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El pájaro Loco


El Pájaro Loco

El viernes 18 de abril del 95 al entrar a mi departamento encontré en el piso un antifaz de heroína de comics, era un sobre dirigido a Cecilia Arellano Marino, o sea, yo. Dentro traía una invitación que decía:
¡Gran fiesta de disfraces!
Querida Are, te esperamos el sábado 26 de abril a partir de las 8 de la noche en Escarcha esquina Paseos del Pedregal.
Único requisito ir disfrazada de lo que gustes, pero con el rostro
cubierto para que nadie te reconozca y no reconozcas a nadie.
¡Se pondrá super, no faltes!
Despertó mi curiosidad el que no trajera remitente, no obstante, estaba segura de que lo conocía porque solo mis amigos o familiares me llamaban “Are”.
Tenía tiempo que no iba a una fiesta y me puse a pensar que disfraz me quedaría bien. En mi mente me veía ridícula vestida de heroína de caricatura, así que imaginé uno original…, algo que no fuera igual al de otras chicas que estarían ahí.
Al otro día fui a varias casas de disfraces en busca de algo que me agradara. En una de las tiendas encontré una careta de luna creciente que me encantó, también hallé unas imágenes de estrellas, planetas, meteoritos, nubes y lunas en papel autoadherible y fosforescente; era todo lo que necesitaba. Satisfecha por mis compras me fui directo a mi departamento. Saqué del guardarropa un juego de minifalda y chamarra de piel negra un poco pasado de moda y algo desgastado, me lo probé con una blusa negra bordada con lentejuela plateada y unas botas negras. ¡Mejor no me hubiera podido quedar! Mirándome en el espejo cubrí mi rostro con la máscara. ¡No, no, no… genial! ¡Se veía padrísimo… casi me orgasmo de la emoción!
Se llegó el día de la fiesta y sobre la chamarra, la minifalda, las botas, las piernas, el cuello y las manos a flor de piel pegué las imágenes dándole un toque muy nice a todo mi atuendo. Husmeadora como siempre, quise llegar temprano para tomar fotos desde el inicio del guateque.
Antes de entrar se dejaba ver un gigante e iluminado señalamiento que decía: Prohibido entrar sin disfraz y sin invitación, casi muero de la risa cuando el oficial Matute (de Don Gato y su pandilla) me pidió que le mostrara mi antifaz de invitación, mientras el jefe Górgory (de los Simpsons) me pasaba el detector de armas.
Estando dentro me impresionó el inmenso lugar a donde había caído: Las ventanas de la excepcional casa protegían la intimidad, sus cristales parecían espejos que no permitían ver su interior. Su fachada estaba bañada con muchos anuncios hechos con luces de neón de diferentes colores. El jardín, la alberca, la cantina, los baños portátiles, el equipo de sonido, la iluminación, todo esto, junto con la morada parecían ser la escenografía de una película. Nunca había estado en ese lugar y cómo no sabía quiénes eran los organizadores de la party me entró la curiosidad y comencé a deambular entre los invitados pensando en hallar a algún conocido reconociéndolo por su voz, por su manera de andar o por algún movimiento de manos; sonaba medio loco, pero podría suceder. Al pasar por un colosal árbol descubrí sobre sus ramas una cámara de televisión, suponiendo que encontraría algunas otras empecé a fisgonear por todo el jardín los posibles lugares donde pudiera hallarlas, no estaba equivocada localicé cuatro más; solo una estaba encendida, no sabía si grabando o transmitiendo en vivo, pero en ese momento estaba siendo usada. Me dio risa cuando pensé: “No manches, ¿acaso estoy en Big brother o en otro Reality Show?... Bueno, si es así, pues a volverme famosa divirtiéndome”
Mi atuendo me hacía ver como La Diosa Universo… bueno, al menos así me sentía. Con una piña colada en la mano y mi cámara fotográfica colgada al cuello caminaba entre una multitud de invitados: Batman, Robin, Superman, por su escuálido cuerpo pensé: “estos cabrones alquilaron el disfraz y no había de su tamaño”. Enseguida me tope con Gatubela, Homero Simpson, La Mujer Maravilla, Superchica, Spider Woman, La Bruja Escarlata, Sirenita…; bueno, parecía que estaba en Hollywood tomando fotos a las caricaturas de los verdaderos personajes en plena actuación.
En el enorme jardín se escuchaba la deliciosa y rítmica canción: “Despacito mami, yo sé que te va a encantar”, una clara invitación a bailar con Elvis Crespo; bueno, a bailar sola, pero imaginando que lo hacía con él. No había pista de baile y todos bailoteábamos donde se nos venía la regalada gana.
Presumiendo mi indumentaria me movía al compás de la rica y cachonda salsa buscando personajes dignos de retratar. Convertí mi cámara en mi cómplice para meterme casi hasta la intimidad de algunos de ellos…, más por lo que hacían, que por sus indumentarias. Girando la lente hacia la izquierda, a varios metros de mí se hallaba un chavo bailando, era alto con unas nalgas paraditas… mmm muy apetecibles; estaba disfrazado del Pájaro Loco, su caracterización me dejó fascinada pues era muy atrevida e invitante al pecado común entre los mortales. Bailaba al mismo tiempo con Batgirl y con Gatubela, parecía una coreografía montada y realizada por bailarines profesionales… sus movimientos eran muy cachondos, yo no dejaba de tomarles fotos, enseguida varios invitados hicieron una ruedita a su alrededor aplaudiendo, silbando, brincando, moviéndose al ritmo de la salsa..., los tres eran el centro de la fiesta, luego de un tiempo, en un giro, el Pájaro Loco dejó parada a Gatubela frente al Guasón, de inmediato ella lo invitó a bailar, con otro movimiento puso a Batgirl frente a Pinocho, atrevidamente lo jaló de la nariz y empezó su danza. El Pájaro Loco recorría el círculo con unos movimientos sensuales, al pasar frente a una mujer negra con varios kilos extras y disfrazada de Wonder Girl se puso enfrente y tomándola por la cintura la hizo girar un par de veces, en ese momento comenzó a escucharse el merengue “Abusadora” de Wilfrido Vargas:

