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EL VALLE, LA ESTANCIA, LA ESCUELA Y EL DIQUE SOBRE EL ARROYO

El valle estaba bordeado por dos cordones de cerros que lo encerraban; el arroyo se formaba con las vertientes que drenaban a un corte entre las montañas, juntando el agua que llegaba al valle.
El viejo alemán: Federico, vino antes de la segunda guerra mundial, a trabajar en la estancia del Conde Tissen; cuidaba los caballos Hannoverianos que habían en la estancia; el principal cliente a quien le vendían los caballos era el Ejercito Argentino, ellos los empezaron a entrenar como caballos de salto; salieron caballos excelentes, muy buenos; uno de ellos fue vendido al Ejercito Chileno. Ese caballo, con nombre cambiado, saltó la mayor altura en el mundo, en un concurso de “potencia”.
Federico se casó, tuvo un hijo: Hans, quien sería único hijo, quería dejarle un futuro para sus nietos y empezó a soñar con transformar el valle que en ese momento no tenía ninguna explotación productiva y estaba escondido entre los cerros, por ello le llamaron Valle Escondido.
El valle tenía todo para transformarlo en un valle con regadío. Ese valle pertenecía al Conde Tissen quien no le vio el potencial que después Federico descubriría. Compró todo el valle con partes de los cerros incluidos y después de diez años de trabajar para el Conde, este le dio la escritura del valle, Federico hizo una casa y se fue a vivir al Valle Escondido, Hans se casó a los veinte años y tuvo tres hijos, cuando Federico murió el valle había crecido, tenía una escuela y las plantaciones de maíz y trigo, los campos de crianza de caballos y vacas.
Federico y Hans le dieron un gran desarrollo al valle; con la ayuda del Ministerio de Agricultura de la Provincia hicieron un dique en la parte montañosa del arroyo, que formó un embalse montaña adentro.
Del dique sacaron cañerías que drenaban sobre canales abiertos a los costados del valle, en la falda, al comienzo de los cerros. Fue una gran obra de ingeniería, por su concepción más que por su tamaño. Esto permitió que 2300 hectáreas tuvieran riego, convirtiendo al Valle Escondido en la mayor superficie bajo riego, en un solo paño, de la provincia.
Hans heredó del padre el apego al trabajo y al sacrificio, sus tres hijos le ayudaron a conseguir los sueños del abuelo Federico.
Carlos, Hernán y Rogelio fueron a la escuela solamente hasta sexto grado, a la escuela rancho que por ese entonces existía; estaba en la curva del camino que viene bajando la cuesta de los cerros y sobre las estribaciones donde ya no hay cultivos.
El camino bajaba hacia el valle desde los cerros que lo bordeaban, por una quebrada angosta; pasaba el puente de madera sobre el arroyo, construido en quebracho, el arroyo allí se encajonaba con altas barrancas,
La escuela rancho fue reemplazada por una nueva escuela, allí iban a dar clases Ana y Clara, vinieron a vivir en la Estancia del Valle Escondido; inauguraron la escuela, que tenía treinta alumnos entre primero y quinto grado. Ana era la maestra de primero, segundo
y tercero; mientras que Clara daba clases en cuarto y quinto grado; y era la directora a cargo de un aula.
El valle estaba dividido en potreros grandes, con alambradas que lo atravesaban a lo ancho, hasta llegar en cada lado a los cerros.
La mitad del valle estaba cultivado con trigo y maíz, la otra mitad tenía potreros de alfalfa donde pastaban doscientos caballos y trecientos vacunos.
Los caballos que se criaban eran criollos y hannoverianos originarios de la estancia de Tissen, el ganado vacuno eran negros Aberdeen Angus.
En los campos con animales, había bajadas artificiales hacia el arroyo, que siempre venía con agua, para la bebida de vacas, caballos y cabras.
El arroyo bajaba cruzando el valle; hasta que se hizo el embalse y sus aguas fueron derivadas por los canales para el riego, dejando solo el agua necesaria para la bebida de los animales.
Dentro del cauce del arroyo crecían árboles que mostraban, a lo lejos, el contorno zigzagueante; el agua serpenteaba bajando hacia el fondo del valle hasta donde no llegaban los canales de regadío; y el campo era virgen como en el principio: de pastos duros y rústicos que servían de alimentos para cabras.
Las dos maestras llegaron a la Estancia del Valle para inaugurar la escuela. Ana venía de la ciudad y no sabía nada de campo, en cambio Clara se crió en el campo y fue a estudiar a la ciudad. En el campo Clara andaba a caballo y en la ciudad fue a un club de equitación donde aprendió a saltar; ganó a los 17 años el campeonato provincial de “Jóvenes Jinetes”; se recibió de maestra y se fue a trabajar a la campaña. Cuando surgió la posibilidad de trabajar en la escuela que se inauguraba: Clara aceptó y le dieron el cargo de: “Directora a cargo de aula”.
