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Inicio / Cuenteros Locales / SusanaSerra / CARTA A UN ETERNO DESCONOCIDO

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Hoy es tu cumpleaños y quise escribirte esta carta. Pero en realidad hoy no es tu cumpleaños, ya pasaron cuatro días, desde que me estoy proponiendo escribirte y cosa loca ¿no? por una causa u otra real o “inventada”, me fui dejando estar y el día de tu cumpleaños 30 de setiembre no te la escribí.

¿Será quizá porque nunca pude darte una carta, o una “cartita de nena” o una “tarjetita” hecha primorosamente con todo el dorado, el plateado, la tinta china y la brillantina que se me ocurrían para hacerlas ”preciosas” y que vos tanto admirabas y prometías conservarlas con esmero y cariño, justamente cuando llegaban a tus manos tres o cuatro días después, como hoy, o quizá días antes porque ¡un negocio importante! o “un viaje imprevisto te impedirían compartir ese día conmigo"?.

Quiero pensar en este momento cuándo fue el momento en que te conocí y me retrotraigo en los años. Hoy cumplís noventa y ocho ¿qué edad tenías cuando te conocí?. Sé que vos me conociste a mí un día o dos después de haber nacido ¿será por eso que también, salvo raras y contadas excepciones, mi cumpleaños para vos eran dos o tres días después del de mi nacimiento?, Navidad era el 23 o el 26, año nuevo quizá el 2 o 3 de enero y Reyes el 8.

Quizá pensándolo jocosamente, todo lo que te sucedía a vos era una resistencia a lo estipulado en el calendario ¿no?. Y sería tan simple entenderte si entendiera eso verdad?. Pero no fue tan simple. El tiempo me fue demostrando y hoy, en mi vejez comprendo, que no fue una pelea la tuya contra el almanaque, sino que “siempre” por una causa u otra, hubo algo más importante que yo, para vos. Triste, pero real.

Salíamos a cenar a altas horas de la noche cuando yo ya cansada de esperarte me había dormido y volvía a levantarme y a vestirme. O salíamos a comprar montones de regalos y dulces ricos para celebrar mi cumpleaños ya pasado.

La única vez que recuerdo la fecha exacta y vos llegando a celebrarlo fuel el día en que cumplí tres años, me dejaste una pulsera, pero ese día te echaron de casa, así que no pudimos celebrarlo y sufrí mucho con mi pulserita nueva.

Pero no son solamente las fechas y los cumpleaños los que me llevan hoy a escribirte:


Quise hacerlo para preguntarte por primera vez ¿quién sos? ¿quién fuiste? ¿qué eras?.

Tu vida para mí significaba mirarte “entre bambalinas” de tanto en tanto representando tu papel, pero en realidad ¿quién eras?.¿Qué sentías? ¿sufrías? ¿me quisiste alguna vez?.

Muchos me dijeron que estabas orgulloso de mí y jamás lo sentí así, me sentí siempre “la otra” en tercer o cuarto lugar, para cuado hubiese tiempo y siempre y cuando no surgiese un compromiso, un negocio, o un cliente importante antes que yo.

¿Quién fuiste de niño?, ¿cómo fue tu niñez?, ¿fuiste feliz? ¿jugaste, peleaste, reíste, sufriste?. ¿Cómo fue tu escuela? ¿Cómo fue tu madre? ¿De qué forma sentiste y sufriste su partida a los treinta y cuatro años, tan bella y tan joven, siendo vos aún un púber?. ¿Qué sentiste cuado tu padre te trajo a tu madrastra sólo seis meses después?.

¿Qué misterio encerró tu familia que a pocos y nadie conocí?. ¿Cuál fue esa fijación tremenda que te unió a tu madre que hizo que, sin nombrarla jamás , ni mencionar su muerte, ni tu dolor, todas tus organizaciones llevaran de nombre su diminutivo “Adel” y que su fotografía pendiera de todas tus oficinas y no abandonara tu billetera, esas billeteras que empeñándose y buscando siempre las mejores y las más caras te regalaba Beba.