Qué hiciste (abusadora)
Qué hiciste (abusadora)
La mujer que quise me dejó y se fue
La mujer que quise me dejó y se fue
Y ahora ella quisiera volver
Y ahora ella quisiera volver
Qué hiciste (abusadora)
Qué hiciste (abusadora)

Ambos con un ritmo cachondisimo, pero sin caer en la lujuria, despertaban el pecado en algunos… Wonder Girl, a pesar de su gordura tenía una agilidad impresionante; en buena onda, se llevaba por mucho a Batgirl y a Gatubela en eso del dancing. Después de bailar varias piezas, el Pájaro Loco, Batgirl, Wonder Woman, Gatubela, El Guasón y Pinocho se dirigieron a la barra por una bebida para refrescar la garganta, amén de recuperar la fuerza perdida con algunos canapés.
Al ver y sentir toda la energía que desprendió ese rato de baile hizo que mis dieciocho meses sin novio despertaran sugestivamente mi observancia. La pintura azul y blanca que cubría todo el atlético cuerpo desnudo del Pájaro Loco era demasiado erótica. Sobre el bóxer de licra super ajustado que traía puesto estaban un par de hojas secas atoradas en la parte delantera… las imaginé como las plumas de su disfraz, pero me dio risa pensar, cual vil santurrona, que el Pájaro Loco se había disfrazado de Adán o viceversa.
Después de robarle fuerza a mi adrenalina caminé hacia donde se encontraban y tropecé a propósito con él salpicándolo con mi bebida. Le bastó una pasadita con un par de servilletas para secar la piña colada sin despintarse. Iba a pedirle disculpas, pero puso su guante blanco al frente del pico de su máscara haciendo un ademán de: “está bien”. Él, sin hablar, pero con una risa idéntica a la del verdadero Pájaro Loco levantó su vaso y me invitó a chocar las copas junto con todos sus acompañantes. La empatía que sentí fue inmediata aun cuando al levantar su mano para brindar descubrí en la parte baja de su brazo una cicatriz que continuaba por la palma de su mano y se iba escondiendo debajo de su guante, supuse que tendría como diez centímetros de largo. El exceso de carnosidad en la cicatriz hacía imaginar un ataque con arma blanca. Sentí un ligero temor, pero eso no detuvo mis ganas de aceptar el brindis, y por qué no… un bailecito.
La salsita, “Ven devórame otra vez” de Eddie Santiago despertaba maliciosamente el deseo de hacer el amor con música:
“¡Ay, ven! Devórame otra vez
Ven, devórame otra vez
que la boca me sabe a tu cuerpo
desespera mis ganas por ti.”
Tomándome de la mano se dirigió al grupo diciéndoles: “Con su permiso voy a bailar a los brazos de la Noche”. Dejamos a sus amigos y empezamos a bailar. Como no queriendo, discretamente me llevaba hacia un rinconcito alejado del tumulto y de las miradas de los demás, no me resistí porque estaba segura que ahí no había cámara de televisión.
La música se escuchaba un tanto lejana, pero los dos disfrutábamos nuestros roces vueltos caricias; agasajos dados a nuestra entera exigencia de placer. Su cuerpo desprendía un aroma muy especial, muy suyo, lejos de cualquier olor artificial. Sentí su cicatriz y comencé a besarla dejando en ella mi saliva como cortesía a su presencia. Acariciaba despaciosamente su espalda con mis manos hasta ponerlas abajo del resorte de su bóxer. Seguíamos sin hablar, no tenía caso; todo se estaba dando como en un sueño erótico. El metió debajo de mi chamarra uno de sus guantes acariciando tibiamente mis senos… el otro recorría de arriba a abajo mi espalda. Lentamente rebasó la frontera de mi cintura y pegando mi cuerpo hacia el suyo… sexo a sexo me hizo jadear. El deseo estaba latente… y yo, casi a punto de exigirlo me detuve un poco. Aunque mi razón quería contenerme, ganó el deseo… mi cuerpo no oponía resistencia a nuestras pretensiones. Sus manos hábiles presumían sutileza y arrullaban cual péndulo a mi cintura. Nos movíamos como buque en alta mar, disfrutábamos al compás de las olas el vaivén de nuestros sexos inquietos. Decidimos cruzar el océano de ese amor momentáneo y escurridizo hasta llegar a la isla mística del éxtasis.