Para Ana fue distinto, ella recién empezaba y aceptó el ofrecimiento.
De: Escuela, casa y comida, que le hicieron las autoridades escolares, estimulados por los dueños de La Estancia del Valle.
La cría de caballos en el valle era una de las actividades más importantes; y la que mayor tiempo y dedicación requería, se vendían caballos domados mansos de andar y chúcaros sin amansar: Los hannoverianos, por lo general se vendían amansados y de rienda; los criollos podían venderse mansos o chúcaros de dos años para que los amanse el nuevo dueño.
Cuando Clara llegó a la estancia a buscar su habitación, se encontró con que en el corral estaban domando un potro negro Hannoveriano; era zaino oscuro, con brillos dorados, tenía una cabeza grande pero perfecta, el cuello naturalmente arqueado y el pecho musculoso sobresalía como si hubiese sido un deportista.
Enseguida se “enamoró” de ese potrillo, que además se “veía” que era absolutamente manso; ella lo distinguió como un futuro caballo de salto.
En la estancia no “hacían” caballos de salto, solamente los amansaban “de andar”. Clara pensó que ese potrillo no tendría un precio muy caro y quizás podría comprarlo; cuando habló con Hans sobre el precio del caballo, este le contestó:
…¡Por ser vos lo mismo que me costó mi primer caballo!
…¿Y cuanto costó?
…¡Nada, Tissen me lo regaló!
Yo se lo pagué amansándole caballos.
Clara lloraba, lo besaba a Hans y este se emocionó, porque no tuvo hijas y Clara era una “pero postiza”.
Los hijos de Hans se pusieron contentos que el potrillo quedara en poder de Clara, y le dijeron que cuando le dieran unos galopes y lo tiraran de la boca, se lo darían para que empezara a usarlo y a enseñarle a saltar.
Los chicos de la escuela estaban felices con sus maestras, con el diseño de las aulas que tenían salamandras para calefacción en el invierno y con el comedor que les daba a muchos la única comida fuerte del día, y además les daban una ollita con arroz para el sábado y el domingo.
La escuela tenía agua corriente que se podía beber, era sumamente limpia y venía del dique, que embalsaba el arroyo, por los canales; tenía baños para varones y mujeres separados, nunca habían usado baños de ese tipo tan lindos y limpios.
Las clases empezaban a las diez de la mañana y duraban sin recreo hasta las doce; luego de doce a catorce era el tiempo para descansar, jugar y comer. Se repartían las dos horas libres en una hora para juego y descanso y otra hora para comer. Luego seguían las clases hasta las dieciséis horas, previo tomar un mate con leche y alguna factura o torta frita, productos que traían de la estancia, donde tenían vacas en ordeñe y horno para el pan.
Los alumnos venían de las casas que estaban en el valle, hijos de los empleados de la estancia y también de estancias “cercanas” que estaban a dos horas de viaje a caballo.
Las maestras iban a la escuela en un carro tirado por caballos y tardaban media hora en llegar. Salían temprano porque llevaban la leche y la comida para el desayuno, y la merienda, también para el almuerzo. La cocinera llegaba y prendía el fuego. Luego preparaba el desayuno para los chicos y las maestras; que venían con hambre por el tiempo que tardaban en llegar desde sus respectivos lugares. Los que vivían en el valle en las zonas de cultivo, en su mayoría venían caminado ya que no tenían que cruzar cerros; los otros venían a caballo o en burros, cruzando los cerros. La escuela era para ellos una fiesta: estudiaban, jugaban y comían; los que vivían en parajes aislados encontraban en la escuela los únicos amigos que tenían.
Todos los años en la primavera, al llegar casi el verano, se hacía una gran fiesta en la estancia donde se ponían a la venta los animales que allí se criaban. En realidad se vendían los animales de la última zafra: chivitos, potrillos y novillos. Hacían publicidad en la radio de la ciudad, la única que se escuchaba entre los cerros y el valle, también en la última feria publicaron avisos en el Club Hípico de la ciudad, quienes además mandaron invitaciones a otros clubes grandes entre ellos de Córdoba, Rosario, y Buenos Aires. La feria duraba todo el día, los caballos se vendían con un precio fijo y algunos salían a remate.
El lugar de reunión era el picadero techado, que Hans preparó para que Clara entrenara los caballos. El picadero se había preparado con un grueso piso de arena, que sacaron de la base de algunos cerros.