¿Qué fue lo que sentiste por ella?. ¿Qué fue lo que te llevó a hacer tantas locuras por ella?: ¿Amor, pasión?.

¿Qué sentías al usar tres o cuatro nombres y ninguno ser el tuyo?, uno, porque lo usaba tu madre, otro por el que te llamaba tu padre, otro para los amigos, uno para Beba y el apellido para todo el resto.

¿Qué temores?, ¿qué complejos? ,¿qué fracasos?, ¿qué miedos?, ¿qué silencios escondiste siempre?.

Insisto, no sé, quién sos. Puedo compararte a un libro viejo al que uno toma de una biblioteca y está destruido, le faltan gran parte de sus páginas, quizá las primeras treinta o cuarenta pero uno, caprichosamente quiere llegar al final, ¡aunque lo entienda a medias!.

Te preguntarás qué recuerdo de vos: Te diré, tengo una imagen, yo muy pequeñita ¿quizá dos años?, ¡Muy posible!, corriendo y corriendo hasta la esquina para verte bajar del tranvía, vos bajabas, más bien te tirabas y me subías sobre tus hombros y eso sí, no me cabe la menor duda, ¡yo era inmensamente feliz!.

O el día en que “en lugar del consabido cheque” me trajiste una preciosa muñeca negra. ¡Cuánto lloré! y vos... no entendiste, que lloraba de felicidad.

También era inmensamente feliz y me sentía orgullosa cuando muy de tanto en tanto (generalmente cuando estabas peleado con Beba pasabas a buscarme por el colegio y yo me despedía muy oronda de mis compañeras y subía al auto). ¿Te acordás del viejo Chevrolet 38 cuya patente era 58848?. ¡Si me acordaré! O cuando enviabas tu Mercedes Bénz a la Facultad a que me buscara el chofer, siempre haciendo despliegue de lo que no éramos: ¿o eras?, ¡No lo sé!.

Recuerdo que me subías a la pared y me montabas a caballito sobre tus hombros, o al ser señorita me dabas a hurtadillas pitadas de tus Phillips Morris o “me tirabas al pasar un cigarrillo” (pero que no se enterara Beba).

Sabías muchísimo de historia, todo lo sabías y ¡cuánto sabías de fútbol!. Conocías la formación de todos lo equipos y contra quién habían jugado en determinados partidos, si habían ganado o perdido y por cuánto.

Cuando fuiste presidente de Nueva Chicago, ahí andaba yo atrás tuyo, tendría unos cuatro años. Íbamos a las canchas, me peleaba con los árbitros y hasta llegué a darle un puntapié a uno, (porque había echado de la cancha a Vega) del que estaba enamoradísima a tan corta edad.

¿Qué más recuerdo?, ¿mi colegio?, no, jamás entraste en él, ni el día de mi egreso, ni de mi fiesta de egresada (Quizá algún inconveniente te impidió ir, lo mismo que a mi casamiento).

Te luciste en dos cumpleaños ¡mirá como los recuerdo! el de los siete y el de los quince, me pregunto si por darme el gusto o porque los demás se enterasen que “vos podías hacer semejante derroche.

Te recuero cantándome con esa voz fea que tenías, pero que a mí me fascinaba escucharte, esas canciones extrañas que jamás escuché fuera de tu boca,

Canciones como:

Nació el alba en colores de grana,
ya se oye a lo lejos confines
los tambores que tocan a diana
al compás de sonoros clarines.
Se divisa orgullosa a lo lejos
la bandera lucir sus colores
convertida en un trapo muy viejo
manchada de sangre que son sus honores.
Ya se escuchan los bravos varones
de vivar a su himno no callan,
son valientes que vienen cantando
las glorias más grandes que da la batalla.

Me hablabas de Cürt Winches que mató al Capitán Varela y de Pérez Millán (que fue el carcelero que asesinó en la cárcel) ¡qué cosa rara, recordé esos nombres anarquistas cuando vi la “Patagonia rebelde”!

