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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Cuentos *SUPER* cortos / Póngale cuento al título III - [F:2:93]


alqutun,14.12.2002
Ahí va el título:
Dos por tres calles
 
CorinTorrado,16.12.2002
Te adelanto que este esta bien dificil. Aun no se me inspira nada...
 
evendredi,18.12.2002
¿Alguna orientación?. Realmente no sé qué decir, me siento como entre dos por tres calles....
 
Krystal,18.12.2002
-Pero que fue lo que sucedió- dijo la madre angustiada
-Bueno señora-le dijo el policía- Lo único que le podemos decir ahora es que su hija iba conduciendo el automovil por la calle GreenWood y su vecino iba por la calle contigua a esta...
-Oh no!, no me valla a decir, ya se, ya se...
-Pues lamentablemente si señora, la muerte venía por la otra calle.
 
alqutun,18.12.2002
Era muy difícil , amiga Kristal, pero has sabido resolverlo de una forma ingeniosa.
 
moebiux,18.12.2002
Felicidades Krystal, a mí lo único que se me ocurría era "Dos por tres calles, son seis"... Lamentable chiste, ya lo creo! Pero con tu cuento has sabido superar el reto... (qué envidiaaaa! jajaja)
 
CorinTorrado,19.12.2002
Moebiux, a mi se me ha ocurrido lo mismo de "Dos por tres calles, son seis"...
Bueno alqutun, acepté el reto y aqui va, luego de casi desquiciarme. Pero que lindo cuando finalmente las palabras fluyen dándole vida a un cuento... como en un parto. He aqui mi pujo:


En la primera de las seis calles intrínsecamente operativas trabajaba Delaila. Escote obsceno, pelo rizo poco peinado, mucha colonia barata, mucho lápiz labial, pantalones tan cortitos que desbordaba las nalgas. Llevaba once años de profesión. Había tenido sus altas y sus bajas, abortos y partos, piojos genitales y hasta hepatitis c. Y lo mas disgustante para ella había sido aquella vez en que el cliente, haciéndose pasar de muy saludable, le había destrozado los labios vaginales con una viruela loca sin anunciar. Pero por lo demás hacía buen dinero, y ya hasta su hijo tenía nietos. Nietos que a veces la iban a ver llevándole regalos y preguntándole su oficio el cual ella encubría mintiendo sobre cuido de jardines ajenos y limpieza de casas de ricos. “Por eso me sobre tanto el dinero. Tengan, vayan a comprarse una muñeca y un carrito. Los amo tanto a los dos.” En la segunda de las seis calles hacía guardia Lidia, tratando de esconder la joroba que le había dejado el último chiflado de esos tormentosos que se dedicaban ahora a la nueva tendencia del masoquismo. Se había acordado de al menos robarle el látigo, que era de cuero y seguramente valía un raudal. Lidia había entrado en el país como indocumentada, soñando con sueños decentes de una familia y una vida de amor, pero se había dado dura contra la realidad del pago de alimentos, techo, algunos lujos y otras cositas más. De esto habían pasado tres años pero ya finalmente se había hecho a la idea de que así terminarían sus días de admonición. Tere paseaba de arriba abajo la tercera calle, aun desconociendo si era hombre o mujer, porque ni ella misma estaba al corriente, pues aquel defecto de nacimiento parecía haber sido concebido en el más profundo secreto. En su casa nunca se había discutido, y al llegar a la universidad y verse frente a un grupo de estudiantes con el que compartía la residencia, nunca supo si se advertía mejor entre las hembras o entre los machos. Y se había volcado experimentando con ambos. Claro, la mayoría de ellos luego de la primera vez de darse cuenta de aquel desastre biológico, entregaba las armas y se despedía por siempre, pero de los fenómenos que al final le quedaron, quienes en un principio le ofrecieron ayuda para una operación, ahora se habían convertido irremediablemente en clientes regulares, maridos de sus esposas, y hasta maridos de sus maridos sin denodada selección. Así que ya hacía mucho tiempo que Tere había desistido de definirse, él o ella misma, su propia sexualidad, y cobraba lo que ganaba a su suerte, dándole la sorpresa a sus clientes, que a veces se congelaban pasmosamente disgustados y en otras ocasiones no podían creer su buena fortuna ante aquella dualidad. La cuarta calle era la de la Nena, una chiquilla que aseguraba que su matriz infantil era suficiente desquicio para cualquier padrote, porque al tener aquella anomalía lograba en los hombres una serie de orgasmos prodigiosos imposibles de igualar. Y obtenía el mejor de los beneficios, porque al final del turno, y con la próxima sesión regresaba a ser “virgen”, se le encogía la pelvis otra vez. Pedro alias “La Bonita” redoblaba la quinta calle y su clientela, aunque exclusiva también era bastante corriente, porque la mayoría de estos hombres “dizque no homosexuales”, tenían a sus esposas en el hogar que les esperaban para en conjunto redactar las tareas estudiantiles de los hijos. A Pedro no le remordía nada, excepto en una ocasión que se había enamorado de uno de aquellos compradores regulares. Pero este, por supuesto, no había correspondido sus afectos, así que Pedro intentando un nuevo suicidio se había lanzado de un piso 6. Y por milagro no se había matado, aunque había pasado muchos días en el hospital y ahora carecía de un brazo. Finalmente el Nene daba guardias al sexto callejón. Era el más bello y carismático de todos, y servía a la demografía mujeril. Su total desenvolvimiento con el sexo femenino lo convertía en experto amador, prodigador de placeres innombrables. En adición hacía lo suyo con mucho empeño y era muy mañoso, pues donde ponía el ojo, ponía lo otro, convirtiéndolo en un caso poco clásico, pues era él quien con frecuencia escogía su clientela que en la mayoría de las ocasiones no se encontraba buscando dicha faena.
Al final del turno colectivo, el chulo proxeneta propietario de aquellas almas, pasó en la camioneta a recogerlos. Después de conducir doce millas detuvo el vehículo y les habló:
—Ahora nos moveremos por turnos y un poco más aislados. Ustedes dos trabajen ahora estas tres calles. Tere y Pedro trabajen esas tres. Y Lidia estará con el Nene bajando esas últimas tres. Esta noche la terminará cada dúo de a dos por tres calles.
El macarro mediador se despidió de todos no sin antes darles a cada cual un beso amoroso en los labios.

