TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / aldeavieja / Inquietudes a pesar de todo

[C:395394]

Pepe el de ciñera (Capit III.)

Empiezan los Cambios

El trayecto de regreso a casa, en tren con coche cama y literas y asientos tapizados y confortables para los billetes de menos precio, como el suyo, le permitió descubrir que hay diferentes mundos que no se ven y con los que convivimos cada día. Para él, el tren, los trenes hasta ese momento, no eran más que una sucesión de vagones, detrás de una locomotora echando humo, con asientos de madera para transportar personas o sin asientos ni divisiones, como cajones grandes y cerrados, para el ganado, paquetes o mercancía. En su corta estancia de militar, también descubrió la importancia de muchas cosas; como que, para que te aprecien y te respeten, hay que respetar y comportarse con lealtad y conforme a lo que se es y lo que se tiene; que hay que tratar de ir a la par que los demás y pensar antes de hablar o decidirse por algo, evitando meterse en líos, peleas y discusiones que no van con uno y si se puede, agradar y contemplar a los que se tiene cerca, que serán los únicos que te miren o te socorran en caso de apuro. De los varios cientos de reclutas con los que convivió en el Campamento, apenas recordaba la cara de dos docenas y con absoluta seguridad, solo los nombres de Dionisio y Casimiro, con contrato de trabajo por la mili, con una Empresa minera de la cuenca del Nalón, cerca de la Felguera, de donde eran nativos y vecinos. Se conocieron confraternizando con el vino y el no tener nada que hacer en el mucho tiempo libre del campamento, donde el habla, la tierruca y las mismas aficiones, les juntaba para las timbas de las tardes jugando a las cartas en los bares del pueblo. Salieron juntos del Ferral hasta León, donde quedaron sus amigos, que le invitaron y prometió visitarlos en la Felguera, en las Fiestas de San Pedro, que se celebraban en la siguiente semana.

Las marchas, escaladas y caminatas haciendo instrucción y aprendiendo a marcar el paso, junto a los excesos tabernarios, robustecieron y ensancharon su alargada y huesuda anatomía, con resultado muy positivo para el gusto y parecer de la gran mayoría de mujeres que lo conocían desde antes de la mili; su paso por el cuartel, lo había transformado en un alto, atractivo y fornido mocetón de facciones suaves y aspecto regio y ademán tranquilo y varonil, que todos admiraban. Su sonrisa franca y espontánea y la mirada curiosa, limpia y campechana, convertían sus timidez y limitaciones en una discreta y reservada virtud de prudencia que ensalzaba, aún más, su figura. Casi siempre, escuchaba en silencio y callaba como masticando la respuesta y nunca sentenciaba hasta que la situación lo requería y esto que, para él, no era más que su falta de conocimientos para tener respuestas inmediatas y coherentes, para la mayoría, era un compendio de virtudes, solo al alcance de algunos pocos sabios y privilegiados: escuchaba porque le gustaba aprender y si hacía preguntas, nunca iban más allá de los detalles para entender lo que le decían. Todos le tenían por un hombre prudente, leal, trabajador y juicioso, lo que, por su parte, confirmaba a través de su indumentaria limpia y cuidada, en la medida que permitían los arreglos y remiendos para alargar la vida del vestuario, a pesar de vivir con un tío soltero y sin mujeres en casa para las faenas domésticas.

Llegó a la Felguera y localizó a Dionisio en la comitiva de la procesión y después de los abrazos y gestos de alegría y afectos sinceros de amigos de trinchera, fue presentado como el campeón de tiro con fusil ametrallador (Cetme) y el compañero de tute con el que ganaron a todos los vecinos del Ferral, capaz de comer media docena de bocadillos y beber tres jarras de vino de una sentada y sin inmutarse, lo que provocó risas y el cachondeo correspondiente, sintiéndose integrado y como en casa, desde el primer momento.