Al terminar nuestra odisea, sin decir palabra alguna, nos dirigimos hacia los baños. La fila para entrar al de mujeres era larga, él entró de inmediato al de caballeros, fue entonces que, sin despedirme, salí de la fiesta para ir a mi depa a revivir en sueños mi regocijo.
Al llegar allá su cicatriz, su aroma y su voz diciendo: “Con permiso voy a bailar a los brazos de la Noche” no se apartaron de mí, las recordé como lo más chingón del reven hasta quedarme dormida.
Eran las once de la mañana me serví un café y encendí la televisión, cual sería mi sorpresa al ver que estaban pasando un reportaje sobre La Gran Fiesta de Disfraces; aparecieron imágenes de algunos invitados siendo revisados por Matute y el jefe Górgory, enseguida el baile del Pájaro Loco con Batgirl, Gatubela y Wonder Woman. En algunas tomas salía yo lanzando luces con el flash de mi cámara. Al ver los créditos deduje que mi super amiga Susan y su novio Gabriel, me habían hecho la invitación.
Luego de tres semanas, se me presentó un retraso nunca antes sucedido en mi periodo, dejé pasar algunos días con la esperanza de que bajara, pero al ver que no sucedía me hice una prueba de embarazo que, para mi mala fortuna, dio positivo. No era posible que el pinche DIU hubiese servido para un carajo.
No quería tomar una decisión a lo wey, entonces, pensé hablar con Susan, le llamé por teléfono invitándola a tomar un café, quedamos de acuerdo a qué hora y en dónde.
Salí a la calle imaginando mi panza con ocho meses de embarazo. “¡No, eso no era para mí!” Pensaba tantas cosas a la vez que me sentía para la sociedad una madre soltera. Una mujer señalada por muchos, una mujer estúpidamente embarazada. Queriendo calmarme pensé que la sociedad no me mantenía.
Aunque de antemano sabía las respuestas, caminando hacia el café, me hice algunas preguntas: ¿Qué dirían mis padres si viviera con ellos? ¿Cuánto cambiaría mi vida por una noche de deseo carnal? ¿Sería capaz de cambiar mi vida libre por otra encadenada? ¿Podría tener un hijo sin padre? ¿Sería conveniente el aborto? Seguramente la última no era pregunta, pero si la opción viable para enfrentar el problema.
Seguí caminando hasta la pequeña cafetería en donde vería a Susan. Por experiencia propia ella sabía de un lugar en donde médicos muy capaces me podrían practicar un aborto en caso de que así lo decidiera. Al llegar al local tomé asiento en una de las mesas dispuestas sobre la banqueta.
Estando frente a mí al capitán de meseros se le resbaló de las manos la carta cayendo hasta el piso, él se agachó diciéndome: “Con su permiso.” Al escuchar esa frase por inercia me incliné hacia él oliendo un inconfundible aroma y al descubrir la cicatriz en su mano no me quedó duda, era El Pájaro Loco. Un cúmulo de sentimientos encontrados hicieron que mi posible decisión parpadeara, pero tomé valor y en cuanto se levantó me le quedé mirando fijamente a los ojos e irónicamente apunté: “¡Estoy embarazada…, ¿qué vamos a hacer?!” El capitán, sin decir nada, sacó del bolsillo interior de su blazer sus guantes blancos y su máscara, sin prisa se fue desnudando hasta dejar ver su piel azul y blanca y su bóxer sin hojas…, se puso los guantes y la máscara, al quedar totalmente disfrazado soltó su clásica risita del Pájaro Loco, abrió la puerta, y enseguida huyó volando por la inmensidad del cielo.


FIN

Texto agregado el 10-08-2021, y leído por 51 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
05-09-2021 Es muy sorprendente ese final. Me gusta el cuento. Saludos Nilope
11-08-2021 Un relato con mucho humor. ¿El final? humm he sabido de pájaros así, huidizos ante la responsabilidad. Saludos, Sheisan
10-08-2021 He pasado un tremendo momento leyendo este relato divertido, dinámico y de final surrealista, muchos saludos. legnais
 
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