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Inicio / Cuenteros Locales / anyleeblue / LA ROSA DORADA QUE UN DÍA NACIÓ EN EL JARDÍN (Segunda parte)

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Desde mi juventud fui muy enfermiza, solía ser muy delgada y muchos doctores pensaban que padecía de algún trastorno alimenticio, cosa que era mentira, pues al igual que ella, amaba comer, parecíamos aspiradoras, con excepción de que yo no soy fan de la carne, todo lo que comía tenía que ser compartido con ella y sino era como un delito, recuerdo aún los robos a escondidas que logró sin que nos diéramos cuenta, como el chocoflan del cumpleaños de mi hermana (que por cierto la culpable al final fui yo a pesar de que ella se lo comió), los panques, frijoles charros, chiles rellenos, sopas y más; así que era imposible que pudiera ser eso, recuerdo mucho una mañana que salimos a caminar y empecé a sentirme mal, estuve solo poco tiempo y regresé, desde ese momento algo dentro de mí sentía que no estaba bien, cada que caminábamos solía girar su cabeza hacía mí para que acariciara su mejilla y ese día no dejaba de hacerlo pero no con la intención de que la tocara, sino porque sabía que algo no andaba bien…

Llegó un punto donde los dolores en mis articulaciones me empezaron a incomodar tanto que no tenía ni fuerza para subir las escaleras o andar, así como otros síntomas empezaron a surgir, recuerdo que en una ocasión mientras entrenaba me caí, y no pude levantarme por cuenta propia, me sentía muy cansada y notaba como mi corazón latía de forma muy rápida incluso estando en completo reposo. Al mismo tiempo noté que su actitud de ella cambiaba, siempre fue una perra que no gustaba de estar en el mismo espacio, en ocasiones yo estaba en la sala y ella se quedaba en la cocina, o yo en mi habitación y ella en el sillón abajo, pero eso empezó a ser diferente, se había vuelto más unida conmigo, cuando me daba sueño subía y se quedaba recostada cerca de mi cama, en ocasiones se subía o se quedaba debajo de ella, algo peculiar que notaba, era que ponía su cabeza sobre mi hombro si estaba tumbada o en mi pierna, dependiendo mi posición y no me apartaba la vista, así como en momentos que dormía y cuando despertaba estaba muy cerca de mí sin quitarme la mirada. Esa mirada que me daba mucha paz y tranquilidad, asegurándome que todo iba a salir bien.

Entonces durante una noche de visita en casa, se me comunicó lo que mi ser sin duda conocía, pero mi parte humana se negaba a reconocer y más temía, cada perro tiene una función en la vida de cada persona, sea terrenal o semilla estelar, ella me ayudaría en la sanación, pues debido a mi misión, la carga de información que recibiría iba a ser tan pesada que al obtenerla podría ser perjudicial y mi tiempo prácticamente no sería el suficiente para culminar mi meta, en pocas palabras, mi cuerpo no resistiría, así que ella se encargaría de absorber toda clase de posible enfermedad para aligerarme el peso y así cuando sea el momento de soltarlo, mi parte física no lo resintiera tanto y así terminaría lo que he venido a hacer, no entraré más en detalles sobre este punto debido a que no es del todo comprensible para muchos…

Lo único que puedo decir al respecto, fue que a partir de ese momento empecé con diversas terapias como reiki, limpias y chequeos constantes al veterinario, me impresionaba como estos me decían que era una perrita muy sana, muy rara vez se enfermó. Para ese tiempo aún se desconocía lo que me pasaba, pero no pasó mucho para saberlo, después de varias visitas se supo que era una enfermedad autoinmune llamada enfermedad de graves, producto de otra mucho más complicada (de la cual no narraré aquí), empecé mi tratamiento con el endocrinólogo y cardiólogo, me dijeron que seguramente el efecto del medicamento sería muy lento ya que no es algo fácil de controlar, yo no me deprimí ni nada, al contrario, continué con mi vida lo más normal posible, siempre estuve positiva y me sentía fuerte con mi familia a lado, incluyendo a mi amada Sazul, quien durante los momentos de mayor dolor, no se movió de mi lado. Aprendí que no hay mayor poder cuando existen a tu lado seres que te aman, ese fue mi principal motor para continuar, así como el saber que ambas dependíamos una de la otra para continuar con nuestra labor.