“El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar.”
Ortega y Gasset

 
rnahimla,20.12.2002
-Está bien te daré 2 por tres calles
-¿Dos? A mí me costaron mucho más, venga, sólo Príncipe Pío vale más de 10, en Gran Vía incluso construí un hotel y si alguien cae en Vallehermoso tendrá que pagarte 12...
-Sólo te daré 2
-Es inútil regatear contigo, me rindo, tu ganas, mañana jugaremos al parchís y te daré una buena paliza, y ahora vete a la cama, enano, mañana tienes clase
-Jo, mami, siempre que estoy a punto de ganar, me mandas a la cama, eres una tramposa, ¡así no juego!
 
alqutun,20.12.2002
Interesante solución al enigma amiga rnahimla. Nunca se me hubiera ocurrido el "monopoly"
 
azael,21.12.2002
El mío está en mi lista
 
Anacecilia,22.12.2002





“Dos por tres calles”




Dos por tres, mis ansias se escapan por el medio de tus calles, como una paloma herida que conforta alejamientos. Te asomas entre los habitantes de mi vida, que comulgan un mismo sentir; pero no estas, y mis palabras se esfuman lentamente en el territorio de las sombras, para bañarse de ti. Y cuando creo verte, dos por tres calles, desapareces de las pupilas intactas, para perderte en la inmensidad de mi universo.

Ana Cecilia.