Enseguida se incorporó Casimiro, con más vecinos y vecinas, entre las que le presentó a la que dijo ser su novia pero de la que, hasta entonces, nunca le había hablado a pesar de las confidencias, chismes, dires y diretes que habían intercambiado en el Ferral. No le sorprendió la discreción de su amigo aunque sí llegó a sentir un cierto escozor, como una inesperada y punzante agresión interior a la que, por otra parte, no dio mayor importancia.

A las fiestas de San Pedro en la Felguera, acudían curiosos y simpatizantes de todas partes, más que por disfrutar del jolgorio de cohetes, verbenas y bailes con orquesta, que duraban varios días, por las farturas y comilonas a base de sidra y cordero a la estaca que familias, peñas y grupos preparaban para a comer al aire libre y en el prao de la fiesta, hasta reventar los más esfamiaos o lo que la prudencia y el aparato digestivo aconseja, para la mayoría. En el grupo al que le invitaron sus amigos, contándolo a él, eran 27 más dos, que se ocupaban del fuego y de acercar las brasas a los cuerpos despellejados de los animales, abiertos en canal y colocados sobre una estaca en forma de cruz, clavada en el suelo: había 6 corderos sujetos a la cruz por las patas traseras, formando un círculo alrededor de la hoguera, colocada en el centro y de donde aproximaban las brasas para un asado en condiciones, dependiendo del viento y del tamaño del animal. En el mismo prao y formando parte de la fiesta, parecidos círculos con diferentes familias y todos, con el mismo objetivo de fiesta y comilona, en un ambiente familiar y divertido, donde la abundancia y el despilfarro gastronómico contrastaban con la miseria y escaseces del resto del año. No se necesitaban más cubiertos que los de trinchar y cortar, que realizaban los mismos que actuaban de fogoneros y vasos, pocillos o lo que, cada grupo disponía para el café y los licores del final. La sidra la servían los mozos, que se iban turnando para el escanciado y reparto con unos pocos vasos para todo el grupo, sin otro lavado o limpieza que una pequeña parte del último sorbo que se tiraba al suelo, devolviendo el vaso de nuevo al escanciador y para la carne, los fogoneros troceaban directamente del animal, sirviendo al pan, que también hacía las veces de plato, evitando quemaduras y facilitando bocados apropiados al tamaño de la boca, lo que hacía cada uno con su navaja de bolsillo.

La silueta de círculos humeantes al calor de las fogatas y el olor intenso del cordero recién asado y de la sidra, le recordaba imágenes de la película de vaqueros que había visto en León y que tanto le gustó, donde los indios se reunían alrededor del fuego para comer y relacionarse, creando nuevos vínculos y reforzando la relación de familias y vecinos para superar penurias y las dificultades de cada día. Esta tierra, su tierra, también asimilaba una zona atrasada y aislada del resto del mundo, como en la película de indios y vaqueros aunque aquí, las minas, podrían ayudarles a ser muy diferentes.

------------------


En casa, seguía todo igual. Todo igual no, que la gocha tenía una nueva camada con, por lo menos, 10 berracos y tan recientes, que ni se levantó cuando bajó a la cuadra con el primer almuerzo, pero sí que le saludó el caballo con una especie de gruñido sordo, al tiempo de repicar el suelo con la pezuña y mover la cabeza como confirmando que lo había visto y también, la galana, grande, apacible y esperando impaciente que le soltaran a su ternero pero, dejando hacer, apartando su enorme trasero y facilitando espacio al banqueto y a la lechera para el ordeño; los conejos, gallinas y las ovejas no mostraron ningún interés y solo los cerdos de engorde acudieron a la carrera. El chuly, que también utilizaba la cuadra por la noche, en cuanto amanecía, vigilaba o sesteaba alrededor de la vivienda, como el gato, ocupado de continuo con los pájaros y ratones y solo en casa si estaba caliente la cocina. Igual, igual, seguían las paredes y el techo, que las cuadras, sin vacas, parecían vacías y al no encender la cocina por las mañanas, la vivienda quedó fría, desangelada y sin comida caliente para los cerdos y para ellos dos; desde que ambos trabajaban en la mina y el tío Andrés vendió el ganado, dejando el caballo y la galana para la leche, cambiaron tantas cosas que ya nada era igual: despachaban el ganado antes de salir a trabajar pero, normalmente, no volvían a coincidir hasta el día siguiente, que Andrés solía volver tarde y él ya estaba dormido.

