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Mi hermano me dijo que quería que los acompañara a él y a la Gaba a la isla porque la Gaba la había invitado sin el permiso de mi hermano a la Chiqui. El caso es que mi hermano, me dijo, tenía que hablar de algo importante con la Gaba y entonces mi función en la isla sería la de hacer que estuvieran solos para hablaran tranquilos de eso importante, lo que quería decir, más o menos, que yo tenía que hacerme cargo de la Chiqui, mantenerla entretenida y alejada de ellos. Yo enseguida pensé que lo que mi hermano quería era hacer el sexo con la Gaba y no entendí por qué no me lo dijo así como suena, pero no le dije nada. Si igual me gusta ir a la isla, me pone contento y si tengo cosas malas en la cabeza se me van. Dicen que se pescaba bien antes de que hicieran la obra en el puerto, pero yo era muy chico y no me acuerdo. También dicen que ese montón de esqueletos de árboles que está ahí era un bosque donde había pájaros y otros bichos. Dicen que una vuelta con la crecida del Paraná apareció en la isla un yacaré bastante grande. En realidad la isla es más bien una islita que debe ser como cuatro cuadras de las del barrio. Me gusta comer asado en la playita al aire libre, casi siempre hamburguesas y chorizos en la parrilla portátil y después mirar el cielo rojo cuando oscurece y volver remando de noche orientado por las luces altas del puerto como se orientaban con las estrellas los marineros de otras épocas. Tampoco es que haya que remar mucho. Me dijo mi hermano que la distancia desde el amarradero hasta la isla es de 500 metros, y si él lo dice debe ser porque de algún lado lo sacó. También me gusta la Chiqui, pero no se lo dije porque todavía es chica: tiene tres años menos que yo y va al colegio.
Mi hermano se puso de mal humor porque se nos hizo tarde. Fuimos hasta lo de la Gaba y la Chiqui no había llegado. La Chiqui es prima de la Gaba. Era ya el mediodía y no contestaba los mensajes. Cuando llegó dijo que tuvo problemas porque la madre la mandó a la farmacia donde hubo que hacer bastante cola y casi no la deja ir. De ahí nos fuimos al almacén a comprar el carbón, el hielo y la cerveza. Mi hermano y la Gaba adelante y nosotros atrás. Mi hermano nos pidió plata porque había que comprar seis cervezas y ayudar con la nafta. La Gaba le dio poco y él se quejó de que ella nunca ponía plata. Yo le di por mí y por la Chiqui y cuando dije eso, que ponía plata por mí y por la Chiqui, me sentí importante. Igual me pareció una exageración que comprara seis botellas de cerveza, que además eran pesadas y había que tratar con cuidado. La Gaba le dijo que era una barbaridad y él puso cara de enojado y no le contestó. Enseguida prendió un cigarrillo y la Gaba le dijo que era mala educación fumar en el auto cuando nadie fumaba y él le contestó que yo a veces le robaba cigarrillos y que pensaba que él no se daba cuenta, y que seguro en la isla le fumaría alguno si es que todavía no había yo tomado el coraje para ir al quiosco y comprarme mis propios vicios, y que si él fuera un alcahuete como a veces era yo, le podría decir a papá y me la armaría bien de bien. Yo no dije nada, pero un alcahuete no soy. El auto agarró la calle de bajada al puerto, que es adoquinada y llena de baches, y empezamos a temblar como si nos hubiera dado electricidad.
La Gaba en realidad se llama Gabriela; mi hermano la llama la Gaba cuando ella no está, pero cuando la tiene al lado o si habla por teléfono siempre le dice Gabriela o Gabi. Entiendo que debían ser algo así como novios. Una vez le pregunté y él me dijo que la Gaba para lo único que servía era para hacer el sexo, que él sabía que no daba para mucho más. Yo le dije que entonces por qué hacía un montón que estaban juntos y él me dijo que nomás siete meses y le dije que eso era un montón de tiempo, que yo en su lugar capaz que en esos siete meses me habría encontrado a otra que fuera buena para más cosas y más divertidas que hacer el sexo, si es que hay cosas más divertidas que esa para hacer con una chica. Entonces se rio y me dijo vos no sabés de mujeres porque sos chico. Está bien que mi hermano sea diez años mayor que yo, pero eso no le da derecho a decir que no sé nada. Además yo trabajo y por eso pude poner la plata por mí y por la Chiqui para el viaje y sentirme importante, aunque sé que este trabajo es para tener unos pesos en el bolsillo y para que papá vea que me esfuerzo por progresar. No es que sea muy interesante ser repositor en el mercadito del barrio. Tengo que controlar que no falte la mercadería en los estantes y mantener el orden. A veces si está muy sucio también limpio el piso, sobre todo cuando a alguien se le cae algo como una botella o un paquete de harina.