Después de varios meses en observación y tratamiento, mi cuerpo empezó a recuperarse de forma muy rápida, primero se atribuía a que no solo utilizaba la típica medicina, sino otras opciones y tal vez por eso era que mi recuperación estaba avanzando muy de prisa, pero dentro de mí, siempre supe que ella tuvo algo que ver en esto, pues cuando llegó el final y ambas nos reunimos en aquel hermoso jardín, las dudas fueron completamente aclaradas y nunca estuve tan lejos de la respuesta. Evidentemente no hablé de esto con mi familia y si algún día llegan a leer este escrito, seguramente comprenderán muchas cosas, sobre todo, el porqué de mi enorme nostalgia después de su retorno a su hogar.

El doctor decía que el tiempo de efecto del medicamento era aproximadamente de 6 meses, y que todavía tardaría unos años en lograr la completa remisión, si eso no sucedería, optaría por aplicar un tratamiento a base de yodo donde solo así podría ser controlada. Durante el proceso no cambió nada en mí ni en ella, ambas seguimos, siempre firmes, siempre juntas. Al mismo tiempo empezaba a recibir una carga de información muy pesada que actualmente estoy difundiendo en diversas redes sociales (al final de la historia dejaré el link por si alguien gusta saber más sobre ello, nunca sabemos si puede ser ayuda).

Cuando eso pasaba solía sentirme muy cansada y parecía como si aquel padecimiento estuviera empeorando, hasta que llegó un punto donde dejé de sentir molestias y un septiembre de 2016, fui dada de alta debido a que mis analíticas mostraban la completa remisión, recibí mi papel sobre ello y lloré de la felicidad, pero lo peor aún estaba por venir.

Después de eso, ella empezó a enfermar de forma frecuente, visitamos muchos doctores, algunos decían una cosa, otros simplemente que solo era algo pasajero, hasta que nos dijeron que el problema era una displasia de cadera, un padecimiento muy común en perros de raza grande, quedé sorprendida, pues cuando recibimos su información, no venía que formara parte de su genética de sus progenitores ni pasados, o me engañaron o simplemente esto era lo que tenía que ser… Ahora eso ya no importaba, me tenía que concentrar en lo siguiente, empezamos con su tratamiento, aplicamos lo mismo que hicimos conmigo, pero la cosa parecía empeorar, cuando quería hacer reiki ella se negaba y se iba para su espacio, se veía cansada y en vez de mejorar cada día se notaba más débil, llegó un punto donde no pudo moverse y le costaba respirar, en mi desesperación acudimos a otra clínica veterinaria donde le realizaron una radiografía y el resultado fue un cáncer de hueso con metástasis en los pulmones. Cuando lo supe no pude evitar entrar en llanto, pero no me rendí en mi búsqueda, recuerdo que una vieja amiga de mi mamá me recomendó un doctor que nos ayudó para que el proceso fuera de lo mejor para ella, así como utilizamos fuertes dosis de medicamentos naturales, y a los pocos días volvió a respirar mejor y en la radiografía se pudo notar que la metástasis había sido prácticamente anulada (Gracias al doctor especialista en medicina naturista Ricardo Díaz que nos apoyó en esa parte), pero el verdadero problema no era eso, sino un daño en la columna que impidió que ella pudiera seguir caminando, me había concentrado en lo otro que al final el daño ya estaba hecho, fue ese doctor a quien quiero agradecerle, Doc. Edgar Eliosa, un excelente veterinario, por su calidad y comprensión, por el apoyo y palabras que aún recuerdo de ese día y por la vez en que me permitió llorar libremente en su consultorio porque en casa me era imposible, gracias por todo.

