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…ESTÁ EN LOS OJOS DE QUIEN LA MIRA

Cuento hecho con la motivación de la invitación de CAFEÍNA. ¡Gracias por ser catalizador de la creación literaria con los concursos, mi querido Cafeína!

Ana clava el lápiz en el ojo de Jose. Inmediatamente se horroriza por el crimen que acaba de cometer sobre su compañerita. Un gran enojo la cegó y su reacción fue tan rápida que hasta a ella misma la agarró por sorpresa.
La maestra se lleva en brazos a Jose y todos los niños corren tras ella, evitando pisar las gotas de sangre que deja. En todos sus años de experiencia jamás la prepararon para algo digno sólo de las peores prisiones. No permite que la niña se saque el lápiz del ojito.
Ana se ha quedado sola, sentadita en el salón. No puede creer lo que acaba de hacer, pues siempre se ha considerado una niña buena y dulce: “Todo fue tan rápido. No pensé. No pude evitarlo. Estoy llena de maldad. Me merezco lo peor”. Observa su dibujo de día de las madres, el que momentos antes había roto Jose. Entonces se echa a llorar porque sabe que Jose ha perdido el ojo… El caso es mucho peor. El lápiz atravesó los dos hemisferios del cerebro de Jose, deteniéndose justo debajo de su oreja izquierda. No sobrevivirá.
Mientras baja las escaleras, la maestra piensa: “La fuerza, la violencia, la maldad para cometer dicho crimen no es de una niña de siete años, van a creer que fui yo. Qué bueno que no le he quitado el lápiz, así las huellas de Ana tienen más posibilidades de sobrevivir.” Al llegar a la ambulancia de la escuela, la Directora prohíbe que la maestra suba. Le dice que ha sido muy traumante, aunque en realidad le ha dado órdenes a los maestros y agentes de limpieza que la encierren en un salón, sin que tenga contacto con más niños. Sospecha que ella fue y piensa: “Esta maldita cree que nos vamos a tragar ese cuento”.
Cuando la encierran, la que siempre fue una dulce maestra se transforma. Comienza a gritarles groserías y a aventar sillas contra la puerta: “¡Idiotas, hijos de su putísima madre! ¡Yo no lo pude evitar, cabrones de mierda! ¡Esa pinche niña loca hay que refundirla en la cárcel para siempre!”
Los policías, los niños, los padres, los maestros, todo el país se pregunta qué estuvo mal. Nadie entiende y todos exigen un responsable con urgencia. El plato fuerte es el angélical rostro de Ana, que es fotografiado y seguido, en todo el camino hasta el Centro de Atención Familiar. Reporteros y psicólogos aderezan con historias famosas de niños asesinos, de padres degenerados y de maestros retorcidos.
Son los últimos minutos de la operación. Los doctores ya saben que no hay nada que hacer. En algún extraño chispazo de conciencia José implora en silencio: “Perdóname, Papá Diosito, por haber roto el dibujo de Ana. Sentí mucha envidia y no me pude contener… no entiendo cómo fui capaz. Como dice el Señor Doctor, estás a punto de recibirme y, el único mal que me voy a llevar contigo es el mío. Espero que puedas perdonarme.”




Texto agregado el 01-07-2018, y leído por 39 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
03-07-2018 Que horripilante y lo peor es que me resulta un hecho viable. Excelente. Un abrazo, sheisan
01-07-2018 Qué cuento más terrible. Me gustó especialmente las lecciones que enseña, lo que cada uno piensa. Muy bueno. Un beso. MujerDiosa
01-07-2018 El cuento es de terror al máximo. Muy ingeniosa y aleccionadora historia. El final, de talento puro. A la pregunta te respondo: amigo, lo que falla es la sociedad y su miseria humana. Se necesita sembrar valores en el hogar y cultivarlos en la sociedad. Un abrazo, Alejandro querido. SOFIAMA
01-07-2018 Una historia desgarradora con un final terminante. +++++. sensaciones
 
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