En la costa estaba el bote del señor Franco, que es el jefe de mi hermano en el taller de motos donde trabaja. Mi hermano también sabe de motores fuera de borda y por eso es importante y mucha gente lo conoce. Es que acá la gente usa mucho las motos y las lanchas. Me gusta el olor que trae en la ropa sucia cuando vuelve del taller, pero no sé si me gustaría trabajar ahí. Papá en cambio está en el puerto en la parte de seguridad y usa un uniforme que manda lavar todas las semanas y queda con olor a jabón como uno que hay en el mercadito. Es otro olor que también me gusta de otra manera. Hay un estante del mercadito que tiene olor a mi papá cuando se va al trabajo. Hacía calor y el sol estaba bien arriba, y detrás de la isla y más allá de la otra costa, más lejos que los árboles altos del campo después del Paraná había una fila de nubes como escamas de esas que los viejos dicen que traen buen tiempo. Mi hermano seguía de mal humor y nos dio la orden de llevar las cosas. Yo agarré la bolsa de las compras con las seis cervezas con una mano y el carbón con la otra y caminé despacio hasta el bote, que tenía la panza apoyada en la arena. El río estaba bajo y en el agua marrón había, como siempre hay, una aureola aceitosa y cositas negras y palos. La Chiqui llegó detrás de mí con un bulto y nos quedamos viendo cómo mi hermano y la Gaba discutían y sus cuerpos y sus brazos se movían como si quisieran poner un poco más de drama a las palabras que se decían en voz baja para no ser escuchados. Nosotros nos reímos un poco y nos quedamos esperando. La Chiqui dijo que no entendía por qué la gente se ponía en pareja y yo le dije que ya después con el tiempo lo iba a entender. Mi hermano se trajo la heladera portátil, que tenía ya la bolsa de hielo dentro, y metió las cervezas mientras los demás subíamos al bote. Después acomodé las cosas, que no eran pocas, y sé que soy bueno acomodando cosas.
La Gaba es bastante alta, más que la mayoría de las chicas que veo. Por suerte mi hermano también, un poco más que ella. Ella tiene el pelo negro y muy largo y enrulado que si se lo estira le llega hasta la cintura. También tiene el pelo muy negro y enrulado entre las piernas en forma de un triángulo. Es que la vi desnuda en fotos del teléfono de mi hermano. No sé para qué les manda esas fotos a algunos amigos y al jefe del taller. No creo que la Gaba sepa que la anda mostrando desnuda. Tiene las tetas chicas y los pezones oscuros; se le notan las costillas cuando está tirada boca arriba. Hay videos haciendo el sexo con ella, pero no los quise mirar. Una vez se dio cuenta de que le revisaba el teléfono y me trató de chismoso y pajero. Será que sus amigos como son grandes no son pajeros ni chismosos. Igual yo es que soy curioso nomás. No me hice nada con esas fotos, si total para eso hay material en internet. Un día llegué a casa y estaban con lo del sexo encerrados en la pieza. Escuché que ella le decía que no quería y que no le tirara así del pelo porque la estaba lastimando. Se quejaba bastante y él le gritaba que era una puta que seguro se había sacado las ganas por ahí. Después aparecieron y la Gaba tenía colorados los cachetes y me di cuenta de que venía de llorar. Sé que a mi hermano nunca le gustó que ella trabajara en la estación de servicio despachando nafta y gasoil. Es que la hacen ponerse ropa llamativa y ajustada para atraer a los clientes y mi hermano dice que parece una puta y que él se da cuenta de cómo la miran y le hacen risitas. Dice que los camioneros son unos degenerados y que ella hace como que no, pero en realidad le gusta que la miren, que le gusta ser el centro de atención. Mi hermano una vez me dijo que las mujeres pueden hacer el sexo cuando ellas quieran y elegir con el dedo así nomás con quién, que les alcanza con un guiño, una risita, una pollera corta o insinuar las tetas, y que para los hombres eso es mucho más difícil y siempre llevan ellos las de perder.
