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El cigarrillo descansaba entre sus dedos, consumiéndose poco a poco. La mano izquierda, dentro del bolsillo de su pantalón, en pose “canchera”. Su mirada parecía perdida en algún punto del infinito y su sonrisa ladeada me conquistaba una y otra vez.
No me cabían dudas de amarlo. No como a mi marido, que en paz descanse, a él lo amé con alma y vida. Pero a este atorrante que sin pudor desafió a mi maltrecho corazón desde siempre, lo amé con pasión. Con esa pasión desenfrenada que sólo la juventud permite entregar.
Estuvo en cada momento de mi vida. Me acompañó siempre. Aunque la fama y la fortuna lo llevaron por otros designios, siempre tuve la suerte de poder disfrutar de su voz y su compañía, que aun siendo tácita era tan poderosa en mí. ¡Mis rodillas temblaban tan sólo de pensar que él estaba ahí!

Encendí un cigarrillo para mí. A mi edad poca importancia puede tener el morir de una u otra manera.
Él no pareció darse cuenta. Tampoco cuando me le acerqué, y traté de visualizar qué era lo que veía a la distancia. Yo sólo veía gente muerta, y tal vez ese era mi problema. Supongo que él era capaz de ver al infinito de otra forma, pero no me atreví a preguntar. Después de todo, es seguro que mucho tiempo no me falta para averiguarlo, así que en lugar de molestarlo con insignificancias, me dediqué a admirar su porte, el brillo de sus ojos y la calidez de aquella sonrisa inigualable.

Mis hijos estarán preguntándose dónde estoy. No le cuenten a nadie, pero a veces hago de cuenta que me olvido las cosas, y eso me permite hacer estas locuras de vez en cuando, sin que nadie me rete después.

La larga caminata había hecho estragos en mis piernas, aunque creo que lo primero que me asustó fue el dolor en el pecho. El miedo duró poco. Estando él a mi lado, no siento temor a nada. Ni siquiera a la muerte.

Como pude, me abracé a su figura. Quería disfrutar mis últimos momentos en su compañía. Tal vez era uno de los sueños de mi vida, como lo había sido él.

Cuando sentí su rostro apretado contra el mío, comencé a cantarle bajito, mientras mis escasas fuerzas pudieron acompañarme:

«Acaricia mi ensueño // El suave murmullo // De tu suspirar // Como ríe la vida // Si tus ojos negros // Me quieren mirar»

Noticia de último momento:
El cuerpo de una anciana ha sido encontrado en el mausoleo de Carlos Gardel, junto a la estatua de bronce tamaño natural del cantante. Se cree que falleció de un ataque al corazón, a causa de la emoción por ver la tumba de su ídolo de juventud. Ampliaremos.



[...]
NOTA ACLARATORIA: Las fans de Carlos Gardel, siempre mantienen un cigarrillo encendido entre los dedos de la estatua en el cementerio de Chacarita. Dicen que si el cigarrillo se consume por completo puede conceder deseos.

Texto agregado el 16-09-2021, y leído por 157 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
04-05-2022 Está muy bueno. La parte donde recuerda al marido muerto es genial porque desconcierta al lector. Aguante Carlitos. MCavalieri
18-09-2021 Que bien llevada la historia. Un amor platónico que se extiende en el tiempo. Saludos, Sheisan
17-09-2021 Esos «aún» que pusiste van sin tilde. En el diccionario online de la RAE está bastante bien expuesta la sutileza. guy
17-09-2021 Me gustó. Marcelo_Arrizabalaga
17-09-2021 Hermoso cuento. Gardel es una figura icónica para la música y para todos los que gustamos del tango. Muy bueno. maparo55
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