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Zarza de Ensueños y Plegarias Ocultas de Locura





Doña Guadalupe, mujer de años tallados por la existencia, se vio prisionera de la locura desde los albores del nuevo año. Su demencia no tenía esa forma esporádica de arrebatos pasajeros, sino que se erigía como una compañera fiel, abrazando la contrariedad del raciocinio.

Incluso en el sueño, su mente desbocada seguía un guion coherente, desafiando el convencionalismo de los delirios. ¿Acaso no es sabido que los locos sueñan con una trama estructurada, a contrapelo de la irracionalidad que suele acompañar al sueño común? En el mundo onírico de los insanos, los hilos del relato se entretejen en sentido inverso, desvelando el desenlace antes que el principio, y las paletas cromáticas se despliegan en tonalidades invertidas. Pero Doña Guadalupe, en su demencia, desafió incluso esta norma, hallando un refugio en la ilógica congruencia de sus propios sueños.

No obstante, su locura no fue un proceso gradual, como dicta la norma en los de su condición. No, su mente sucumbió de golpe, como si una mano invisible hubiera desconectado el interruptor de la cordura, sumiéndola en una oscuridad perpetua de lógica ausente.

Ese fatídico día, mientras el sol trazaba su lento declive, una noticia devastadora la alcanzó. La muerte de su único hijo, víctima de la implacable frontera y sus cazadores de sueños migrantes. El impacto fue como un rayo en la noche, y en un instante, Doña Guadalupe se vio arrastrada hacia el abismo de la incomprensión.

Desprovista de razón, abandonó el mundo de la coherencia y se sumergió en las aguas turbulentas de lo absurdo. Y, paradójicamente, en ese caos halló una extraña paz, lejos de las preocupaciones mundanas y las trivialidades que la habían atormentado.

Años después de aquel trágico acontecimiento, un joven reportero se presentó en su humilde morada, llevando consigo una carta escrita por su hijo antes de su partida final. La anciana, en su aturdimiento perpetuo, recibió al intruso sin asomo de sorpresa, como si hubiera anticipado su llegada en un sueño premonitorio.

La carta, portadora de las últimas palabras de su amado hijo, desató en Doña Guadalupe una extraña serenidad. ¿Acaso el destino no había escrito ya su epílogo en las estrellas? Con una sonrisa melancólica, la anciana musitó palabras de agradecimiento al joven reportero, cuyo rostro reflejaba la confusión de quien se adentra en un laberinto de locura.

Pero el giro del destino aún no había revelado todas sus cartas. Cuando el joven mencionó la hora de la muerte de su hijo, Doña Guadalupe, con un brillo de lucidez en los ojos, pronunció unas palabras que resonaron en el aire cargado de misterio:

-El cielo cierra a las cuatro.

Y en esa simple sentencia, se ocultaba el enigma final de la historia, un enigma que desafiaba las leyes de la lógica y abrazaba la magia de lo imposible.

El joven reportero, desconcertado por la enigmática declaración de Doña Guadalupe, buscó comprender el significado tras esas palabras. ¿Acaso era un delirio más de la mente trastornada de la anciana, o había algo más profundo e insondable en su sabiduría oculta?

Intrigado, decidió indagar más en el pasado de aquella mujer cuyos pensamientos se entrelazaban con las sombras de la noche. Recorrió los recovecos de la memoria colectiva del pueblo, desenterrando fragmentos de la historia de Doña Guadalupe que yacían sepultados bajo capas de olvido y rumor.

Descubrió que, antes de su desvanecimiento en la locura, Doña Guadalupe había sido una figura respetada y querida en el pueblo. Se hablaba de su habilidad para interpretar los signos del destino, de su conexión con fuerzas más allá de la comprensión humana. Algunos incluso la consideraban una especie de oráculo, capaz de vislumbrar el futuro en los pliegues del tiempo.

Con cada revelación, el joven reportero se encontraba más intrigado por el enigma que rodeaba a Doña Guadalupe. ¿Acaso su locura era en realidad una puerta hacia una verdad más profunda, una verdad que desafiaba los límites de la razón y se sumergía en los abismos del misterio?

Decidido a desentrañar el enigma, el reportero regresó a la morada de la anciana, determinado a descubrir el significado detrás de sus palabras enigmáticas. Encontró a Doña Guadalupe en el mismo estado de quietud imperturbable, como si hubiera estado esperando su regreso desde tiempos inmemoriales.

Con voz temblorosa pero firme, el joven preguntó:

-Doña Guadalupe, ¿qué quiso decir con esas palabras sobre el cielo que cierra a las cuatro?

La anciana, con una mirada que parecía atravesar los velos del tiempo, sonrió con suavidad.

-Hijo mío -susurró-, el cielo no cierra a una hora determinada del día. El cielo cierra cuando llega el momento de partir, cuando el ciclo de la vida llega a su fin y el alma emprende su vuelo hacia nuevos horizontes. Mi Juancito partió al otro lado cuando el sol aún brillaba en lo alto, porque en el reino del alma, no hay horarios ni límites, solo el eterno fluir del destino.

Las palabras de Doña Guadalupe resonaron en el aire, impregnadas de una sabiduría ancestral que trascendía las fronteras de la mente humana. El joven reportero, con el corazón rebosante de asombro, comprendió que en los laberintos de la locura se ocultaba a veces la llave hacia la verdad más profunda, una verdad que solo aquellos dispuestos a mirar más allá de las apariencias podían alcanzar.

Y así, en el silencio de aquella humilde morada, el joven reportero y Doña Guadalupe compartieron un instante de comprensión mutua, un destello de claridad en un mundo envuelto en misterio y enigma. Y en ese breve encuentro, se forjó un vínculo que trascendía las barreras del tiempo y el espacio, un vínculo que perduraría más allá de los confines de la razón y la cordura.
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µ eRRe









Corrección de un texto de -zepol

Texto agregado el 02-04-2024, y leído por 251 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
04-04-2024 No se quien es el autor original, pero recuerdo haber leído la versión de Zepol y definitivamente es diferente. Esta versión es similar, aunque se extiende más allá del argumento original. Pero este texto está redactado de otra forma, tal vez más técnica. La otra versión era más etérea, con más adornos, florcitas y pajaritos, si es que me explico. IGnus
03-04-2024 Les recuerdo que este texto es una adaptacion del mitomano y plagiador que "cayó del cielo a las 4" más conocido como zepol. Sherlock__
03-04-2024 Es claro que el torpe burlón dirá que está escríto en el título el autor del texto. Así van las cosas con erreclón. remos
03-04-2024 recordaba haberlo leído, por las dudas lo volví a leer. efectivamente es el cuento de Zepol... musas-muertas
03-04-2024 El original de este cuento fue publicado en mi página en el 2003,Es de autoría de Zepol . Este abuso será denunciado debidamente Se trata del cuento ganador de la semana(semantex) "El cielo cierra a las cuatro" Repito, se trata de un cuento de Zepol semantex
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