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EL OTOÑO DE MI BOSQUE

El otoño, es el paso del final de la cosecha a la estación donde la vida se duerme y en la que, en algún momento, ya no se logra despertar.

El otoño, es la estación de los últimos frutos y utiliza el color como símbolo para avisar de su declive y también para concienciar y concienciarse de los cambios que se avecinan. Se ayuda del viento, la lluvia y las circunstancias. El bosque es su mejor reflejo; de una exhuberante frondosidad vegetal, al principio, empieza a transformarse y sin apenas darse cuenta, está en el invierno: frío, desnudo y desamparado. Y sólo..., porque además de encontrarse con poca sabia que le de fuerza, se le escapa su cobertura vegetal, “su casa”, que lo mantiene caliente y a cubierto. También desaparece la vida que le acompaña y le sustentó durante el resto del año, ese mundo de ruidos y juegos que desarrollan los que comparten su entorno. Es en otoño cuando desaparecen, porque emigran o se esconden o cambian de alojamiento pero, al final, queda sólo el bosque.

Estoy, como el bosque, al principio del otoño. Ya hace algún tiempo que cumplí los 50 años. Me estoy preparando para llegar al invierno y tengo como referente, ese espacio vegetal, confuso y sin definir, que se ha ido haciendo con el transcurso del tiempo y donde nunca han existido más “planificaciones”, “podas”, “cortas”, etc., que las que circunstancialmente da la vida y entre las que se pueden contar: innumerables incendios, catástrofes naturales o intencionadas y un sinfín de circunstancias que resumirían lo que podría ser el otoño de mi bosque.

Ya he notado el inicio de la metamorfosis otoñal: color del pelo, flacidez muscular, almacenamiento de grasas, la casa medio vacía y quizá, disminución de estímulos. No hay alarmas todavía, pero sí hay que constatar la realidad de la situación.

Es el ciclo natural de la vida. El otoño, tiene un lenguaje hermoso y que se hace notar. Avisa de que hay que preparar el invierno y su mensaje está lleno de belleza visual, en tonos cálidos de puesta de sol, que transmiten calma y equilibrio. Se viste para la última etapa, que es el invierno, con un traje de tonos suaves y armoniosos sin estridencias y donde, para que se note, necesita estar agrupado, formando colectividad, grupo, orquesta, diversidad de individuos. Es el agrupamiento el que lo define y le da belleza y también, quién le protegerá de la agresividad de las inclemencias del invierno. En solitario, aunque escenifique muy bien y engrandezca su mensaje y se vista con las mejores galas, los primeros vientos de Octubre, le despojarán de todas sus defensas, debiendo enfrentarse sólo y desnudo al crudo invierno.

Nuestra vida también es colectiva. Sin esta condición, los humanos, no hubiéramos prosperado. Todo es colectivo en nosotros. La forma de vida, el trabajo, la diversión y por último, también nos agrupamos en el cementerio; Si, aunque este último agrupamiento se realiza más por razones higiénicas y funcionamiento del sistema social, ya que seguramente nos tocará al lado de alguien a quién en vida ni conocíamos, ni se tendrán referencias de su existencia. Como la leña del bosque. Pero eso será cuando caiga el árbol.

Formamos parte de colectividades, como el bosque, en la mayoría de nuestras actividades y situaciones, como son las Instituciones que nos dirigen: partidos políticos, gobiernos y sus dependencias como Hacienda, Ayuntamientos, Hospitales y actividades privadas como Bancos, Supermercados, Centros de Vacaciones, etc., hacen que nuestra vida sea totalmente dependiente de la colectividad a la que pertenecemos y con la que convivimos. Sin embargo, esta relación tan dependiente de la colectividad, que resulta además altamente positiva, genera una tendencia muy acusada hacia lo individual, con un resultado donde se evitan las relaciones e intercambios de todo tipo con las personas más próximas a nosotros.

Disfrutamos mostrando a familiares y conocidos la casa donde vivimos, resaltando las excelencias de los servicios colectivos como la calefacción, la elegancia y sobriedad del portal, incluso la calidad de los vecinos que comparten el edificio con nosotros y sin embargo, evitamos cualquier contacto con esos vecinos cuando nos los encontramos en el ascensor o en el portal, comportándonos, en la mayoría de los casos, como el enemigo del piso de al lado; resaltando ante terceros únicamente los defectos visibles que se ven o hemos oído, aunque no sepamos ni tan siquiera cual es su nombre.

