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(Se recomienda leer El Descuartizador antes que El Descuartizador II)

El Descuartizador II

El seguimiento al descuartizador de la ciudad de Ica continuaba a pesar del último fracaso por parte de la policía local. Nadie sabía en realidad qué era exactamente lo que había sucedido con el oficial Mayta, pero debido al desenlace del último operativo, la policía estaba convencida de que el descuartizador era una persona muy astuta, y era posible que estuviese trabajando con un cómplice. Mayta era uno de los oficiales más experimentados, y todos dudaban que hubiese podido ser sorprendido por un solo hombre. Fue por ese motivo que la totalidad de los oficiales repartidos por todos los parques de la ciudad tenían órdenes muy claras, las cuales mencionaban que si algún oficial llegaba a ver al sospechoso llegando a cualquiera de los parques con su ya famoso costal de yute, debían avisar a los demás oficiales, y por ningún motivo tratar de atraparlo sin apoyo policial.
La policía había realizado numerosas consultas a diversos psicólogos especializados en criminología, y algunos de ellos habían coincidido en afirmar que el descuartizador, además de ser un psicópata asesino, realizaba sus asesinatos con cierto afán de figuración. Su motivación principal era la de retar a la policía y acaparar la atención de la prensa.
Esta información proporcionada por los doctores hizo pensar a los altos mandos de la policía local que era muy probable que el asesino vuelva a intentar dejar un cuerpo descuartizado en el mismo lugar donde lo hizo la última vez, es decir, en el parque principal de la ciudad de Ica. Gracias a estas conclusiones, la policía decidió que el oficial que se encargaría de custodiar el parque central sería Filomeno Palacios, quien era sin duda el oficial más experimentado de todo el departamento de Ica. El único problema en su designación, fue que la información se filtró hasta la prensa, y eso significaba que era casi seguro que el asesino supiera de antemano quién lo esperaba y por lo tanto, a quién se enfrentaría. Palacios tenía una esposa y dos pequeños hijos, y temía por ellos. Sus superiores le aseguraron que los tres tendrían una protección especial mientras durara el seguimiento y se disculparon con él por el modo en que la información había llegado a los principales periódicos del país.
Eran las 3:15 de la madrugada y Filomeno Palacios se encontraba en el mismo escondite desde donde el oficial Mayta había observado la llegada del asesino la semana anterior. La noche era igual de oscura que aquella vez, y el parque estaba desierto. Palacios llevaba seis noches seguidas esperando la llegada del descuartizador, y a esas horas de la madrugada empezaba a perder las esperanzas de verlo llegar, cuando de pronto sintió unos pasos a lo lejos que rompieron el silencio reinante de la noche.
Vio a un hombre que se acercaba lentamente desde el lado opuesto del parque hacia el centro del mismo, y arrastraba con gran dificultad un costal de yute.
Filomeno Palacios estaba seguro de que era el asesino y trataba de contener las ganas que tenía de dar un salto y correr hacia él para atraparlo. Pero las órdenes de sus superiores habían sido muy claras, por lo que procedió a utilizar la radio para pedir refuerzos. No estaba seguro si el sospechoso había escuchado el timbrido de la radio, pero no tenía otra opción que no fuera esperar en su escondite la llegada de los demás.
Palacios, lleno de impotencia, vio como el descuartizador dejaba en el centro del parque el costal de yute, y se retiraba a paso lento, con rumbo desconocido. Un minuto después, lo perdía totalmente de vista.
Cinco minutos después, empezaban a llegar todos los oficiales procedentes de cada uno de los parques de la ciudad. Palacios salió de su escondite y se unió a los demás. Desenfundaron sus armas y se acercaron lentamente hacia el costal. El experimentado oficial sudaba frío. Tenía un mal presentimiento sobre lo que podría haber dentro. Perdió la paciencia y se abalanzó hacia el costal con un salto, logró abrirlo y dejó que todos los oficiales sean testigos de lo que había dentro. Aproximadamente 40 kilos de papas las cuales iban desparramándose por el parque a medida que el oficial Palacios levantaba la base del costal. Vació todo su contenido en el suelo del parque sólo para asegurarse de que no había nada más adentro.
-¡Una maldita broma!-gritó furioso el oficial. ¡Malditos bromistas!
-¿Pero quién pudo haber hecho una broma tan estúpida, arriesgándose tanto?-preguntó extrañado uno de los oficiales novatos.
-Siempre hay gente dispuesta a hacer estupideces como esta-respondió molesto Palacios.
-¡Todos vuelvan a sus puestos!-gritó enérgico Palacios mientras contemplaba como era observado por una treintena de incrédulos oficiales.
Pero en el preciso momento en que daba las últimas órdenes, sintió una voz desesperada que salía desde las radios de todos los oficiales.
-Hemos recibido la llamada de un vecino del parque Santa Rosa, y menciona que han dejado un costal de yute en el centro del parque. ¡Todos los oficiales diríjanse al Parque Santa Rosa inmediatamente!-dijo la voz que provenía desde la central de la policía.
“Esto es una vergüenza”-pensó Palacios sintiéndose cada vez peor. “Nos han engañado con unos de los trucos más antiguos, y he caído como un novato”
-¡Maldita sea!-gritó enfurecido el oficial- ¡Todos al parque Santa Rosa! ¡El verdadero cuerpo descuartizado está ahí!
-¡Muévanse!-volvió a gritar mientras se arrodillaba a analizar el costal que había quedado vacío en el suelo.
Los oficiales subieron a sus vehículos y llegaron en tres minutos al parque donde se encontraba el costal. Se acercaron lentamente con las armas en sus manos, del mismo modo que lo habían hecho hacía unos minutos en el parque principal. Rápidamente lo abrieron entre dos de ellos y encontraron aproximadamente 40 kilos de papas en su interior.
-¡Diablos!-dijo uno de los oficiales.- Ahora sí que no entiendo nada. ¿Qué clase de broma es esta, oficial Palacios?
Pero el oficial Palacios no se encontraba entre ellos.

