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Ella sonrió cómplice





Entrar a los bares o a los boliches, embriagado, acompañado de algún amigo, sobre todo cuando es un amigo de toda la vida, o porque no varios, entraña grandes asuntos que no podemos dejar pendientes cada noche de sábado. Y esta, que si bien no es sabado, bien podria serlo.

Las mujeres y los hombres asisten al ritual. A la espera de vaya a saber que cosa, encarando un juego, que los más virtuosos y experimentados aprovechan para saciar sus apetitos tantas veces mas fisiológicos que afectivos.

Arrumbarse de codo sobre la barra, por otra jarra de cerveza o del trago de oferta es común llegadas las cuatro de la mañana, donde las muchachas padecen las miradas de los muchachos y viceversa. Muchos desafortunados adolecemos de no llegar darnos cuenta de esto cantidades de veces, y otras, las mas tristes, ni nos llevan el apunte.

Es casualidad en reiteradas oportunidades que uno se encuentre con alguien conocido al llegar a un bar, puede que también sea causal de llegar a un bar la posibilidad de encontrarse con alguien, sobre todo cuando se trata de una persona del sexo opuesto. Algo de todo eso había aquella noche, aunque nada tendría que ver la búsqueda con el resultado de la misma, como casi siempre.

Amigotes que se acercan por detrás y comienzan a emitir alaridos intentando demostrar la satisfacción de estar presentes en el lugar y congraciarse con el momento. Algo de todo esto había pasado esa noche, y en algún momento me encontré con ella.

- ¿Cómo estas?

- Bien, aquí, de joda, y medio borracho.

- Festejando el dia de la Patria, por eso viniste.

- Ja, ja, no, ni ahí, he caído como siempre y por casualidad.

Me comento aquello una y otra vez, no me molesto, no estaba en el lugar indicado para entablar un tratado de ética para justificar mi postura, tan diferente a la de ella. Las manos de las personas dicen muchas cosas, al saludarle tras algún rato de conversación de vaya a saber que cosas, nos dijimos hasta luego, -luego nos vemos. Sabiéndonos, seguros de cumplir aquella promesa. Nuestras manos al separarse suponían que no volverían a tardar en encontrarse.

Es la vida, ante todo, adquiriendo una postura sabinesca la nostalgia de añorar las cosas que no van a acontecer, los deseos, las intenciones, la amarga sensación de tener un amor que quiere y que no puede ser. Quizás por eso muchos estábamos ahí.

Los boliches por estas épocas se pueden llegar a consagrar como grandes calesitas donde cada uno da vueltas a la espera de la sortija, que para estos casos, es como en la de la infancia, nadie toma lo que el calesitero no quiere darnos, en otras palabras, como dicen por ahí, el hombre propone y la mujer dispone.

La noche gana la partida por alcoholes o por cansancio, siempre.

Indefectiblemente la música termina por corroer nuestras fuerzas, con ayuda de su más fantástico corolario el baile. Uno acaba la noche, con apenas las suficientes ganas como para dar una vuelta mas, e ir tras la búsqueda de sus ojos.

En algún rincón, tras alguna columna, conversando con alguien mas mamado que nadie, intentando establecer algún tipo de contacto infructuoso por cierto, ella nuevamente irrumpe en la escena. Uno cuenta con ciertas estrategias, algo a aprendido de todo esto. Me encargue de pasar por frente sus narices, garantizándome que ella me viera, a casi dos horas del primero de los encuentros. Cumplido el cometido, me dirigí a otro de los rincones del lugar, a esperar. Algunos momentos mas tarde, solo unos minutos ella se aproxima.

- Estoy muy cansada.

- Somos dos. Sentémonos por aquí ¿queres?.

Ambos habíamos bebido demasiado vino, “la noche debilita los corazones”, parafraseando a Serrano, le comente a ella. - Cierto que a vos también te gusta, no tardo en responder. Viene ahora en agosto, que es lo mismo que le digo a todos los que conocen al cantante. Hablamos de vaya a saber que cosas, para todo esto ya estábamos bastante cerca y juntos. El vino puede tornar en fabulosas a conversaciones que de otro modo tendrían poco vuelo, este era quizá, uno de esos casos.

- Vos no estas bien.

- ¿Tanto se nota?, (me pregunto)

- No se si se nota, me da esa impresión.

- Puede que tengas razón.

Efectivamente ella no estaba bien, algún tipo que no se dignaba corresponderle, era el culpable.

- Bueno, si esto te pone mas tranquila, todos tenemos amores que están condenados a no ser correspondidos. Al menos yo los tengo, o lo tengo.

Le dije, logrando alguna sonrisa, pase mi brazo por sobre su hombro como intentando dar cierto apoyo.

- Los seres humanos parecemos no ser del todo originales al momento de elegir nuestros problemas –me dijo.

Era ella ahora quien lograba robarme una sonrisa a mí.

- ¿No queres bailar?

- Preferiría quedarme aquí un largo rato.

- Puede que seamos dos los que deseamos eso. Le repliqué argumentando que yo tampoco estaba incomodo y que lo de bailar había sido una pavada.

La mano que me había quedado libre ya tomaba la suya, era quizás, el modo que teníamos para intentar refugiarnos ambos, de lo que había fuera de aquel bar, de nuestros pasados, nuestros días que vendrían, y encontrarnos allí, ahora.

- Voy a buscar algo para tomar. ¿queres?

- No, quédate acá, no te vayas. – me dijo mirándome a los ojos y acercándose a mi hombro.

Hablamos durante varios minutos de bueyes perdidos, argumentando cada vez que se hacia posibles nuestras desgracias y fortunas de aquellas épocas. Con el correr de las palabras la conversación se plagaba de cariñosas coincidencias.

- Evita mirarme de la manera en que me miras y aleja tu boca de la mía, puede que te de un beso. -Amenacé.

Ella giro la cara y atino como a sonreír.

Tome su rostro, lo gire para tenerla nuevamente mirándome a los ojos, el silencio nos conquisto y por fin la bese.

- Espera, no me siento bien haciendo esto.

- “no pienses en el esta noche, dime que amas que el no te oye...” Ismael Serrano. Le dije



Ella sonrió cómplice...

Texto agregado el 25-05-2005, y leído por 134 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
23-02-2006 Ta bueno, por lo menos te banco la baranda a escabio y le robaste un beso!!! Jose_Arcadio
 
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