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No tenía mucho qué hacer, la mayor se había ido a un cumpleaños, así que agarré a la chica y la saqué a caminar por la cuadra. Tiene que ejercitarse más, de lo contrario, con lo gorda que es, va a caminar a los dos años. En fin, me arreglé un poco, no supe mucho para qué, pero por si acaso...

La niña, de la manito, no avanzaba nunca, era eterno el camino, se agachaba a recoger cada mugrecita del suelo, las piedritas, las conchitas, los chicles pegados, etc. Era un poco enfermante, la verdad, esta lentitud. Tampoco sabía yo muy bien cuál era mi apuro, pero como hay que tener paciencia... Entre salvarla de las infecciones estomacales y mi usual pucho, logré llegar a la placita, y ahí estaba él, el más bello ejemplar masculino de los últimos tiempos y yo la muy pájara con la guagua. Bueno, a lo mejor servía como "gancho".

Nos sentamos en el pasto y mi niñita chamullaba de lo lindo, jurando que conversaba, ponía hasta cara de inteligente, pasándome hojitas, tierra, chanchitos y yo le contestaba mirando a medias a ella y a mi derecha.

Pasó un rato y me había olvidado del tipo, mi hija dos estaba realmente entretenida jugando con cada tesoro placístico que encontraba. Llegó también un quiltrito, muy lindo, que le lengüeteó toda la cara, lo que le causó, por suerte, sólo sorpresa.

Ahí me acordé de nuevo y me "compuse". Era realmente regio. Lo único que faltaba era que fuera casado, pero no había anillo en ninguna mano. Capaz que sea gay, con lo estupendo que es... muy probable... ¡Ay! Me miró, no podía creer que toda esa maravilla se fijara en mí. Aunque no necesariamente se estaba "fijando", así como una quiere que se fijen los hombres. De repente pensaba quizá qué ordinariez, o capaz que sólo estuviera mirando a la guagua. ¡Uf! tanto rollo.

Obviamente no se me había ocurrido lo peor, si yo andaba con la guagua, era evidente que estaba casada (claro, evidente para el resto del mundo...) Por lo menos es lo usual, ¿no? Entonces se me ocurrió tomar el cigarro (otra vez había encendido uno) con la mano izquierda, para que viera que no había anillo, si es que miraba, claro. De todas maneras esto era poco fructífero, ya que igual yo "debía" tener pareja, con una guagua tan chica, con mayor razón.

Decidí, por lo tanto, hacer como que tomaba yo la inciativa y le pegué una miradota demasiado decidora, por decir lo menos y... me devolvió una sonrisa, de esas medio chuecas que hacen que una pierda todo...

Cerré la boca para no ser tan evidente y me acordé de la guagua, cuando miré, estaba caminando la fresca hacia una pareja de viejitos que estaban comiendo cabritas. La fui a buscar rápidamente, antes que los viejitos le convidaran y me la traje de nuevo al pasto.

El tipo debió pensar que nos íbamos, porque se paró junto conmigo casi. Pero cuando me senté de nuevo lo ví parado frente a mí en cosa de segundos... y en cosa de segundos también, se me pensó todo hipso facto, la vergüenza, el arrepentimiento, (en realidad no quería llegar a que me hablara, bastaba con el coqueteo, no estaba lista aún para nada parecido ni de lejos a una relación).

Y, ocurrió el milagro, la poderosa razón para poder decirle "chaíto no más", llegó mi hermanito del alma, que perfectamente pasa por marido. Preferí quedar como loca, que mamarme una eventual relación.

Marita

Texto agregado el 06-05-2005, y leído por 103 visitantes. (0 votos)


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