Lo mismo sucede en el trabajo y en el supermercado; vivimos la colectividad para situaciones generales como el vivir, estudiar, trabajar o cuidarte en una enfermedad, pero sólo la practicamos en círculos muy cerrados de familiares muy cercanos y amigos e incluso, en estos casos, la continuidad está muy condicionada a las circunstancias específicas de tiempo y situación (al cambiar de edad, por cambios de domicilio, trabajo, etc.)

Es cierto que crear una familia y sacarla adelante, es un trabajo duro y que nos ocupa una parte muy importante de la vida, quedando poco para cultivar relaciones. También que el trabajo absorbe la mayor parte de nuestra actividad y de nuestro tiempo. Tanto, que si una circunstancia casual te aparta de la actividad y estás ya dentro del otoño, te puedes sentir como ese árbol solitario.

Como ese árbol, has dado sombra, fruto, han amado apoyándose en tu fortaleza, has servido de descanso de aves y labriegos, te has dejado tatuar con mensajes de juventud y ahora, sólo, sin fuerzas y expuesto a que el primer viento te arranque de cuajo. ¿Y...?, porqué estás sólo, si tienes gente que te quiere: tu familia, tus amigos, tus compañeros, tu trabajo (¿...?). No. Sobran cosas, hay que empezar a tachar lo del trabajo, los compañeros y a recortar en los amigos, porque ellos siguen, de momento, con sus ocupaciones y tu, ya estás en otra situación distinta. También es diferente el panorama familiar. Ya empezaron las emigraciones y los que quedan, les llegará pronto el momento; además su vida lleva otra dirección diferente, son otros tiempos.

Hay que agruparse, porque el bosque es más seguro para vencer el invierno. En los bosques sólo los ciclones arrancan árboles. Los árboles solitarios, son víctimas por cualquier temporal de viento o nieve. La televisión nos lo enseña cada invierno. En el bosque, los árboles mueren de viejos o por accidente mecánico (a ellos los matan las motosierras y a nosotros los coches). Hay que agruparse, vivir el otoño y preparar el invierno, que contando bien los días y examinando el calendario, dura igual que la primavera y el verano juntos. Si se realizara el rodaje de la vida en un banco de pruebas, como hacen con los coches antes de sacarlos a la venta, tendríamos un desgaste natural hasta hacer inservible el vehículo, del orden de 400.000 kms. con sólo pequeñas reparaciones de mantenimiento y con un gasto de combustible inferior a las 7 litros.

Luego la carretera y los excesos, le quitan un 25%, con lo que aumenta el gasto de combustible y disminuye el tiempo de duración. Igual nos puede suceder a nosotros. En circunstancias normales y con las pequeñas revisiones de mantenimiento necesarias, se puede llegar a cubrir todo el otoño y una parte importante del invierno, en parte, dependiendo de los excesos, pero especialmente de los cuidados que realicemos en el motor y la carrocería. E impidiendo que no se haga inservible por no usarlo.

Como primera medida hay que adaptarse a la nueva situación. No es que lo pasado no sirva, es que estamos en otra circunstancia. Yo al menos me veo así.Del pasado tengo todo lo que puedo tener: recuerdos, experiencia, conocimiento, relaciones y frutos.

Las relaciones tienen que caber todas y ampliarse con la nueva situación. Es esta faceta la que puede ayudar a formar el bosque que me defienda del invierno. Aunque el bosque se crea de forma anárquica e indiscriminada de diferentes especies de vegetales al final termina identificándose con la más fuerte y abundante. Esa selección la realiza el calendario y la climatología. Es la vida. Pero en otoño, el tiempo hay que medirlo de forma mas cuidada, tanto si se refiere al calendario como a la climatología, por lo que será necesario emplear técnicas, que permitan un proceso más rápido. En botánica, la técnica que nos permite crear un bosque con las especies que nos interesen, se llama cultivo. También vale para las relaciones, cultivando las que se tengan, para que no se marchiten y sembrando y buscando el nacimiento de otras nuevas.

