TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / Gnomono / La apoteosis del Dragón

[C:610828]

La apoteosis del dragón


Primera entrega de dos capítulos que se hará cada lunes.


Hace muchos años que los jinetes de dragones dejaron de cruzar los cielos. Sólo han quedado los solitarios y agresivos.

Es el gran dragón tornasolado quien cuida el pozo. Lo protege con tal recelo, que se cree que debe haber un tesoro. Muchos caballeros y ejércitos que intentaron vencerlo para demostrar su valor hoy son parte de los restos que usa para adornar su nido.

Don Raúl ha estudiado a ese majestuoso animal casi todos los días desde hace dieciséis años. Anualmente se acerca unos metros, sólo hasta que el dragón gruñe, entonces ahí establece su lugar de trabajo.

El viejito deja de dibujar y mira directamente al hermoso dragón. Le avisa –mañana es el día en que me acercaré un poco más–.

¡Llega el día! Sólo unos diez metros le separan. El dragón está echado y observa con despreocupación al arrojado anciano. El corazón del viejo se acelera. ¡Da el primer paso! A pesar de la distancia, es tan grande el ojo del dragón que Raúl puede ver con claridad su aterrado reflejo de pies a cabeza. Da un segundo paso y titubea, cual si caminara en una cuerda floja invisible, bajo la cual todo el Universo es dragón cien por ciento puro.

Así, paso a paso, llega hasta quedar a unos pasos de esas aterradoras fauces. Tantos años para llegar a este punto y nunca había pensado qué haría al llegar; de hecho, no imaginaba tener los arrestos para llegar hasta ahí. Sólo quería dibujar y estudiar su comportamiento. Tantos años y… ¡Lo tocó! ¡El viejo loco extendió su brazo y tocó uno de sus húmedos belfos!

El dragón alza su enorme cuello y lo ve con ambos ojos. Aquel eclipse de dragón destierra toda luz sobre el anciano, al que sólo le queda esperar la gran tarascada. Nunca había experimentado esa clase de terror, tan avasallador que siente que flota: ¡una experiencia tan cercana a la muerte que la siente mística! –¿A esto se referirán los monjes al decir “temor de Dios”? –se pregunta sin importarle en absoluto el cálido chorro de orina que le escurre por sus pantalones.

El dragón bufa para exhalar su bravata y dar paso a la curiosidad. Ladea la cabeza, cual perrito que pone atención sobre su amo. Luego la bestia se deja caer con pereza, rodeando con su cuello el pozo. Con un señalamiento de ojo y cabeza le invita a entrar. Cierra sus ojos y se dispone a dormitar.

Despacio, Raúl se acerca hasta que logra asomarse por el angosto pozo en el cual no ve el fondo. No hay escaleras ni cuerdas. Tendrá que desescalar haciendo presión con pies y espalda contra las paredes del pozo. ¡Está a punto de cumplir 83 años! Sólo un viejo suicida intentaría… ¡Idiota! ¡Don Raúl ya se trepó al borde del pozo! ¡El inconsciente vejete se echa porras! –tal vez no vuelva a tener esta oportunidad jamás. Si me parto el cuello acá, habrán valido más estos minutos que los pocos años que me quedan. ¡Es el trabajo de mi vida! –.

Ha descendido hasta que la iluminada entrada ya se ve del tamaño de un plato. Sus chamorros tiemblan del esfuerzo. Los calambres son tan constantes y dolorosos que sólo puede avanzar unos milímetros. Ha llegado a su límite. Se arrepiente en el alma por haber entrado –¿por qué fui tan estúpido? ¿Me dejo caer? ¡Claro que sí! ¡Es obvio que ya no puedo! ¡No! ¡Podrán vencerse mis músculos, pero mi espíritu jamás! –.