-Creo que he ganado una vez más, oficial Palacios-dijo el descuartizador con un filoso cuchillo en la mano mientras sujetaba del cuello al oficial en el parque principal de la ciudad de Ica.
Palacios trató de soltarse, pero ya era demasiado tarde.

Ocho minutos después llegaban los oficiales al parque principal y encontraban por cuarta vez, un costal de yute que contenía un cuerpo descuartizado, pero esta vez con una gran cantidad de papas alrededor.

Texto agregado el 24-05-2005, y leído por 363 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
24-02-2006 jajaja, ta chido, tanto la primera parte como la segunda. Por momentos sentí la pistola en la mano, dirigiendome hacia el costal... Sale, nos vemos, cuídate. LEONvsTIGRE
04-02-2006 Qué es ésto. Un reporte de periódico. No me convence en lo absoluto. Parece comercialón, que quiere sorpender a los estultos. Con todo respeto, hermano, prescindible. gamboa
27-01-2006 Era necesaria una segunda parte y aun una tercera... mayormente los libros terminan con el arresto del asesino pero creo k dejarlo libre es una buena opción. KaReLI
18-01-2006 Muy bueno de verdad, eres muy bueno para crear y mantener historias de suspenso...te felicito ***** Por favor continua escribiendo :) jorgebrav88
16-07-2005 Vaya...! Lo que empezó como un cuento de final sorprendente ha tenido continuación... y suma y sigue, porque el psicópata sigue suelto... Yo diría que da para un relato laaaargo o para una novela, pero en ese caso o bien deberíamos saber más del psicópata o bien de el policía que lo persigue, porque, a diferencia del cuento corto, las narraciones largas se basan en el desarrollo de la psicología de los personajes... Anímate! ;-) Felicidades de nuevo por tu cuento! moebiux
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