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Everyone's a Wally es un videojuego británico de Mikro-Gen publicado en 1985 para ZX Spectrum, Amstrad CPC y Commodore 64. Es la secuela de Pyjamarama, la primera aventura del manitas Wally Week, que tenía lugar en una mansión. En Everyone's a Wally la acción sucede en un pueblecito inglés. La principal innovación de la secuela es que se trata del primer videojuego que incluye varios personajes jugables: a parte de Wally Week, tenemos a Wilma (su mujer), Tom (un mecánico gamberro), Dick (un fontanero) y Harry (un electricista hippie). El jugador puede cambiar de personaje cuando se encuentra en la misma pantalla que otro. De ahí quizás viene el título, aunque lo gracioso es que, aparte de ser el nombre del protagonista, en inglés la palabra «wally» también significa «tonto», por lo que el título del juego podría traducirse como «Todo el mundo es tonto».

El objetivo es completar un día de trabajo para cada personaje y recoger el pago en el banco. Deben realizarse distintas tareas con Wally —que incluyen la construcción de un muro, el mantenimiento de las grúas del muelle y muchas otras cosas—, así como tareas de otros personajes: Wilma trabaja de bibliotecaria; Dick arregla la fuente del parque, etc. El juego tiene la estructura de un puzle en la que los trabajos realizados con éxito permiten desbloquear nuevas tareas.

No obstante, a pesar de este prometedor planteamiento, en la práctica el juego resultaba confuso y frustrante, porque no ofrecía ninguna pista sobre las tareas que habían de realizarse. Sin una misión clara, la mayoría de las veces me limitaba a caminar por el pueblo al son de los monótonos pasos de Wally. De vez en cuando esquivaba un meteorito, saltaba por encima de un bebé o escapaba de los murciélagos del parque, para no perder energía vital.

Llegaba un punto en que este deambular sin norte acababa generándome una incómoda sensación de vacío. Entonces me planteaba preguntas que no hacían sino incrementar mi desazón. Por ejemplo, sobre qué harían los otros personajes cuando no los habitaba. Porque veía a Wilma, Tom, Dick y Harry moviéndose por el pueblo, ocupados en sus quehaceres y negocios. Tenían una vida, quizás sin grandes pretensiones, pero que intuía más plena que mi propia existencia desorientada.

A veces, cuando me cansaba de preguntarme qué carajo tenía que hacer con Wally, me daba por seguir a otros personajes, para descubrir lo que hacían cuando no los manejaba, qué secretos guardaban en su vida. Una vez entré en el pub y vi a Tom y Dick en la barra, quizás hablaban sobre algún trabajo o quizás estaban criticándome. A veces iba al parque a mirar la fuente, ahora sin agua por una avería extraña que alguien tendría que arreglar, hasta que venían los murciélagos y salía huyendo. Otras veces iba a la biblioteca para ver cómo mi mujer atendía al público y me sentía como un inútil por no estar haciendo nada de provecho.

Imagina vivir en un lugar como ese, un pueblecito obrero del norte de Inglaterra, con sus working men’s clubs, sus tiendas, sus casas de ladrillo rojo, como el pueblecito de mi abuela.

Pablo se refería a ese juego como el «Everiones», pronunciado a la española, con todas las letras. La primera vez que lo oí me pareció el nombre de un videojuego de marcianitos.

—Podemos jugar al Donkey Kong, al Comando, al Everiones, al Naitlore….

–¡El Everiones! ¡Ese tiene que molar!

Texto agregado el 02-07-2024, y leído por 82 visitantes. (0 votos)


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