Decidí remar. El remo es un buen ejercicio y hay que saber mantener la dirección del bote con los brazos y el ritmo del cuerpo con los pulmones. Íbamos callados con el ruido de las palas en el agua. Presté atención a un barco enorme de casco rojo y negro amarrado en el puerto y entendí que papá estaría ahí cerca haciendo su trabajo. En eso me concentraba para no pensar en el esfuerzo y mantener la respiración tranquila. Ya es que el río siempre empuja el bote para donde quiere. Mi hermano me interrumpió para decir que remara más fuerte porque era tarde y ya tenía hambre. La Chiqui iba sentada en popa, conque la tenía de frente y cuando no se daba cuenta la miraba para respirar con ella. Se llama Claudia y le dicen la Chiqui porque es la menor de tres hermanas, o algo así. Es más bien bajita y no tiene la flacura de la prima. Supongo que me gustan más bien rellenitas. No soy de hablar mucho con ella ni con las mujeres en general. Se me ocurrió entonces que ella era buena en el silencio y para mantenerme con la respiración tranquila y que esto era señal de que no solamente para el sexo sería buena cuando creciera y pudiera yo proponerle algo lindo entre los dos.
Cuando llegamos tuve que bordear la orilla hasta la parte donde no había juncos para apoyar la panza del bote en la arena de la playa. Ni bien bajamos todos y después de empujar el bote por la arena me pareció que mi hermano tenía cara de más tranquilo y que la Gaba ya casi no lo perseguía con sus reclamos. Entonces supe que la isla empezaba a funcionar. Miré para todos lados parado en la playa y en la línea de la costa no se veía a nadie, cosa que no me pareció nada rara. Tampoco había humo ni ruidos de esos que hace la gente cuando va de camping. A simple vista todo el lugar era para nosotros cuatro. Y como si la isla hubiera funcionado por fin para todos nos pusimos a hacer las cosas que se supone que hay que hacer cuando uno va a comer a la isla y con las caras que había que tener. Yo hice el fuego.
Mi hermano abrió una cerveza, se sirvió un vaso y le ofreció a la Gaba, pero ella le dijo que no, que no podía tomar alcohol. Él le puso cara rara, como si se hubiera ofendido, enseguida se sacó la remera y se fue a la orilla a meter los pies en el agua. La Chiqui también se sacó la remera y quedó con la parte de arriba de la bikini y el short. Después se puso los auriculares y se fue a tirar en la arena como para tomar un poco de sol muy cerca de donde yo manejaba el asunto de la parrilla. Entonces la miré sin que se diera cuenta y me distraje con sus tetas, que resultaron ser redondas y regordetas, y en la sana comparación más grandes que las de la prima. También me gustaba mirarle el pocito que le hacía el ombligo al sol y una línea oscura de pelitos insignificantes que se le metía debajo del short y la aureola oscura en las rodillas y la claridad de los talones y las uñas de los pies pintadas de rojo. Cuando me di cuenta de que estuve un rato largo distraído con todo eso me puse nervioso. Fui adonde la Gaba tenía las cosas y me serví un poco de cerveza. Ella me dijo que desde cuándo tomaba yo alcohol y le dije que ya había cumplido 18. Me tragué el vaso de golpe y tuve que alejarme para no eructar fuerte delante de ella.
