vez, la rompíamos.

¿Porqué se ama?

No lo sé. Pero puedo asegurarles, queridos lectores,
que lo que más amaba yo de este hombre, era la forma en que todas las mañana se miraba en el espejo. No por vanidad, no por orgullo, ni por ego.
Se miraba en el espejo, e instantaneamente me agarraba por la cintura y me situaba delante de él. Y juntos contemplábamos aquella, nuestra dulce figura.

Y luego, Él murió. No supe el porqué, ni el cómo;
o por lo menos, no al principio
Este amor, excesivo, compulsivo y apasionado, me cegaba completamente.

Una fría noche de otoño olvidado, lo esperaba, sentada junto a la mesa. Preparado estaba el ambiente, me decidía a pasar una velada hermosa, junto al hombre de mi vida.
En la radio, sonaba una balada. Fue así, como la espera de mi amor, se hizo muy dulce.
Mas de repente, quebrando aquella paz incansable dentro de mi alma, el teléfono sonó.
Mi voz, dulce y tierna, así contesté. ¡Iluso pensamiento, de que fuera mi hombre quien llamaba!
Afirmativamente, un hombre era. Mas no el mío.

- ¿Es usted Alice [..]?
- Así es. Dije
- Lamentamos informale que Robert [..], ah muerto en un accidente automovilístico. Mi nombre es Alexander Farrel, polícia del estado. Encontramos su número en la billetera del difunto. Y su nombre en una carta que será mejor, llegue a sus manos pronto.

- Imposible señor. Mi esposo está en camino desde el trabajo, hace no mas de media hora que hablé con el por última vez.

- Señora, entiendo su conmoción. ¿Acaso su marido conducía un Mustang XIV 768?

( hay un silencio espeluznante )

Le recomiendo, se acerque hasta la Rue Revoir.

Luego, Farrel dijo:

- Su querido esposo ah .. muerto.

Desde ese momento, no supe nada mas. Sentí que al pronunciar aquellas palabras, estaba insultandolo. Él había muerto, mas Farrel no debía pronunciar esas palabras.
No hizo falta mi presencia en el lugar del accidente.
Unas horas mas tarde, cuando supe que mi esposo nunca vendría, llegó una especie de alumnado de la morgue, trayéndome el cuerpo.
A la vez, hiciéronme preguntas sobre el entierro o si prefería donarlo para estudios de medicina.

En estado de shock, los eché a todos de mi casa.
Envuelta en odio, con la furia y el dolor en mis puños, deposité el cuerpo de mi amado, en aquel, nuestro jardín trasero. Lo enterré en una noche fría, oscura y tormentosa.
¡Lo enterré! ¡Lo enterré! ¡A él! ¡Ay Dios mío!

Corrí, subí a nuestra habitación. Vi mi cama, es decír, nuestra cama, nuestras sábanas, nuestro espejo. Nuestra vida, tirada por la borda.
Y luego, volví a correr. Nuevamente miré, al espejo.
Me detuve delante de ese espejo en el cual nos habíamos contemplado tantas veces..tantas, tantas, que impregnada se encontraba, todavía nuestra imagen. Ahí estaba yo, de pie, temblando y con los ojos clavados en el cristal, en ese liso cristal, enorme y vacía cristal que lo había contenido todo entero, que lo había poseído tanto como yo, tanto como mi apasionada mirada. ¡Oh, el recuerdo! ¡Cuánto sufro!

Me marché del aquel espejo.
Recordé la voz del policía hablándome de una carta. Como loca, volé por las escaleras de madera, hasta lleguar al jardín. Con la mente en blanco, desenterré el cadáver de mi amado. ¡Ay de mí, la locura residía mis pupilas, la demencia dormitaba en mi corazón!
Busqué sin pensarlo entre los bolsillos de su pantalón.Y nada. Luego en su billetera. Y nada.
Pero, de pronto, vislumbré en su camisa, en el bolsillo superior izquierdo de su camisa. Allí estaba, un blanco papel, con escrituras en color negro ébano. Se situaba al lado de su corazón.
Cuando por fin estube más calmada, la abrí.
Ella, contenía las mil y un verdades, que mi alma desconocía. Las verdades que nuestro espejo, nunca me mostró por las mañanas.