Debido a la perdida de movilidad, tenía que cargarla para poder ayudarla, perdió poco a poco el apetito y no podía evacuar por cuenta propia, los últimos días los pasaba tumbada en una pequeña frazada, en ocasiones la sacaba al jardín donde conseguía dormir poco, hasta que una tarde con un poco de esfuerzo su mirada se alzó al cielo y lo comprendí, esa noche supe que tenía que tomar la decisión, soñé cuando ambas nos habíamos conocido y sabía que era momento de separarnos, que su misión conmigo, ya había terminado.

El doctor comentó que no le quedaba mucho tiempo, que podíamos esperar unos 10 días u optar por la otra opción (eutanasia) siempre he estado en contra de robar una vida ajena, pero esa tarde cuando la vi y noté que sus ojos poco a poco perdían ese peculiar brillo, me di cuenta que estaba cansada y estaba lista para partir y por mucho que quisiera, no merecía seguir sufriendo.

A pesar de los daños que han quedado a causa de la enfermedad que comenté arriba y de la cual como dije, aquí no pienso tocar, puedo recordar como aquel día, pedí permiso para salir temprano del trabajo y pasamos toda la tarde juntas, mi madre y hermana también lo hicieron, estuvimos las 4 sentadas en la sala, recordando los buenos momentos, mientras la cepillábamos y le decíamos que podía marcharse en paz, que estaríamos bien, aún recuerdo esas horas, serían las últimas juntas. Podía saber que estaba satisfecha y ese brillo en sus ojos por fin volvía, no dudo en que estaba orgullosa y feliz, dicen que en esos momentos lo que menos debemos hacer es darles intranquilidad, así que con todo y el dolor que pudiera sentir, traté de ser lo más fuerte y en unos minutos de soledad, le agradecí por todo lo que hizo por mí, que no dudé que su misión conmigo fue ser el ayudarme a sanar a pesar de las consecuencias que tendría sobre ella, pero que sin importar el tiempo y distancia, nuestros corazones siempre estarían unidos, porque éramos familia, éramos eternas y que en cualquier instante, nuestras almas volverían a estar juntas y ojalá, no volver a separarnos… Me tumbé sobre ella para escuchar latir por última vez su corazón, el cual se detuvo a las 7:30 de la noche un viernes 10 de febrero del 2017.

Sus restos fueron cremados y actualmente reposan en un mueble de mi casa el cual es totalmente prohibido mover, su foto esta en esa urna que constantemente pido la limpien y mantengan en buen estado, de vez en cuando le llevo flores y sé que sonará fuera de lo común, pero deseo que el día de mi partida, lo que queda de nuestros cuerpos descansen juntas, como siempre lo estuvimos en vida. Como detalle, cuando llegamos a la funeraria, mi cuerpo dejó de sentirse tenso y pude llorar con total libertad, agradezco mucho el trato y respeto, aún recuerdo aquellas hermosas melodías de piano que me relajaron y me ayudaron a tener un poco de paz entre la turbulencia (Funeraria de mascotas Memorial Friends). Me da felicidad que aún existan personas que son capaces de amar con todo su corazón a estos seres que sin poseer un lazo de sangre ni ser de la misma especie nos demuestra que el amor no conoce de estereotipos.

Después de haberla preparado me permitieron verla por última vez, donde corrí y me aprisioné a su corazón que evidentemente ya se había apagado, tal vez fue muy tonto, pero siento que si no lo hubiera hecho, algo dentro de mí no estaría en paz hasta ahora.

No estoy segura cuánto tiempo estuvimos en ese lugar, la estancia no fue pesada, al contrario, no puedo quejarme de ello, pero cuando todo terminó, nos llamaron para recibirla, el lugar estaba decorado con una luz tenue y un aroma a rosas, había un pequeño mantel y sobre él, una urna con una rosa blanca encima, algo dentro de nosotros estalló y fue imposible no romper en llanto y lo último que recuerdo es que salí con mi querida amiga, en brazos.

