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Vacaciones en los campos de mi tío. Un verano, hace ya muchos años, ocurrió la historia que les voy a relatar.

Catorce años recién cumplidos, y con un par de materias que me había llevado a febrero, producto de un año no muy bueno para mí, como estudiante.

Consideré una buena idea aceptar la invitación de mi tío para pasar unos días en su chacra porque me pareció adecuado estudiar para los exámenes en un lugar tranquilo y alejado de mis amistades y las tentaciones de la ciudad.

Allá me instalé, con mis libros y mis mejores intenciones de estudiar.

Todo perfecto, los días apacibles, las noches más que tranquilas, me permitían estudiar sin sobresaltos.

Se imaginan bien, no duró.

A los pocos días, llegó otra tía con sus hijos y una chica que la ayudaba con los pequeños.

No voy a describir como era la chica, pero la recuerdo con lujo de detalles y hoy lo que tengo más marcado en el recuerdo (no me pregunten por qué) es su pollera acampanada.

Los saludos de rigor a mi tía y mis pequeños primos y un cortés saludo de presentación a quien llamaremos “Mabel”.

Adivinaron, no estudié más, no me la pude sacar de la cabeza.

Y aquí una infidencia, fue la primera vez me sentí excitado sexualmente. Y fue una sensación muy distinta a la que después experimenté como adulto. Cuando la veía, me invadía una gran emoción, y un temblor me recorría todo el cuerpo.

La cocinera del lugar, una señora mayor, muy pícara, se había percatado de la situación y un día me llama aparte y me dice en secreto: “Dice Mabel que le enseñes a nadar y después…” y se sonrió, mientras me codeaba y hacía un gesto extraño con el dorso del puño.

Yo no estaba preparado para lo que me estaba insinuando, porque aún no me había iniciado sexualmente, y le respondí a la señora con una sonrisa forzada ya que no pude decir nada en el momento.

Rogué para que al día siguiente lloviera…

Amaneció un día esplendoroso y a media mañana todos se fueron al arroyo a nadar…

Yo no fui.

Sentí mucha vergüenza y además una gran frustración porque Mabel me gustaba mucho y tenía muy claro que había dejado pasar una increíble oportunidad.

Por estas razones, decidí corregir la situación y le pedí a la cocinera, esa misma tarde, que le dijera a Mabel que el día siguiente, temprano, fuera al arroyo, pero sola, que quería hablar con ella.

Un rato después, apareció la señora y me dijo: “Dice Mabel que no te preocupes, que ya tiene quien la enseñe a nadar, porque un peón jovencito se ofreció y dice que la cautivó con sus clases”

No contesté nada y a la mañana siguiente me fui hasta el arroyo y allí en soledad, me senté en la piedra que usábamos para las zambullidas. No me da vergüenza decir ahora, que, en ese momento, una perezosa lágrima se deslizó lentamente por mi mejilla.



Texto agregado el 21-08-2020, y leído por 131 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
24-08-2020 chiquitito... esta vida es de ganancias y pérdidas. Tierno relato. Saludos, sheisan
24-08-2020 chiquitito... esta vida es de ganancias y pérdidas. Tierno relato. Saludos, sheisan
22-08-2020 Me enterneció. MujerDiosa
21-08-2020 Jaja! De iniciación sexual, nada. Quedó postergada para otra vez. Muy fresca y espontánea narración. Gracias por traerla. Clorinda
21-08-2020 El mundo está hecho para los valientes (o atrevidos),,,los cobardones quedan lamentándose en el camino. Gusté leerte, amigazo. Shalom Abunayelma
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