El 12 de noviembre se hizo ese año la feria, vinieron como cincuenta personas incluidas algunas mujeres que entendían de caballos y de salto. A la entrada al picadero y en un costado había una larga mesa con manteles blancos; allí se había dispuesto los cubiertos para todas las personas que estaban y en pequeñas mesas estaban las empanadas, las botellas de vino, el hielo y los vasos. En otra mesa había soda, gaseosas y agua. La gente llegó entre las diez y las once, comieron empanadas con alguna bebida; luego Clara entró, con su caballo negro a la pista, brillaba por todas partes y Clara bestia con bridges blancos, saco negro y botas negras. La pista estaba armada con muy pocas vallas, saltaría vallas aisladas mostrando más que nada la potencia de su caballo, las cinco vallas terminaban en un “muro de ladrillos” el cual cada vez se elevaba más alto. En la primera vuelta los obstáculos empezaban con noventa centímetros y terminaban en el muro con un metro treinta centímetros, Clara dio dos vueltas con este armado y luego subió todos los obstáculos de a diez centímetros cada vuelta. Paso uno cuarenta y subió a uno cincuenta, el muro parecía muy alto, Clara sacó los tres primeros obstáculos y dejó una valla y el muro: saltó uno cincuenta y luego puso el muro en un metro sesenta, la gente hizo silencio clara arrimó el caballo al muro y dio una vuelta al galope por el picadero, el galope de Jimbo era firme pero cortito ; saltó el primer obstáculo y sin ningún temor enfrentó la valla de uno sesenta, parecía que flotaba pasó por encima lejos de rozarla, sus patas se encogían para no tocar la valla, las manos las quebró, dobladas contra su pecho. Podía saltar eso y mucho más, para Clara fue suficiente, Jimbo hacia solo nueve meses que entrenaba y tenía menos de cuatro años. Ella sabría esperarlo y no lo exigiría más para no dañarlo.
En el cobertizo cuando Clara pasó el último obstáculo se hizo un pequeño silencio, que fue un signo de admiración y luego todos rompieron en un cerrado aplauso al caballo y el jinete.
Clara se bajó del caballo y se lo entregó a su cuidador, que lo llevó al box, allí tomó agua y un rato después comió. La gente reunida le preguntó cuanto hacía que lo entrenaba, cuantos años tenía , si lo había entrenado ella sola, quien le había enseñado a montar y saltar, todas preguntas que ella respondía. Entre los asistentes estaba un hombre que solo escuchaba lo que se decía, cuando Clara se apartó del grupo y fue a la mesa a beber agua y comer una empanada, el hombre se le arrimó y en forma muy segura le dijo:
¡Tengo una propuesta para vos!
Y a continuación le ofreció que fuera atrabajar con él en su estancia de Lujan, en Buenos Aires; le ofrecía un sueldo, el alojamiento, comida y ropa limpia, llevar su caballo a Buenos Aires y darle pensión gratis; podría concursar en cualquier lugar que quisiera y la llevarían a ella con los caballos de la estancia que estuviera entrenando y el suyo. La oferta era “completa” y comparando la situación con la que tenía esta nueva era inmejorable.
Clara se quedó pensando y le dijo:
…¡Lo tengo que hablar con Hans y mis padres!
Además estaba Hernán con quien tenía una relación de más que buenos amigos.
En un rato que tuvo habló con Hans y con Hernán, ambos se mostraron complacidos que Clara tuviera esa oportunidad, podría aprender más y saltar en concursos importantes, hasta podría saltar por el campeonato argentino.
Esto la tranquilizó y el señor le ofreció ir hasta el campo de su papá, esa noche y al otro día traerla.
Después del asado, compuesto de chivitos y costillas de vacas, se realizó la subasta de los caballos que salieron a remate, los que se vendían a precio fijo tuvieron gran aceptación y fueron enseguida comprados. Cuando la tarde moría se retiraban del Valle Escondido los compradores, que habían venido de diversas provincias y habían comprado la producción que ya tenía fama tanto de sus caballos como de sus bovinos.
Cuando llegaron a su casa, no la esperaban y se alegraron de verla; les sorprendió la propuesta que este señor le hacía, pero consideraron que socialmente era mejor que su vida en Valle Escondido, y económicamente era muy superior ya que no tendría ningún gasto.
Les ofreció a los padres llevarlos y traerlos dentro de quince días; irían y se quedarían un fin de semana donde Clara participaría en un concurso con caballos de la estancia.