A los dos meses de reincorporarse a la mina, Bonita había relajado su arisco y arrogante comportamiento y obedecía sus indicaciones de manera confiada, con una repercusión inmediata de menos descarrilamientos y más viajes por jornada con el mismo esfuerzo, lo que también reflejaba el libramiento (nómina) del mes, que casi alcanzó las 4.200 Ptas. Se trabajaba duro pero había tiempo para bromas y preguntas incisivas de sus compañeros sobre sus andanzas militares y aventuras de bragueta que insinuaban con cada falda, a lo que siempre respondía con el silencio y una sonrisa burlona, al tiempo de contestarse mentalmente: -¿si supierais…?, optando por dejar… y que cada uno, imaginara lo que quisiera.

Carecía de vida afectiva, pero al mismo tiempo, percibía muestras de simpatía por parte de casi todos su compañeros, incluida la mula Bonita, además de por el trato afable y amistoso, porque también buscaban su compañía para jugar a las cartas en el bar del pueblo. En los tres meses de campamento, su estómago se acostumbró a la comida caliente y desde entonces, no quedaba a gusto hasta meter algo de cuchara dentro del cuerpo, lo que solía comentar entre los amigos, a los que también decía envidiar por la suerte de tener casa limpia y comida caliente, hasta que una tarde, Manuel le sugirió que porqué no lo hablaba en el Bar de su hermana Luisa. Ajustaron un precio mensual que incluía: la cena con comida de casa y la merienda y el vino para la mina, en la fardela y la bota que recogía cada mañana, que debía incluir doble ración de pan, para la mula. Pasaba algunas horas en el bar entre la cena y las partidas de cartas de cada tarde, pero sacaba tiempo para el cuidado de los animales al volver de la mina y también se ocupaba del trabajo de la huerta y de segar hierba fresca para la vaca y el caballo. Nadie que no lo conociera y supiera de su manera de vivir, podría llegar a pensar que vivía con un tío soltero, sin apenas relación y sin nadie en casa para las faenas más trascendentales, como la comida y la limpieza.

Se duchaban en la mina después de salir del trabajo y él, habiendo dejado acomodada y con suficiente alimento a su compañera Bonita pero, a pesar de que, de todas las casas que conocía de los vecinos y entorno más próximo, solo disponían de agua corriente y lavabo, las casas con bar o comercio, pensaba que con poco más del sueldo de los dos en un par de meses, podrían meter el agua en casa y montar su propio cuarto de baño. En el pueblo, había una hermosa fuente con varios caños y bebedero para el ganado y una zona más reservada para lavar la ropa, pero ni él ni su tío fueron nunca, por miedo a hacer el ridículo y porque las faenas de la ropa solo las hacían las mujeres y aunque estaban contentos y bien abastecidos del trabajo de Flora, que se ocupaba del lavado, cosido, remendado y planchado de sus ropas desde siempre, había experimentado la utilidad y gusto de un retrete y un baño para él solo, por lo que empezaba a buscar la manera de convencer a su tío, para montar un cuarto de baño en casa, con lavabo, bañera, espejos y agua caliente.

Salvo algunos domingos, tampoco comían juntos, sin nadie que cocinara ni se ocupara de la casa, limitándose a ocuparla, alimentar al ganado que quedaba y sin más apego ni proyectos compartidos que matar los cerdos para tener jamones y chorizos para los bocadillos de la mina, invitar a un cordero a la estaca el día de la fiesta y cuidar juntos y entre los dos, de lo que había, que también les pertenecía por igual, salvo la casa y las fincas que también tenía su parte Recaredo, el tío fraile.

Texto agregado el 08-03-2009, y leído por 220 visitantes. (2 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]