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Inicio / Cuenteros Locales / a00000 / Un poco de espacio II

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Aquí estás otra vez, no lo soportas más, te persiguen las sombras extrañas que han dejado de velar tu sueño para atormentarte despierto. Qué hacer, qué hacer... no sabes, no puedes pensar pero tampoco dormir, amaneces sentada en el sillón de la sala viendo por la ventana salir el sol y escuchando el cantar de los pájaros. Gracias a que abres la ventana entra una brisa helada, refrescante que trae un canto nuevo una nueva oportunidad y sopla todas las sombras y temores que te perseguían por la noche.Todo podría llegar a estar más claro pero no lo es. Planeas devolver la cama a tu espacio y hacer tu taller en el garage, pero no! que horror sacar tus materiales de lo que se ha convertido en tu templo, no nada de eso deben quedarse ahí. Mas la cama, tu lugar de reposo, en los últimos meses se ha convertido en tu perturbador y patrocinador de sombras que te persiguen. Qué hacer, qué hacer. Sí, eso es. Estudiar, matener tu mente ocupada, esa es la solución, dicen que el hombre pierde la mitad de su vida durmiendo, pues bien tu no lo vas a hacer, tu amor por el estudio, por el arte y la literatura te lo impedirá. Podrás trasnocharte, dormir una o dos horas sobre tus escritos, dibujos y libros e incluso alguna vez sobre el teclado. Esto impedirá que te sumas en un sueño profundo y pesado por la misma incomodidad en la que puedes llegar a dormir, aunque incluso puede llegar a pensarse en un sillón donde puedas descanzar un poco. Si toams esa desición podría ser una época muy prolífera en tu vida.

Cada vez que despiertas en tu sillón y miras por la ventana, ves aquellas montañas que te permiten soñar, tocadas por matices rojizos por el sol, todo un espectáculo que te invita a vivir un día más, un maravilloso y nuevo día. Es genial, aprendes mucho, lees mucho y gracias a esto tienes mucho que expresar. Para descanzar, prendes el computador encontrando allí siempre a tu amigo, fiel y siempre ávido a escuchar tus nuevas locuras con un interés tal vez inconprensible para tí. Es un gran amigo, sientes un alivio al verlo ahí sonriéndote a través de sus mensajes planos bidimensionales. Sonríes al pensar que él está sonriendo, tal vez por tus travesuras, tal vez por algo más, no seguro por tus travesuras. Te preguntas si lo amas, si estás locamente enamorada de él, pero no lo puedes saber, tan solo sabes que es genial encontrarlo siempre ahí, y no puedes imaginar todo lo que te rodea sin él escuchándote y compartiendo contigo su espacio virtual, ya que a diferencia tuya, él crea mundos virtuales, como tú, no puede quedarse quieto y y comparten esa misma mente inquieta. Él crea mundos donde amaría existir. Mundos que para otros posiblemente son absolutamente tenerbrosos pero no para tí. tú lo comprendes y comprates toda esa pasión, toda esa explosión de sentimientos que es lo que fianlmente los une.

De nuevo sientes ese impulso incontenible de cambiar, de renovar, y lo buscas pero ya no está ahí. Es increible y no lo comprendes, hace un rato tácitamente se habían jurado amor eterno pero tal vez él nucna lo compredió, se marchó y no sabes si volverá. Gran vacío ha dejado en tu alma, en tu corazón aunque la depresión no puede más que ese impulso rebelde de renovación, mas sí puede cambiar tus reacciones para siempre. Miras a tu alrededor y ves el mural desbordante de color pero no lo duplica tu imaginación, estás vacía y así debe estar tu rincón.

Tomas pintura y comienzas a pintar de blanco la pared, ¡no! entra en tí un sentimiento de rabia y cólera mezcladas con amor, uno de los sentimientos más peligrosos. Tomas pintura roja y azul, esparciéndola dramáticamente con tus manos sobre la pared. Manchando tu cara con lágrimas rojas y azules que representan tu dolor ya que no puede brotar una sola lágrima real de tus ojos.

Agotada caes al suelo, pero esta vez sin sensación de satisfacción sino con el mismo vacío que sentías antes. Has dejado tus sentimientos plasmados en la pared y ahora te encuentras desolada, en completa soledad. Tomas de nuevo la pintura blanca y pintas la pared lentamente. Dos, tres, cuatro manos y ahora ves el efecto que tiene el marcador permanente en la pared, aparece una y otra vez sobre la superficie de ésta y no sabes qué hacer, pero ya no tienes ni ánimos de continuar, ya no más, te lo impide tu cuerpo y tu espíritu, estás agotada y no puedes comprender que la pared es simplemente el reflejo de tu corazón, un corazón puro y blanco que una vez alguien llenó de colores pero que ahora se ha ido llavandose toda su luminosidad y dejándote simplemente las marcas negras de su recuerdo.


Texto agregado el 10-09-2005, y leído por 508 visitantes. (0 votos)


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