 
AveCesar,23.12.2002
“A través de una caja firmemente cerrada, un hombre pasa despacio un brazo y luego el otro y jamás los dos al mismo tiempo”
Me dije casi en voz alta aunque hablaba para adentro.
Supuse que el reloj de la habitación estaba allí para autorizarme la salida, pero en un marasmo de dudas no supe muy bien qué hacer. Repentinamente caminé dos pasos y ya estaba en la calle. La caja estaba tan cerrada como la cabeza sobre mis hombros, igualmente pasé los brazos de a uno. Nadie se dio cuenta al parecer, a esa altura de las circunstancias, estaba robándome el periódico. Dos por tres calles y perdía la cuenta pero llevaba el diario arrollado debajo del brazo
Ocultándome de las miradas de nadie, bajé presuroso las escaleras hacia el subte. El vagabundo de todas las mañanas estaba allí, medio desnudo, medio dormido y mal comido.
Lo cubrí con las noticias del día. Agosto estaba más frío que de costumbre. Le tapé la cara con una nueva guerra en los Balcanes y parte del cuerpo con la sección de Economía, la Policial y los Servicios Personales: las putas habían bajado los precios. Le cubrí los pies con la desaparición de un niño y la advertencia de que los robaban para venderlos.
Parecía entrar en un sueño acurrucándose en el regazo de vaya a saber uno quien.
Yo, por mi parte, me llevé la miseria hasta la oficina a la misma hora de siempre dos por tres calles más allá.
(El desafío es mayor, espero haberme aproximado. Un saludo, AveCesar)
 
alqutun,08.06.2003
Los dos camioneros se habían apostado 3000 euros a ver quien era el primero que llegaba al final de la larga calle que cada uno tenía ante sí y que desembocaba en la avenida principal llamada: "El Libertador del Pueblo".
Arrancaron sus potentes motores, atronaron el aire con las bocinas y al escuchar el claxon que su amigo Clemente hizo sonar en su vehículo, arrancaron a toda velocidad rumbo al final de la calle, con tan mala fortuna que Pedro, el que corría por la calle Próceres de la Revolución, chocó con la puerta de una cochera y atravesando el garaje, arrasó a su pasó 3 coches y dos bicicletas y vino a desembocar en la calle Chorlitos parlanchines quedando empotrada la cabina en la fachada de la casa colindante.
A partir de ese día el garaje pasó a llamarse "Dos por tres calles"
 
alqutun,01.02.2004
Test
 
saladino,02.02.2004
ESTUBO GENIAL KRISTAL
 
MATEOXX,11.02.2005
DOS POR TRES CALLES ERA EL MUNDO DE NIKCOL
ERA SU SITIO DE TRABAJO
EL RETRETE DEL INFIERNO
DONDE COMERCIALIZABA CON AMOR...
 
alqutun,04.12.2005
Anímate y continúa.
 
petrodelhum,04.12.2005
-Sería mejor que cada dos por tres calles...
 
petrodelhum,04.12.2005
(es decir, que no hables, que cierre esa jeta inmunda que me tiene harto y no me saques la lengua cuando te ahorco!!!!!!)
 
El_Capitan,04.12.2005
Dos por tres calles, Pitt se había dividido. Matt y él habían quedado a las seis bajo la estatua de Nelson, pero como suele ocurrir cuando llueve el Londres, Pitt se había dividido.
Esto es un serio problema en la ciudad gris, pues siempre llueve. La cuestión es no mojarse, decía Pitt. Pero en Londres es imposible no mojarse. Calzas las botas, la gabardina y el sombrero. Poco importa, porque la humedad empieza pronto a cosquillearte los dedos.
Por eso, aquella tarde, Pitt se había dividido y llegaba desde Mall y Pall Mall. Matt se bajó del metro (temía dividirse) en Picadilly y llegó por Haymarket.
 
alqutun,05.12.2005
Muy bien capitán, curiosa historia londinense.
 
petrodelhum,05.12.2005
qué mimportáááá!!!!
 
alqutun,03.01.2007
Bien contado capitan.
 
sehait,03.02.2007
Pasabamos la primera calle, me sonreía. Pasabamos la segunda calle, me tomaba de la mano. Pasabamos la tercera calle, me besaba. Allí nos separabamos para continuar nuestra rutina. Era sólo un momento de la mañana en que caminabamos juntos. Eramos dos por tres calles.
 
sehait,03.02.2007
me gustó el del monopoly ...
 
alqutun,29.05.2007
Bonita forma de verlo. Lo has conseguido sehait, dos por tres calles.
 



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