Lloré con la frente apoyada en su marchito cuerpo, pensando en nada. ¿Cómo pudieron ser claros mis pensamientos en aquel entonces?.

Mas tarde, releí, aquel maldito texto:

"Querida mía, siempre te amé. Desde el primer día que lo hago. Intento escribirte en esta carta, aquello que no puedo decirte con palabras. El día que esta llegue a ti, será porque he muerto. La conservo hace 7 años, en el bolsillo izquiero de todas las camisas que ocupo. Justo al lado de mi corazón. Nunca pude entregartela, y tu nunca notaste su presencia. Es esta carta, la prueba de la infidelidad mas clara y grande. Y no me alcanza el valor, para decirte los años que llevo engañándote.
Traicioné no solo a la mujer de mi vida, sino que a mi amante también. A ti, amor, te engañaba con ella. Y a ella, la engañaba contigo.
Pero el sabor de lo prohibido, me hizo amar a dos mujeres por igual. Una vez que empesé no pude parar. La adicción del deseo, pudo mas.
No sirve de nada que te enteres de detalles. Merezco el infierno, morir, y sufrir. De la misma forma que he hecho sufrir a mis dos amores. No soy digno de ustedes.
No pretendo me perdones, mas si recuérdame.

Con Amor,
..
Tu esposo (si es que vale la pena, que me llames así)"

¿Qué hacer?

Lo odié, lo amé, lo lloré y hasta recé por el. Todo al mismo tiempo. Dejé pasar los días, dejé que las horas pasaran por mi vida, dejé que las lágrimas y la pena transformaran mi rostro. Y al llegar el rencor a mis puños, supe que hacer.
Llevé el podrído cuerpo al cementerio. Y pedí urgentemente un entierro. Este se encontraba con una figura casi macabra. Pero era inevitable, no seguír amándolo. Incluso lo había perdonado. Ver como se despedazaba de apoco entre mis brazos, a la espera del entierro, me hizo recordar los años vividos a su lado. Nada de lo sucedido este último tiempo puede ser cierto. Los años mas maravillosos de mi vida, fueron una farsa. Y yo, igual lo amaba.
¿¡Cómo!? me pregunto como fui tan idiota, y estúpida.

Luego del entierro, las sensaciones de culpa, y desamor continuaban. Mas nunca deseé su muerte; hubiera preferido la verdad, antes que este abigarrado final.

Al llegar a mi casa, volví al espejo. Oh, aquel espejo, mi único fiel.
Al contemplarme sola, grité:

-¡Espejo triste, ardiente, horrible! ¡Espejo que me haces sufrir todos los tormentos! ¡ Dichoso el hombre cuyo corazón, como un espejo por el que pasan y se borran los reflejos, puede olvidar todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha contemplado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro! ¡Cuánto sufro!

Y así fue, lo culpé a él, todo el peso de la fatal tragedia, residió en él. Por haber guardado tantos recuerdos, por ser solamente un comunicador de imágenes, por tener que verlo todos los días.


Texto agregado el 27-11-2005, y leído por 92 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
30-12-2005 Me gustò. Tiene una que otra falta de ortografia pero esta bien narrado. Un consejo trata de no narrar en primera persona, le quita fuerza al relato. Suerte y escribe màs cuentos. theonlyerath
23-12-2005 Veo que tienes talento narrativo. Tienes fluidez en las palabras para contar una historia muy bien hilada. Seguiré tus pasos Akeronte
14-12-2005 Me gusto. Ojo...es una narración, no es poema. honeyrocio
 
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