Indudablemente la vida siguió, los primeros días fueron difíciles, mi familia siempre solía decirme que la dejara partir, lo que ellos nunca supieron fue que siempre estuve lista para que se fuera, mucho más de lo que ellos estuvieron, nuestro lazo fue más profundo (y lo sigue siendo), los grandes momentos, fotografías y vídeos, nadie me los quita, incluso conservamos un mechón de su suave pelaje que aunque han pasado varios años este no pierde su brillo, con el paso de los meses dejaron de haber pelos en casa, muchos de mis familiares de quejarse empezaron a añorarlos.

Aunque a veces me enfadé conmigo misma estoy segura que ella jamás dudó en hacer su parte, he de reconocer que a partir de ello me he negado completamente a compartir parte de lo que tengo con mi nuevo compañero, el cual llegó poco tiempo después de su partida, al que llamamos “Josefo Luneto del Chocolato”, un perro sin hogar que sin darnos cuenta se ganó un lugar especial en nuestro corazón.

A pesar de que las cosas no han pintado como he querido, tengo que reconocer que desde la desaparición de aquella enfermedad, esta nunca más ha vuelto, es como si ella se hubiera llevado esa parte insana de mí, estoy pasando por un momento bastante complejo pero justamente eso en específico, me han dicho puede en cualquier instante despertar, no lo ha hecho y tengo la certeza que no lo hará, además, sigo pensando que no solo se llevó aquello, sino una buena parte de mi corazón.

Desde su partida nos hemos encontrado en sueños solo en 2 ocasiones, estoy segura que aquellos encuentros solo son esporádicos para no alterar mi debilidad, lo que si estoy muy segura es que cuando aparece, disfruto ese tiempo como si fuera el último y no dudo ni siquiera en que no se trate de ella, pues ese brillo en especial, no puede ser de nadie más. Contrario a mi hermana, ella suele verla de forma más seguida, argumentando que la reconoce por la misma razón que yo.

Sé que ella no podrá leer esto, solo deseo que este escrito llegue a muchos más, como muestra de que cada compañero de 4 patas es más que un animal, que un perro, es un alma con una misión en especial y que su presencia debe de ser valorada, más de lo que podemos imaginarnos. Un buen día leí una historia donde decían que los perros vivían poco debido a que ellos sabían lo que era amar, en cambio el humano, podía tomarle infinidad de vidas para saberlo o recordarlo.

Unos meses después paseaba por aquel campo que solíamos visitar y noté un brillo extraño un poco lejos, casi escondido de la zona, supuse que era el reflejo de algún objeto ocasionado por efecto del sol, pero como impulso de mi corazón me dirigí hacía ahí, y mi sorpresa fue que encontré una hermosa rosa de un tono dorado, mi primera reacción fue pensar que alguien pudo pintarla, solo que al acariciar sus pétalos, pude sentir aquel amor tan sano y eterno que solo ella pudo darme y las lágrimas no se hicieron de esperar, al otro día acudí al mismo lugar y esta ya no estaba, estoy segura que tampoco di con el lugar exacto donde la vi, sin duda alguna aquellos que amamos nos mandan señales de que nunca se irán y siempre vivirán por el resto de nuestras vidas y que la única forma en que mueren, es cuando los olvidamos.

Gracias a los que se han tomado el tiempo en leer, desde este momento una parte de Sazul y mía, vivirá por siempre con ustedes.

ESTA HISTORIA NO HA LLEGADO A SU FIN.
“Nos veremos en Sirio mi eterna amiga”
A la memoria de Sazul

Para más información del link que mencioné arriba:
https://www.facebook.com/Proyecto-Semillas-Estelares-Las-Pl%C3%A9yades-1016306895230304/

Texto agregado el 08-02-2020, y leído por 48 visitantes. (0 votos)


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