La estancia “La Ponderosa” en Lujan era hermosa; Jorge su dueño había plantado montes de árboles en todos los potreros, las ochocientas veinte hectáreas estaban cultivadas con pasturas para caballos exclusivamente, todos los años vendían y compraban hermosos caballos, muchos de esos animales venían de Valle Escondido, muchos se exportaban a Europa Y Estados Unidos , Brasil , Colombia y Venezuela. Esta vez Jorge no solo se trajo veinte caballos hannoverianos del valle; sino que se traería la entrenadora de caballos que la estancia tenía. Por eso hicieron un arreglo con Hans, este mandaría los caballos a La Ponderosa, donde los entrenarían y concursarían, y sobre el precio original del caballo se repartirían las ganancias por la mayor valorización que al venderlo compitiendo tendrían.
Cuando Clara llegó a la estancia de Lujan, quedó sorprendida con todo lo que encontró: por una avenida de árboles entraba a la estancia, allí al final de la arboleda había un cerramiento en maderas blancas, que rodeaban la casa principal y la casa donde viviría Clara. Atrás de las casas, rodeadas de un inmenso prado verde con montes de pinos, robles y alerces empezaban las instalaciones que estaban divididas en galpones de servicio de un lado y corrales, mangas de entrenamientos , tres, picadero techado y potreros pequeños para soltar los caballos que estaban trabajando y a boxees al otro lado.
Los galpones eran varios, el más cercano a las casas era para guardar herramientas, tractores y vehículos: autos, camionetas y camiones de transporte de caballos y de cargas.
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El galpón con los boxees estaba aislado de todos los galpones, por seguridad, dentro de ese galpón había la menor cantidad de elementos inflamables y por ello el piso de los boxees era de arena seca que se cambiaba todos los días donde se ensuciaba. Afuera, frente a los boxees habían árboles en hilera ordenadas allí se colgaban los caballos a boxees, el techo del galpón que tenía los boxees, estaba aislado con una capa de fibra de vidrio y otra de telgopor, afuera estaba pintado de blanco, esto protegía a los caballos del frío y el calor.
Ese fin de semana Clara descubrió un mundo nuevo, concursó con los caballos de La Ponderosa, estuvo feliz y sus padres aprobaron el ambiente en que Clara viviría; la comida al medio día la tendría en su casa ya que sería rápida y vendría de entrenar caballos; a la noche, cambiada, cenaría en lo de Jorge con su familia.
Pactaron que vendría en Diciembre cuando terminaran las clases; la irían a buscar y traería su caballo en un trailer que Jorge tiraba con su camioneta 4x4.
Los alumnos y los padres hicieron una fiesta de despedida, no lloraron, pero las canciones eran sentidas, sabían que Clara no volvía, hubo muchos besos y algún puchero de los más pequeños.
Ana quedó a cargo: “Directora a cargo de aula”,la maestra que reemplazó a Clara era muy buena con los chicos.
La despedida de Hans, su mujer y los hijos fue con besos y promesas de ir a visitarla y ella de volver a verlos; en el periodo de vacaciones, diez días dos veces al año, volvería a su casa y al Valle Escondido.
Clara ganó con Jimbo muchos concursos y por último salió Campeón Argentino; y fue padrillo, después de eso fue vendido a México donde también ganó muchos concursos, sus hijos fueron de vuelta a Alemania y el rancho Z compró un hijo de Jimbo, que se llamó Jimbo24z y fue campeón de Europa.
Clara viajó a Europa, con un nuevo caballo de Valle Escondido; lo entrenó y saltó en Buenos Aires, formó parte del Equipo Argentino que salió Campeón Mundial, en la misma Republica de Alemania. Participaron dos caballos de Valle Escondido sobre los seis que con los suplentes habían ido. Figuraban como:
… ¡“Criados en Valle Escondido y entrenados en La Ponderosa”!
Clara a su vuelta se casó con Hernán, tenía 35 años, siguieron criando, amansando y entrenando caballos en la Estancia del Valle Escondido, tuvieron hijos. Cuando Hans murió los sueños de Federico y de Hans estaban totalmente cumplidos.

VALLE ESCONDIDO 1930-1980-FEDERICO
VALLE ESCONDIDO 1932-2002-HANS
VALLE ESCONDIDO 1977-2008- CLARA
VALLE ESCONDIDO 1951-2008-CARLOS-HERNÁN-ROGELIO
VALLE ESCONDIDO 1978-2008 JORGE
VALLE ESCONDIDO 1974-1978 JIMBO

JORGE EDUARDO RECOGIO ESTA HISTORIA DE SU ABUELO JORGE Y LO QUE LE CONTÓ CLARA Y HERNAN, QUE LE DIERON SU VERSIÓN EXACTA DE LOS HECHOS.

Texto agregado el 23-05-2008, y leído por 144 visitantes. (0 votos)


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