¿Eras quizá anarquista? No creo, tampoco eras peronista. Jamás te oí hablar de política, ni de elecciones, ni de situaciones ni de nada, de lo que la gente común conversa. ¿Vos eras común?.

Me llamaba la atención cuando viajábamos al campo y jugabas al truco, me hacía muy bien verte reír y actuar como un hombre común, pero poco duraba, enseguida necesitabas salir a gastar, comer afuera, o qué se yo, quizá demostrarte o demostrar que vos podías pagar.

Lástima, los vivillos que a través de los años te vivieron, y vos... ¿Eras inocente de esas actitudes?, ¿o preferías pagar para ser adulado?. Creo que eras inocente, creías que te querían,¡tan vivo y tan inocente!.

¿Y esa desesperación tan grande por comer y comer?. Era como si hubieses pasado hambre y ahora lo podías pagar y tener todo.

No había vez que llegaras a casa o a cualquier otra sin las manos llenas de paquetes con masas, o postres riquísimos, o regalos.

¿Y el día que se me ocurrió que quería un perrito de pelushe que había en un negocio?, tenía once años. Pues... volví a casa con el perro, una oveja, un conejo y un mono de pelushe. Eso sí, no conseguiste la jirafa, que cuarenta años después me regaló mi hijo, recordándome “que muchas veces deben pasar muchos años para que los sueños se hagan realidad”.

Te gustaba comprarme libritos de cuentos infantiles cuando era señorita y yo dichosa los colgaba de las paredes “el astronauta” “el urbano José” “la ardilla Fru Fru” o hacías cuadras y cuadras de Flores a Pompeya para comprarme “un pinito” esos helados de cucurucho revestidos de chocolate, o cuando íbamos a los carritos de la costanera a comer sandwiches de chorizo (antes no se llamaban choripanes). Años después ya tenías dinero y nos llevabas a los restaurantes de la Costanera pero no era lo mismo, yo soñaba con los carritos y vos tirando la línea para pescar (que no pescabas nada pero no importaba) y Beba te cebaba mate y cantabas, le cantabas valzes muy bonitos (que yo jamás había escuchado) y la besabas ¡Con cuánta ternura la besabas!.

Creo que tu vida fue un complejo, que tu vida fue una eterna lucha para llegar y no te fijaste quizá en tu egoísmo o inconsciencia cuántos pisaste para subir. No supiste rodearte de la gente adecuada y no valorizaste a los que tanto te amábamos y de ese modo ¡jamás fuiste feliz!.

Y así llegamos a hoy, hace seis años que te fuiste para siempre. Eso sí, como vos querías, el mejor sepelio, el más caro, las mujeres mejor vestidas, los mejores automóviles seguían el cortejo. Pero yo, cuando agonizabas y no conocías a nadie me acerqué a tu oído y te dije: ¿Papito, me comprás un pinito?... Y sonreíste (esa sonrisa fue mía, fue para mí, y ni la pompa, ni los Mercedes Bénz que te seguían, ni los tapados de visón que cubrían a las damas que acompañaban el cortejo, pudieron borrármela.

Vos te llevaste toda la pompa que amabas, champagne, masas, lujo, (parecía una fiesta en la que la única que había faltado era la orquesta), y yo me llevé lo que pocas veces tuve: tu sonrisa.

¡Feliz cumpleaños papá!... Uf, ya pasaron cuatro días, pero aún estamos a tiempo... ¡Gracias por haber nacido!...

¡Cómo extraño tus llamadas todos los sábados después que murió mamá en la que tu pregunta siempre era la misma... ¿Y? ... ¿qué estás haciendo de comer?... O, “nena ¿todavía estás tratando de cambiar al mundo?. El mundo nos es así”... Yo te pregunto ahora papá... ¿y cómo era el mundo que vos pensabas que tenía que ser?...¡Jamás me lo dijiste!... ¡ Te quiero mucho!.

Texto agregado el 05-10-2005, y leído por 315 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
06-10-2005 buenisimo es una historia real, me interesa mucho saber.. besos paulatabbia
 
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