Después de comer estábamos todos más alegres. Las cosas siempre funcionan mejor con la panza llena. Mi hermano y yo tomamos cerveza y las mujeres agua mineral. El hecho de haber tenido yo la responsabilidad de la comida y que todo hubiera salido bien me hizo sentir importante y mi hermano hasta me dio un cigarrillo sin que le pidiera. No es que yo fume ni mucho menos, pero hay veces que las cosas entre hombres se dan de una manera tal que uno se deja llevar porque la ocasión lo pide. Mi hermano dice que estas cosas las sabemos los hombres y que las mujeres no las entienden, y que por eso hay cosas de hombres y cosas de mujeres, y que entre mujeres no hay amistades como las que se dan entre hombres porque compiten mucho entre ellas por cualquier cosa y siempre se pelean porque no tienen códigos bien asentados. Nunca entendí bien eso de los códigos aunque supongo que debe ser algo bueno y sagrado que no hay que olvidar, y que si uno no tiene códigos no merece respeto. La Chiqui se sacó el short y se tuvo que acomodar la parte de abajo de la malla que se le había metido de tal manera que tuve que mirar para otro lado. Decidí entonces que ya era momento de alejarla de los otros para que pudieran hacer lo que tuvieran que hacer, porque esta decisión sería también parte de esa cosa de los códigos entre hombres de las que uno se tiene que dar cuenta solo y por el solo hecho de ser hombre. Por suerte la Chiqui no sospechó nada y se puso contenta de ir a dar una vuelta por allá donde estaban los árboles muertos.
Se dice que en otros tiempos la isla entera era un bosque de árboles altos como los que todavía quedan del otro lado del Paraná, que había pájaros grandes que hacían sus nidos y que para desembarcar era necesario el machete para desmalezar. Los pescadores dejaban los trasmallos toda la noche y tomaban el agua del río y veían otras estrellas y volvían con los botes repletos de pescados grandes que ahora apenas se ven muy al norte. Le conté a la Chiqui todo esto y le hablé de las inundaciones y del yacaré que se veía desde el puerto tirado en la playa. Caminamos entre los troncos muertos ya grises y las raíces, muchas de ellas quemadas porque la gente hacía campo con fuego cuando se quedaba a la noche. Algunos árboles muertos estaban caídos con las raíces fuera apoyados en otros también muertos pero todavía en pie. Los troncos más gruesos fueron talados y parecían mesas ratonas agrietadas de color gris. No se oía ningún pájaro y yo me sentía mover ágil y rápido entre las raíces como manos que agarraban la tierra y los palos tirados y las sombras finas y largas que no podían tapar la luz que me hacía transpirar un poco. Por suerte la Chiqui daba pasitos delicados, no hablaba mucho y abría los ojos bien grandes como si quisiera guardarse para siempre el paseo. Me dijo que nunca había estado en la isla y que le gustaba. Anduvimos un rato dando vueltas como cerrándonos y abriéndonos en espiral hasta que nos acercamos adonde estaban mi hermano y su prima.
Le dije que mejor no siguiéramos por ahí porque más atrás nos íbamos a encontrar con los otros, que era probable que estuvieran haciendo cosas de novios. Me pareció más delicado decir cosas de novios y no eso del sexo. Es que supuse que si le decía que estaban haciendo el sexo así como suena se pondría colorada o incómoda o algo. Entonces me preguntó si yo tenía novia y le dije que no. Después que si yo había hecho ya cosas de novios. Le dije que claro, que lo normal era que los hombres a mi edad las hicieran. En realidad le mentí porque yo no había hecho el sexo con nadie, pero me dio vergüenza que ella lo supiera. Una vez mi hermano me llevó a la whiskería, que es donde están las putas de verdad y van hombres mayores a tomar e invitar tragos y pagar por sexo a esas mujeres. Mi hermano tuvo que darle plata al portero para que yo tuviera la edad suficiente para entrar. Después se puso a tomar un trago preparado con varias cosas y me dijo que me fijara bien cuál de las chicas me gustaba más. Yo es que me puse nervioso porque ninguna me gustaba y la ropa y el maquillaje que llevaban iluminadas con esas luces las hacían parecer viejas y malas. Mi hermano insistió y como yo no decía nada me trajo a una de pelo anaranjado que me dio un beso en los labios y me dijo si no tenía un trago para conocernos un poquito y que después nos íbamos a ponernos cómodos a la parte de atrás. Mi hermano le hizo esas risitas que me hace a mí cuando me tengo que ir a dar una vuelta porque él tiene que hacer el sexo y le puso entre las manos un vaso lleno de algo que parecía fuerte y a mí una cerveza y se fue con una de las mujeres de ojos pintados y cara de bruja mala con unas tetas muy grandes. Lo cierto es que no pude hacer nada con la chica y tuve que ir a vomitar porque algo me cayó mal y no me gusta acordarme de lo que pasó. Después a mi hermano le dije que me habían encantado esa mujer y lo que habíamos hecho juntos. Igual no creo que se acuerde mucho de eso por suerte porque estaba él muy borracho cuando nos fuimos.
