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Inicio / Cuenteros Locales / anyleeblue / LA ROSA DORADA QUE UN DÍA NACIÓ EN EL JARDÍN (Primera parte)

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Fue hace unos años cuando durante varios sueños la conocí, sabía que no tardaría en aparecer en mi vida, pero aun así, estaba segura que para llegar a ella debía buscarla a pesar de que estaba más cerca de lo que pensaba, no fue tan complicado hacerlo, recuerdo que mi primera señal fue un periódico, exactamente una sección en particular, donde al ver el anuncio supe que era ahí, donde estaba, así que no dudé en ponerme en contacto. Y tal como lo había visto durante la noche anterior, la descripción que me dieron no me hizo dudar que era ella, así que les pedí me permitieran verla esa misma tarde, a lo cual aceptaron.

En unos meses cumpliría 18 años y les pedí a mis padres me dejaran tener un perro, quería un golden retriever, pues aquel perro era el que veía constantemente en mis sueños, no solo nos encontrábamos en cortos momentos, sino viéndome a mí, siendo mayor y ella, siempre a mi lado.

Esa misma tarde partimos al lugar del encuentro, no recuerdo exactamente dónde era, solo sé que venía de Veracruz y sentía una enorme emoción de que pronto nos reencontraríamos, sí, aunque suene muy loco, ella y yo nos conocíamos desde hacía muchos años, incluso antes de venir a esta vida, algo muy profundo nos unía y era momento de empezar con una nueva y extraña labor que mi corazón estaba dictándome.

Recuerdo la sensación de nerviosismo cuando entré, son instantes que apunté para no olvidarlos, había varios sofás y en medio de uno de ellos estaba ella, escondía la mitad de su gordo cuerpecito dejando al descubierto su parte trasera, la emoción fue alucinante, le llamé diciéndole que por fin nos habíamos encontrado, al escuchar mi voz, empezó a salir poco a poco y tiré suavemente para abrazarla, fue un tiempo mágico, una emoción y felicidad invadió todo mi ser y sentí como mi despertar estaba por dar un giro inesperado, no recuerdo bien que pasó en la otra parte, pues mi madre se encargó del resto. Solo sé que abordamos el auto y detrás veníamos las dos, con su cabeza apoyada sobre mis piernas, sintiendo su calor, al mismo tiempo que le decía que era momento de empezar la misión, sus ojos brillaron como sabiendo de qué estaba hablando, mientras nos mirábamos fijamente. Decidí llamarla SAZUL, nombre que sin duda será imborrable de mí ser hasta mi último respiro en esta vida.

Fue ahí cuando nuestro lazo se hizo más fuerte y comprendimos que ambas habíamos acordado muchos años atrás encontrarnos para dar comienzo a una nueva aventura y que éramos eternas amigas, lo que se conoce, como aliados y que no solo nos habíamos encontrado en este mundo, sino en nuestro hogar, en el suyo y muchos otros. Y lo más emocionante, que no solo había estado conmigo, sino con mi otra parte.

Curiosamente sabía muchas cosas sobre este mundo, no fue complicado enseñarla a hacer del baño fuera de casa, tampoco hizo destrozos con los muebles, parecía que tenía algo personal con mi hermana porque le gustaba mucho agarrar sus cosas y destruirlas, así como dormir en su cama y de plano mi hermana en otro sitio, pero ella siempre la amó, ambas se amaban muy por encima de cualquier cosa y estoy segura que no solo hizo su labor conmigo, sino también con ella, pues parte de nuestro corazón, estaba unido. Solo fue la primera noche la que fue complicada, algo completamente normal, de separarse de su única hermana que quedaba y su madre, es un proceso de adaptación que incluso los humanos pasan.

Fuera de todo ello, la definición de amor incondicional era ella, fue quien me recordó que el amor debe ser dado sin condiciones a pesar de que siempre supe que había muchos tipos de amor, si tengo que describirla, era paz, luz, felicidad y también un poco de intensidad, juego, armonía, a veces nos hacía enfadar, porque amaba los baños de lodo, entre muchas cosas poco gratas, como comer suciedad de vacas o gatos, incluso un toque de desesperación, pero siempre con una sensación de agradecimiento y orgullo que era estar en nuestra vida, he de reconocer que todo fue mutuo. Y que todo sentimiento de pureza y bienestar, nadie como ella para representarlo.

Nuestros juegos después de la comida fueron pan de cada día, tenía una especial pasión por las carnazas y bolillos (o tortas), así como las caminatas por la mañanas y tardes ya sea con mi madre, mi hermana o yo, eran imperdibles, gustaba mucho de ladrar, tumbarse patitas arriba y que le rascaras la panza, correr a toda velocidad, darnos regalos como animales muertos, era experta cazando roedores y detestaba a las lagartijas, de pequeña se comía los cactus aunque tuvieran miles de espinas, subirse a los sillones y rechazar cualquier tipo de cama, bajo el lavabo era su refugio favorito, tenía una hora especial para estar atrás y delante de casa para que el sol no le molestara, era demasiado inteligente, podía encender las luces, abrir las puertas, tirar de sus cosas, entre muchas cosas más… Siempre había pelo por toda la casa y en nuestra ropa, y más cuando estaba en muda, adoraba que la cepillaran y lavaran sus dientes, no soportaba que otro perro tomara de su cubeta y si lo hacía no tomaba agua hasta que no fuera cambiada, su pelaje era largo y brillante y así fue hasta su último día, así como su mirar, si alguien me hacía daño lo ignoraba y no se acercaba, era sociable pero no gustaba de los niños a pesar de que nunca lanzó una mordida, si veía un cadillo en su pelaje, no descansaba hasta quitarlo, los paseos para hacer sus necesidades eran todo un espectáculo, buscaba un lugar en especial que nunca entendí, nos gustaba correr por el campo, lugar que se volvió nuestro sitio favorito para todo momento y que este perdió un poco de sentido (sino es que todo) con su partida…

Amábamos acostarnos una a lado de otra y sentir su respiración cerca mío, no era necesario que le hablara, nos entendíamos con solo pensarle o mirarle, éramos en definitiva, las mejores cómplices, ambas sabíamos escucharnos, pues para ese tiempo, recordé lo que ya sabía, que los animales hablan, pero no todos están listos para escucharlos.

Escuchar su corazón era algo que amaba, porque me reconfortaba hacerlo, era la muestra de su vida, nunca dudé de su amor hacía mí, un amor sano e infinito, era más que un perro, era mi familia, mi gran amor de 4 patas, a pesar de que veníamos de mundos diferentes, nuestra conexión era eterna, irrompible…
Podría seguir escribiendo infinidad de cosas sobre ella, sobre nuestras aventuras, pero la lista es tan larga que seguro no acabaría nunca, solo quiero plasmar lo que aquel amado ser dejó en mí, aprendí de ella y su función en mi vida.

Continuara...

Texto agregado el 07-02-2020, y leído por 35 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
07-02-2020 Tu texto me recordó "Callejero" de Alberto Cortéz. Esperaré la próxima entrega; muy buen relato. Saludos desde Iquique Chile. vejete_rockero-48
 
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