El dragón de la superficie abre los ojos y sonríe. Se auto confirma que hizo bien en permitir a Don Raúl la entrada. Los perros pueden oler el miedo, pero este dragón es capaz de percibir hasta los sentimientos más profundos de cualquier ser vivo. Por eso, a pesar de que se comporta como bestia, su consciencia es mayor que la de casi cualquier humano. Lo que pasa es que lo desesperamos, y seamos sinceros, ante un ser tan milenario, sabio y potente, la frecuente mezquindad de guerreros, brujos, reyes y poderosos hace que cada afamado bocadillo, ante los ojos de este dragón, sea un verdadero acto filantrópico.

¡A Don Raúl le sobra espíritu!... Desgraciadamente le faltaron piernas. Un porrazo de seis metros casi lo mató.
Al despertar, un dragón lo olfatea. Mucho menos imponente que el anterior, de unos quince metros de largo. Muestra especial afabilidad e interés en el recién caído. Por alguna razón desconocida, Don Raúl no le teme. Siente que es parte de su familia.
Los dragones son seres místicos, por lo que a su paso por la tierra vienen con un talento especial para cumplir una misión. A este le ha llegado el momento… le ha llegado Don Raúl.

El aventurero tiene mucha sed. El dragón de un salto deja el lugar. Regresa con un buche de agua que escupe sobre su amigo. El anciano ríe –gracias, todo hubiera sido mejor en una cantimplora –el animal deja otra vez el lugar para volver con un casco lleno del líquido vital en una de sus garras. –Don Raúl se da cuenta de que ese dragón puede leerle la mente.

Al pedirle una salida, el dragón lo invita a subirse a su lomo y a toda velocidad empieza a cavar tan rápido que el anciano bien podría seguirlo a trote lento pero sin pausas. Al salir del subsuelo es de noche, pero les ilumina la Luna. Don Raúl descubre que es un dragón subterráneo. Sus alas son tan pequeñas que están atrofiadas y por ojos tiene dos puntitos que apenas le sirven para reconocer si hay luz. Su olfato y su tacto tienen una capacidad propia de seres fantásticos; tanto que sus escamas rosas blanquesinas son capaces de sentir la vibración de las alas de insectos a varios metros de distancia.

Tal vez sea porque en el subsuelo no tiene sentido la belleza, pero como suele ocurrir con toda la fauna edáfica, este dragón es el más feo de su especie. Mas no para Don Raúl, ya que él en cuanto vio al animal en todos sus detalles, lo abrazó. Sólo pensaba en descubrir que necesitaba para mantenerlo sano y pleno.

Empujado, el viejito sale volando a varios metros. Rugidos, y un gran llanto agudo de su dragón se escuchan. Al reincorporarse, el gran dragón tornasol ya está devorando a su amigo reptil.
Después de tragarse una pata, el gran dragón se queda viendo al viejo. Sonríe y despega para perderse en las nubes.

Don Raúl está desconsolado. No puede entender que uno de esos fantásticos animales que tanto ha glorificado en su pequeño altar pagano sea tan maligno como la aristocracia genocida.

Después de unos minutos de llorar abrazándolo, Don Raúl siente una respiración. Inmediatamente se dispone a curar al dragón, que si bien ha quedado cojo, ha sobrevivido de milagro.

Continuará…

Texto agregado el 30-11-2021, y leído por 174 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
08-12-2021 Intersante historia mística, misteriosa, qué pasará en la segunda parte? Describiste bien a el dragón.con sus pequeñas alitas ;) spirits
01-12-2021 Seres míticos que interactúan con un personaje que desea estudiarlos a fondo. Una narración entretenida de la que uno no puede imaginarse hacia que rumbos será conducido, pero confía en esa mano juguetona y arriesgada que conducirá la historia a un final de campanillas. Un abrazo y espero la segunda parte. guidos
30-11-2021 Qué linda historia, despiertan mucho interés los personajes que creaste. Genial. 5*. vaya_vaya_las_palabras
30-11-2021 Espero la segunda entrega, vas muy bien, saludos y estrellas. nelsonmore
30-11-2021 Me encantó hasta ahora!!! Muy bien relatado. MujerDiosa
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]