Anduvimos un poco más entre los troncos talados de raíces quemadas; la Chiqui me dijo que la Gaba estuvo un poco triste en esos días, pero que a ella no le había contado nada raro. Yo le dije que seguro en la isla se le había pasado. En eso oí voces y supuse que no estarían con lo del sexo, lo que me pareció bueno porque si los veíamos no nos encontraríamos con alguna escenita que la hiciera poner colorada, y habría tenido yo que taparle los ojos o ponerme a explicarle algunas cosas de las que no me parecía bien hablar con ella. Entonces quiso escuchar lo que se decían y le dije que era una chismosa. Y ella que claro, que cómo no iba a ser chismosa con las cosas de la prima, y se rio y me agarró de la mano para que nos acercáramos.
Escuché la voz de mi hermano que decía algo de que en un par de semanas conseguiría la plata para solucionar todo y que las cosas volverían a ser como siempre. Entonces los vimos. Estaban los dos de espaldas a nosotros sentados en el suelo, se hablaban sin mirarse. Nos quedamos sentados detrás de un tronco caído que estaba quemado de un lado. Era como un pozo con palos quemados y cenizas viejas, había envases de tetra brik aplastados y latas. Sentí el pelo de la Chiqui que me rozaba la oreja y su rodilla pegada a la mía. Mi hermano tomaba cerveza de la botella. La Gaba dijo que no podía hacer eso porque era una mierda, que lo había pensado y que lo iba a tener; el pelo le llegaba hasta la tierra. Él quiso agarrarle la mano y ella se alejó con todo el cuerpo sin moverse de su lugar. Más atrás en el río se encendían y apagaban puntos de luz como si el sol estuviera lloviendo. Entonces me dio por pensar que en el fondo eran novios, que él la quería y se preocupaba por ella, que tenía miedo de que le pasara como a mamá, que murió cuando yo nací aunque yo no tuve la culpa y vinieron malos tiempos y dijeron que las cosas nunca volvieron a ser como antes. Se levantó de un salto, tiró la botella de cerveza con fuerza y le gritó que era una estupidez. Yo sentí la mano de la Chiqui en la mejilla y cuando giré la cara me dio un beso en los labios como en un sueño, se hizo el pelo a un costado, volvió con la boca abierta y los ojos entrecerrados y me tocó los labios con la lengua mojada. Quedé congelado unos segundos y no pude respirar hasta que largué todo el aire de golpe y le di un cachetazo.

Texto agregado el 27-08-2019, y leído por 399 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
27-08-2020 Me gusta la historia que hay detrás del pensamiento del protagonista cuando muestra una cosa pero en realidad quiere mostrar otra. Saludos. MCavalieri
25-09-2019 "Se me ocurrió entonces que ella era buena en el silencio y para mantenerme con la respiración tranquila y que esto era señal de que no solamente para el sexo sería buena cuando creciera y pudiera yo proponerle algo lindo entre los dos". Una mujer para compartir el silencio...Es muy lindo. mialmaserena
13-09-2019 3) Cuando digo poca excepcionalidad estoy queriendo decir que vemos a todos los adolescentes mas o menos parecidos, o todos son rebeldes insufribles o todos pajeros anodinos, y así nos dejan de interesar porque ya van a salir de esa horrible etapa. En fin. kroston
13-09-2019 2) Quizá los muchos estereotipos, las burdas caricaturas y la poca excepcionalidad que le cargamos a la pubertad juegan en contra. Quizá siempre estemos buscando a Tom Sawyer o a Holden Caulfield y este tipo de personajes, menos original y literario, necesita más desarrollo. Saludos kroston
13-09-2019 El ritmo lento y esas frases más prosaicas reflejan en parte la simplicidad del personaje, bien, pero también sorprende por la rareza de su comportamiento. Cuesta encontrar hoy adolescentes como este y, por lo mismo, cuesta asimilarlo, sobre todo con ese inaudito final. Es un buen relato, pero tiene algo de inverosímil que a mí me hace ruido. kroston
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