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Llevaba mi amuleto en el bolsillo de mi pantalón gastado de jeans negro, ajustado y desflecado prolijamente en los bajos.
Lo apretaba entre mis manos con desesperación, es que le había encargado todo, él me ayudaría a que tuviera suerte le tenía una fe ciega, como cuando era niña y le pedía por las noches lo que se me antojaba, y al despuntar el día me levantaba con la seguridad de tenerlo y se me daba, mi padre me mimaba aun a pesar de los enojos de mi madre, el consentía mis caprichos y mi amuleto hacia su parte, pues por lo menos eso creí siempre.
Lo sentía frío en las palmas de mi mano, y mis manos heladas y transpiradas, con esa transpiración fría del nerviosismo.
Apretaba mi amuleto, y mis dedos se cerraban a el, mientras invocaba a todos los santos, a todos los Dioses, al olimpo en pleno, al cielo con sus ángeles y serafines, a mi Dios, y a mi Cristo, a todas las vírgenes, y creo que hasta al mismo demonio para que se cumpliera mi sueño.
Caminaba con seguridad, nada podía pasarme, nada podía salir mal, mi amuleto no podía fallarme, confiaba mas en el que en todo lo demás, aun las estrellas brillaban y la luna era un inmenso círculo de plata con rayos de acero que iluminaban el camino, sabía que debía llegar antes del amanecer, me había costado saltar por la ventana, no hacer ruido para no despertar a nadie y tomar valor para cruzar el largo camino de mi casa hasta el parque, pero nada podía pasarme, llevaba mi amuleto, mi querido amuleto, lo sentía en mi mano, sentía su frío en mi piel, lo malo era que me había retrasado un poco, y pronto saldría el sol, y eso me daba temor, porque no debía salir antes de llegar, mi amuleto no serviría, moriría su poder con los primeros rayos del sol.
Llegue al parque, seguí el caminito que iba al lago, vi su figura recostada en la baranda, era él, por fin nos encontraríamos solos, por fin podría sentir su voz, ver su rostro soñado y desconocido.
Tantas noches, tantas tardes, tantas horas de encontrarnos a través de esos largos meses en los privados del chat, soñando, con este encuentro.
La cita desde un primer momento fue planeada así, en la madrugada, cuando aun no saliera el sol, cuando la luna se bañase aun en el lago, para poder ver juntos cuando el sol se saluda con la luna, ese seria el momento mas maravilloso vivido juntos, un bello recuerdo de nuestra primer cita, ya estaba saliendo el sol, mi amuleto parecía escurrirse entre mis dedos.
Me aproxime, el dijo mi nick, ¿Luna?, yo susurre el suyo ¿Sol negro?, me tomo en sus brazos, y me aprisionó a su cuerpo, me beso sin dejarme casi respirar, temblaba como una hoja, mi mano sujetaba el amuleto, que parecía diluirse dentro de mi bolsillo mas a prisa a medida que el sol asomaba sus rayos, sentí miedo, el seguía besándome, no decía palabra, sus manos se multiplicaban en mi cuerpo, su desesperación por tocarme, por besarme, por poseerme me aterrorizó, quise desprenderme de sus brazos, hablarle, pero fue inútil, cerró mi boca mordiéndola casi con rabia, yo temblaba, con una mano quería alejarlo, pero la otra no quería soltar el amuleto, que cada ves era mas pequeño entre mis dedos, el sol esparcia cada vez mas sus rayos, sentí que me arrancaba la ropa, me revolcaba por el suelo, grite, o me pareció gritar, solté lo que quedaba del amuleto, y con mis manos trate de separarme de él pero no pude, el sol termino de salir, él frente a mi desesperación y lucha por sacarlo de encima saco una sevillana de su bolsillo y la coloco en mi cuello tapando mi boca.
_sacate la ropa nena, dale no perdamos tiempo, llevo mucho tiempo esperando esto.
Me negué, lloré, supliqué, él rompió mi pantalón, lo arrancó, y sentí su cuerpo hundirse en el mío, sentí su respiración y su jadeo y luego su cuerpo caer sobre el mío exhausto, mi mano aún buscaba mi amuleto, pero como encontrarlo, si se diluyo con el sol, es que tomé un rayo de luna al salir de casa y lo metí en mi bolsillo, como cuando era niña y lo metía debajo de mi almohada, las últimas lagrimas marcaban surcos en mi rostro sucio de tierra , como la sangre que fluía de mi cuello en torrente hacia la verde hierba, mientras mi mirada se opacaba viendo a un hombre alejarse corriendo.
El sol ya se había despedido de su amada, mi amuleto se perdió como mi vida detrás de una ilusión

Anngiels simplemente mujer

Texto agregado el 16-01-2003, y leído por 442 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
17-01-2003 Me encantó cómo expresaste las sensaciones. mcavalieri
17-01-2003 Bien relatado, Ana Cecilia. AnaCecilia
 
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