Con el recuerdo, la experiencia y los conocimientos, preparar esta nueva etapa, además de ser un reto necesario, puede resultar apasionante. Además, ésta es la obra culminante de nuestra vida, así que hagámosla a conciencia. Y de momento, la mayoría de nosotros no tiene otra cosa más importante que hacer.

En primer lugar, hemos de buscar los elementos e ingredientes necesarios para establecer la base fundamental de la nueva situación. Estos elementos han de ser acordes a nuestros gustos y experiencias, tienen que resultar conocidos o familiares y especialmente, tienen que ser gratificantes para nosotros; bien por que ya los conocemos por alguna experiencia o referencia o por que alguna vez ya lo intentamos.

Si esos elementos no se ven en seguida, ya aparecerán. Tenemos experiencia en resolver situaciones o buscar cosas para otros; pero no que tengan una utilidad exclusiva para nosotros, por lo que es lógico que no sepamos, ni que es lo que más nos gusta, ni como conseguirlo, con los medios reales de que disponemos.

Lo importante es empezar a hacer alguna cosa que nos distraiga y también que nos ocupe y nos guste y ésa, ya conducirá a otra y así hasta que encontremos el campo de trabajo donde podamos realizar lo que nos gusta.

Como cualquier artesano, sólo que, ahora, seremos el artesano que trabaja su propio futuro. Al mismo tiempo hay que soltar lastre de lo que no nos sirve y ocupa espacio inútil. Esta selección no necesita medidas drásticas y difíciles; el tiempo y la realización de nuevos objetivos y actividades irán desplazando lo inútil y reemplazándolo por cosas que nos gustan y nos son de utilidad.

Además de objetivos que distraigan nuestro tiempo de forma positiva, hay que ocuparse del mantenimiento físico de nuestro organismo, pero de una forma más constante y disciplinada. No hace falta prepararse para competir, para modular nuestro cuerpo, ni para aprender nuevas técnicas con que sorprender a nuestro círculo de amistades, como en la juventud, no; sólo tenemos que ocuparnos del mantenimiento general, vigilando que todos los mecanismos estén en funcionamiento y donde falte algo, reponerlo y donde sobre (que sobrará) tratar de disminuirlo o suavizarlo. Sólo eso, hacer que funcione, pero sin trabajo, ni cansancio, ni esfuerzo. Eso será posible y resultará como un juego en cuanto se establezca una mínima disciplina y siendo constantes en hacer algo todos los días.

Un poco de ejercicio y alguna distracción o trabajo que nos guste, porque ahí ya encontramos a otros, en situación similar a la nuestra, ya empezamos a formar el bosque.

Pero es necesario enriquecernos también interiormente y sobre todo preparar nuestro cerebro para una serie de situaciones y agresiones que nos quedan por recibir. Serán las mas duras y difíciles de toda nuestra existencia. También estimular su funcionamiento, pues con el paso de los años, se han ido dejando de usar una serie de funciones que en la vida cotidiana no son muy importantes, pero que vamos a necesitar en el futuro. El cerebro es el órgano que controla y dirige todo nuestro organismo y es extremadamente importante que tenga un funcionamiento eficaz en todo momento. También existen mecanismos de mantenimiento e incluso de desarrollo en esta edad.

Y por último y dentro de los pilares fundamentales y necesarios para acometer con optimismo y ciertas garantías de éxito, esta etapa de la vida, además del mantenimiento físico, debemos mantener la búsqueda constante de afecto con las personas que nos importan y con las que convivimos o compartimos alguna situación o actividad.

Estas 4 actuaciones mantendrán muy alta nuestra autoestima, nos harán útiles para nosotros y especialmente para los demás, harán que resultamos socialmente interesantes y también que nuestra presencia resulte positiva y se integre de forma natural en ese bosque que nos hará menos vulnerables en la vejez.

No pretendo que haga las funciones de guía útil, que debiera ser consultada por cada componente del bosque otoñal que aspire a una larga y saludable vejez, pero sí me parece importante para sentirse bosque, en esta cálida y entrañable estación de la vida.

Texto agregado el 17-08-2007, y leído por 164 visitantes. (0 votos)


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