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La primera vez que te vi fue cuando bajaste del camión de mudanzas vestido de Supermán y la capa roja se te enredó en las bisagras de la puerta. No te pegaba el traje porque eras rubio y los Supermanes de la tele siempre eran de pelo negro. No había muchos héroes rubios, estaban Acuamán y algún otro sin importancia pero Acuamán tampoco habría servido porque después, cuando ya éramos amigos, me dijiste que odiabas el agua, más que nada el mar y la sensación de los peces tocando tus talones. Se mudaron al lado de casa tu mamá y vos, de familia eran ustedes nomás o algo así le contó tu mamá a la mía cuando le avisó que te quedabas solo porque ella se iba a trabajar. Yo no tenía mucho que ofrecerte más que la leche de la tarde con algunas galletitas que la abuela insistió en que te convidara. Tampoco sabía cómo hacer amigos pero con vos fue fácil. De la nada me empezaste a contar que la leche te gustaba con azúcar porque la miel te hacía acordar de cuando te pusiste enfermo de tos una vez que te había agarrado la lluvia. Te anotaron en mi escuela pero no íbamos al mismo grado porque eras un año más grande que yo aunque igual nos encontrábamos en los recreos. Éramos medio raros porque no nos gustaba Batman como a los otros, yo nunca supe qué héroe elegir pero Batman no, y por eso nos molestaban y también porque siempre estábamos juntos. Los noviecitos nos decían. A mí no me importaba pero vos que eras más de no callarte nada un día lo escuchaste al flaco Marino y lo cagaste a trompadas. Fue feo porque llamaron a tu mamá y te puso en penitencia por hacerte pedazos el guardapolvo. Estuviste como una semana que no podías venir a casa entonces yo te revoleaba las galletitas por el tapial y vos las atajabas haciendo que volabas a veces con tu capa roja que ya empezaba a ponerse vieja. Lo bueno de todo eso fue que los demás dejaron de fastidiarnos y por ahí venía alguien a pedirte que lo defendieras de algún vivo que le robaba los caramelos. Te convertiste así en una especie de brabucón pero del lado de los buenos y los orejones, los anteojudos, los petisos o los como yo que no entendían para nada el mundo y estaban siempre por los rincones dejaron de tener miedo. Una vez sola casi te ganaron, resbalaste en el charco que se hacía en la entrada del baño y Balbo te agarró a traición, te salvó del ojo negro una portera que lo vio justo aunque no pudiste zafar de un raspón en la cara. Igual fue una época linda por más que aumentaran las visitas de tu mamá a la escuela y me pasara revoleando galletitas del otro lado del tapial. Lo malo fue que estuvo a punto de peligrar tu viaje de fin de curso porque muchos padres se quejaron de que tratabas mal a sus hijos pero bien que se quedaron calladitos cuando esos mismos santos nos desparramaban los útiles o nos rayaban los cuadernos y aunque decías que no importaba, sabía que te daba bronca porque siempre te daba bronca lo que no era justo. Al final fuiste pero con la condición de que a la menor pelea tu mamá te tenía que ir a buscar y ella te hizo prometer que no te meterías en broncas como si fuera un juramento sagrado de esos que no perdían valor por más que cruzaras los dedos. Los días que no estuviste fueron bastante aburridos, las galletas sobraban por todos lados y a la noche me quedaba despierto hasta tarde pensando en cómo te estaría yendo mientras la abuela roncaba en la otra pieza con la radio prendida.
El último día de tu viaje fue. Tu mamá se quedó paralizada en la vereda con el celular en la mano y tuvieron que ayudarla los vecinos, decía nada más que la palabra pileta y mi papá llamó a la escuela para saber qué había pasado. El viaje lo hicieron tu mamá, la mía y mi papá. A mí me dejaron con la abuela porque a los chicos no les hacía bien mirar algunas cosas, eso dijeron. Te fueron a buscar como si te hubieras peleado con alguien, con la misma cara de bronca y de tristeza. Después en la escuela te hicieron un homenaje, minuto de silencio y todo eso pero los que nos quedamos más en silencio fuimos tus defendidos: volvimos a los rincones y a los recreos cerca de la señorita para que nadie pudiera notarnos.
Ahora de vez en cuando revoleo galletas del otro lado del tapial mientras pienso en cómo no nos dimos cuenta de que el agua era tu kryptonita.

Texto agregado el 18-10-2020, y leído por 314 visitantes. (31 votos)


Lectores Opinan
18-04-2021 Conmovido.. Extremadamente conmovido.. Ahora..desde la lejania de mi vejez..como me hacen falta los que se fueron primero... edrapecor
14-03-2021 Ser diferente es el drama de este mundo. Me entristeció el desenlace, pero las tristezas de la vida culminan en horizontes de hermosura. Gracias por hacerme sentir tanto con sus letras. Un afectuoso saludo. Altamira
27-12-2020 Hermoso! También se merece un comentario que esté a la altura y yo no puedo dártelo. Si te doy mis 5 estrellas. charo_luna
23-12-2020 Maravilloso relato. Qué bien juegas con el tono, para conmover al lector cuando menos lo espera. papagayo_desplumao
16-12-2020 Tengo como una sensación de deja vu... Pero me encanta volver a recorrer tus textos. Te lo repito aunque lo sabés y tu modestia te hace sentir incómoda. Capaz que por eso es que lo digo. OrlandoTeran
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